La vida de los muertos consiste en hallarse presentes en el espíritu de los vivos. Camelot.
Caminaba azorado, con la mirada fija viendo los productos de una de esas tiendas gigantes que se encuentran en la franja de Veracruz y Boca del Río, una que tiene nombre de coscorrón, para no enredarlos mucho. Iba por una bagatela cuando en el área de libros, que tiran y extienden sobre una mesa como se tira un pañuelo al río, vi a ella, a la más bella de las mujeres, la que se volvió una leyenda a través de los años, la eterna Marilyn Monroe. Archivos inéditos, se llama el mamotreto que en pasta negra hacia que su piel blanca asomara como las nubes en tiempos tempestuosos (ando medio poeta) Lo vi, lo tuve entre mis manos, lo palpé y pensé me costaría unos seiscientos o más pesos mexicanos. No, para mi sorpresa estaba a ciento veinte y pico y lo metí al carrito donde va uno reuniendo las compras. Al hojearlo en casa más noche, un libro fotográfico de 383 fotos inéditas, la volví a redescubrir, esa mujer que enamoró a los dos Kennedys, unos políticos de la saga bostoniana que se la pasaron de mano en mano, de beso en beso y de cama en cama, como dos buenos hermanos que compartían emociones y carne. Bella como nadie. El icono que nos sirvió en nuestra juventud para despertar nuestra lujuria, apenas descubierta. El calendario de los talleres mecánicos. Hice mi buena compra. Fotos con todos, con el beisbolista Joe Di Maggio, el esposo, eterno bateador jonronero de los legendarios Yankees de Nueva York, con Clark Gable, con Truman Capote, que la quiso para Desayuno en Tiffany, papel que cayó en manos de Audrey Hepburn, lo que le valió ser nominada al Oscar. Con Cary Grant, con el cantante Sinatra, con el dramaturgo Arthur Miller, el que más la amó. Aquella inmortal que presumió: “Soy mucho mas que una cara bonita”. Y lo era, el tiempo juzgó sus cintas como buena actriz.
AQUEL 23 DE MARZO
Se cumplirán 32 años del cruel asesinato de Luís Donaldo Colosio. ¿Qué ha pasado desde entonces? Muchas cosas. La 4T quiso encontrar otro Mario Aburto, pero ya no se pudo, era pura política barata. Alguna vez anduve y andé por ese sitio maligno. En el aeropuerto de Tijuana, el vuelo de regreso a México tenía demora de unas dos horas. Aproveché, cogí un taxi y me hice una tour a esa colonia paupérrima y pobre, que tiene nombres de toreros, de allí lo de Lomas Taurinas. Era poco después de aquel 1994, unos dos o tres años, no lo recuerdo muy bien. Desciende uno una colina, eran asentamientos muy irregulares que el sistema fue regularizando. Cuando la vi la encontré cambiada. Se pavimentó buena parte de la arteria para autos. Una estatua con el brazo izquierdo levantado de Luís Donaldo, y su nombre, enmarcan el lugar donde fue abatido por un macuarro desadaptado. Pocos son los que recuerdan que, a la hora de ser baleado en la cabeza, fue llevado por su ineficiente equipo de seguridad a una camioneta Blazer que lo transportaba. Juan Maldonado Pereda, político veracruzano, era el delegado del PRI en aquel día incierto y nebuloso y trágico. En un libro leí que Juan se subió a la camioneta en la parte trasera, allí depositaron moribundo a Colosio. Maldonado tuvo que apearse porque el candidato tendría que ir tendido. Se bajó con la ropa manchada de sangre de Colosio. La historia es muy conocida. Llegó y murió y México ya no fue el mismo desde ese 23 de marzo que no se olvida. Quise recordarlo.
La entrada LA ETERNA MARILYN se publicó primero en La Chispa.