Revisé ayer por la mañana, en un primer vistazo, el documento “Principales cifras del Sistema Educativo Nacional 2024-2025”, elaborado por la Dirección General de Planeación, Programación y Estadística Educativa, de la Secretaría de Educación Pública (SEP), del gobierno federal. (Primera edición electrónica, septiembre de 2025).
Encontré información interesante en el documento no solamente sobre los números del sistema escolar mexicano, desde una miranda estadística, sino también veo que la información es interesante debido a algunos conceptos que aparecen en la publicación digital y que son de interés público.
Por ejemplo, en la narrativa oficial ya no se habla de “deserción escolar”, porque hoy se reconoce que esa categoría no es afortunada ni precisa, y que en su lugar se ha colocado el término “abandono escolar”, definido en el documento como: “Número de alumnos que dejan la escuela en el ciclo escolar, por cada 100 alumnos que se matricularon al inicio de cursos de ese mismo nivel o tipo educativo.”
En relación con las cifras más importantes que aparecen publicadas sobre el estado que guarda el sistema educativo mexicano, lo más destacado, según una interpretación propia, es lo siguiente: el estancamiento de la cobertura escolar en la educación preescolar; la disminución de la matrícula en educación primaria; el modelo del tránsito escolar; el sostenimiento público de la educación formal; y las señales, cada día más evidentes, acerca de la paulatina privatización de la educación superior durante los últimos años en nuestro país.
En el documento se define a la “cobertura” como: “(tasa bruta de escolarización): número total de alumnos en un nivel o tipo educativo al inicio del ciclo escolar, por cada 100 personas del grupo de población con la edad reglamentaria para cursar ese nivel o tipo. Se denomina cobertura total cuando se considera la matrícula escolarizada y no escolarizada.”
Para el caso de la educación preescolar, México todavía tiene serios problemas de cobertura, a lo que llamo “estancamiento”, lo cual puede interpretarse como un serio incumplimiento del carácter universal y obligatorio que tiene o debe tener ese nivel educativo, de acuerdo con las reformas legales de 2001-2003.
Las cifras de cobertura de la educación preescolar al término del ciclo escolar 2024-2025, son las siguientes: la cobertura nacional, promedio, de educación preescolar para niñas y niños de 3 años es de 44.4%; la atención para niñas y niños de 4 años es de 76.6%; y la cobertura de niñas y niños de 5 años es de 69.9% del total de la población nacional que tiene esa edad. La tasa neta de escolarización (3 a 5 años) es de 63.6%.
Aunque parezca obvio, cabe anotar que hay algunas entidades federativas que se encuentran por abajo del promedio nacional de cobertura en este nivel educativo, de preescolar, lo cual debería ser un signo de preocupación. ¿Cómo puede avanzar una nación, en términos educativos y culturales, si no se atienden adecuadamente y en este periodo educativo esencial, crítico, a las infancias desde sus primeros años de vida?
En educación primaria se registra una disminución reciente de la matrícula, puesto que en el ciclo escolar 2022-2023 había 13 millones 345,969 alumnos; en el ciclo 2023-2024 se contabilizaron 13 millones 154,354; y para el ciclo escolar anterior al actual, es decir, el 2024-2025, el total de alumnos fue de 12 millones 838,201 ¿Esta disminución de la matrícula nacional de educación primaria, y de otros niveles de educación básica como preescolar, se debe a la disminución de las tasas de natalidad de las últimas dos décadas en México?
En otra sección del documento, donde se muestra un modelo de tránsito escolar en el sistema educativo (p. 16), se indica que de cada 100 estudiantes que ingresan a educación primaria, sólo 93 ingresan a educación secundaria; de éstos, 88 ingresan a nivel de bachillerato (diversas modalidades); y de éstos 49 estudiantes ingresan a nivel de licenciatura, de los cuales sólo egresan o concluyen sus estudios sólo 32 alumnas y alumnos. ¿Existe un plan para dar seguimiento y atención a las y los estudiantes que abandonan la escuela?
En lo que respecta al sostenimiento público de la educación primaria, este nivel registra un 89.6% del total nacional; en secundaria se registra un 89.8% de sostenimiento público; en el nivel de educación media superior o bachillerato, el sostenimiento público alcanza un 85%; mientras que en educación superior sólo el 61.9% de los servicios educativos cuenta con dicho tipo de sostenimiento público, en todo el país. Esto último representa un punto a revisar acerca de la paulatina privatización de la educación superior en México.
Finalmente, en la parte del glosario y las definiciones conceptuales que contiene el documento, me parece que la idea de “docente” que presentan las y los funcionarios y equipos técnicos de la SEP en dicha sección es pobre, sesgada, inconsistente y escasamente alineada con el marco normativo actual del derecho a la educación en México (Art. 3º. Constitucional y Ley General de Educación).
Veamos la definición publicada en el documento de referencia: “Docente: Es la persona que estimula, potencia, conduce o facilita el proceso de construcción de saberes (conocimientos, habilidades, valores, actitudes y emociones) entre el alumnado, a partir de un programa de estudio específico.”
En dicha definición (de la y el docente) no aparece ninguna referencia ni mención al carácter que tiene como “agente fundamental del proceso educativo… Y su contribución a la transformación social”, principios que se establecen en el marco legal vigente. Para sostener lo anterior, esto se señala textual y actualmente en el Art. 3º. de la Constitución: “Las maestras y los maestros son agentes fundamentales del proceso educativo y, por tanto, se reconoce su contribución a la trasformación social.”
Por si fuera poco, la Ley General de Educación (reformada en 2019), en su Art. 14, fracción III, establece que se deben considerar, entre otras, las siguientes acciones: “Revalorizar a las maestras y los maestros como agentes fundamentales del proceso educativo, profesionales de la formación y del aprendizaje con una amplia visión pedagógica”.
Las cifras, los conceptos y su narrativa constituyen herramientas clave para consolidar las políticas públicas educativas, de ello no hay duda; sin embargo, éstos no son piezas neutrales ni despojadas de una visión ideológica y de Estado sobre el papel que juega la educación en una sociedad democrática.