“We live in a world where there is more and more information, and less and less meaning.”
Jean Baudrillard
El término “infodemia” nació para describir la sobreabundancia de información en tiempos de crisis. Demasiados datos, demasiadas versiones, demasiada confusión. Una epidemia informativa. Pues bien, en México decidieron institucionalizarla.
El engendro llamado Infodemia, creado por Jenaro Villamil desde el Sistema Público de Radiodifusión, no combate la desinformación; la administra. La produce. La dosifica. Y, cuando se le desborda, la niega con la misma soltura con la que antes la fabricó. La ironía no es un accidente; es el modelo.
Porque lo que debía ser un filtro contra la mentira terminó convertido en su principal maquiladora institucional. Una fábrica de “verdades oficiales” que no resisten ni el primer contacto con la realidad, pero que cumplen su función: confundir, desacreditar y, sobre todo, disciplinar.
El episodio de la mujer tomando el sol en Palacio Nacional es, en apariencia, trivial. Una escena menor. Un detalle doméstico en el corazón del poder.
Pero bastó eso —una asoleada— para activar toda la maquinaria del Estado.
Desde Infodemia se apresuraron a dictaminar: inteligencia artificial. Falso. Manipulado. Mentira. Y detrás, como siempre, el coro bien afinado de bots, voceros y creyentes profesionales, repitiendo la línea oficial con la fe de quien no necesita pruebas, sino instrucciones.
El problema no fue el error. El problema fue el reflejo.
Negar primero. Verificar después. Y, si la realidad se impone, ofrecer una disculpa a medias, sin responsables, sin consecuencias, sin vergüenza.
Una disculpa burocrática, de esas que no corrigen nada porque no reconocen nada.
¿Y los señalados? ¿Los acusados de mentir? ¿Los que fueron linchados digitalmente por replicar un video real? Para ellos no hubo reparación. Ni mención. Ni siquiera un gesto.
La verdad, en este sistema, no se restituye. Se archiva.
Por eso el asunto importa. No por la mujer al sol, sino por el mecanismo: si así reaccionan para tapar una escena irrelevante, ¿qué no harán cuando lo que esté en juego sea un escándalo real? ¿Un derrame de petróleo? ¿Un acto de corrupción? ¿Una crisis que no se pueda maquillar con narrativa?
La respuesta ya la conocemos: exactamente lo mismo, pero con más recursos.
Porque Infodemia no es un error de diseño. Es una herramienta de control. Un ariete institucional disfrazado de verificador, cuya verdadera función no es informar, sino marcar la línea entre lo que puede decirse y lo que debe desacreditarse.
Y en ese juego, Jenaro Villamil no es un espectador. Es el operador. No va a renunciar. No mientras el cargo le garantice más de 116 mil pesos mensuales y la posibilidad de ejercer poder desde la narrativa. En la 4T, el control del relato no es accesorio: es estructural.
Por eso la ecuación se invirtió. Lo que se vendió como “combatir noticias falsas con información verificada” terminó siendo exactamente lo contrario: acelerar noticias falsas para contaminar la información verificable. Saturar. Confundir. Diluir.
Convertir la mentira en paisaje.
Y cuando todo es dudoso, nada es comprobable. Ese es el verdadero triunfo de la infodemia institucional: no imponer una versión, sino erosionar la posibilidad misma de verdad.
El remate, por supuesto, fue involuntario. Quien terminó desmintiendo la versión oficial fue la propia presidenta. Otra vez. Corrigiendo a su propio aparato. Exhibiendo, sin querer, la precariedad de un sistema que presume control… pero ni siquiera coordina sus mentiras.
¿No se cansan de dejarla en ridículo? Se supone que están para sostener relato, no para obligarla a salir a enmendarlo.
Pero así funciona esto: el aparato desinforma, la realidad corrige y el poder finge que nada pasó.
Hasta la siguiente “verdad oficial”.
Giro de la perinola
¿Alguien le va a pedir disculpas a Vampipe? Porque para lincharlo sí hubo coordinación; para resarcirlo, silencio administrativo.
¿Confirmarán finalmente quién tomaba el sol? ¿O también ese dato quedará clasificado como “verdad incómoda”?
Según lo publicado, se trataría de Florencia Franco Fernández, cercana a la estructura de Hacienda y vinculada a Gabriel Yorio. En la 4T, como en las viejas tradiciones, el poder también se hereda por proximidad.
Y ya entrados en formalidades: ¿tomar el sol en horario laboral amerita sanción o solo narrativa? Porque igual y ese era el verdadero delito: no el ocio… sino haber sido vista.