La rivalidad estratégica entre Estados Unidos y China continúa escalando en distintos frentes, incluyendo el ámbito de la inteligencia y la seguridad nacional.
La CIA ha reforzado sus esfuerzos para obtener información clave sobre movimientos estratégicos y decisiones dentro del aparato político y militar chino.
Expertos señalan que el aumento de actividades de espionaje responde a la creciente competencia tecnológica, comercial y militar entre ambas potencias.
El contexto incluye tensiones en el mar del Sur de China y diferencias sobre la situación de Taiwán, temas que incrementan la sensibilidad diplomática.
Desde Beijing, las autoridades han condenado cualquier intento de interferencia extranjera en asuntos internos y han prometido fortalecer sus mecanismos de contrainteligencia.
La competencia también se refleja en la carrera por el liderazgo en inteligencia artificial, semiconductores y tecnología de defensa avanzada.
Analistas comparan el momento actual con una nueva etapa de confrontación estratégica similar a una guerra fría moderna.
Las alianzas regionales en Asia y el Pacífico juegan un papel clave en el equilibrio de poder entre Washington y Pekín.
Las acciones en el ámbito de inteligencia pueden tener repercusiones directas en las relaciones diplomáticas y comerciales.
El escenario global sugiere que la competencia entre ambas potencias seguirá definiendo gran parte de la política internacional en los próximos años.