Corea del Sur importa el 93% de su energía. Por la crisis en el Estrecho de Ormuz, su gobierno ha activado un plan de emergencia energética. Como la noche es el periodo de mayor saturación de la red eléctrica, para evitar apagones se ha prohibido la carga nocturna de autos eléctricos y dispositivos móviles. Hacerlo durante el día tiene la ventaja, allá, de aprovechar el excedente de sus parques solares.
Otra exigencia es racionar el agua caliente. Los regaderazos largos ya eran inaceptables: se bañaba la gente en cinco minutos; ahora se ducharán en solo tres. También se pide no solo apagar aparatos, sino de plano desenchufar de la pared cargadores aunque no se estén usando. En México la regadera suele ser un SPA personal. Y nadie entiende la necesidad de la desconexión radical de todo lo eléctrico o electrónico que no esté en uso, incluyendo el desenchufe de cargadores. Los de celulares, laptops e impresoras consumen energía aunque no estén conectados a sus aparatos. Es un minúsculo esfuerzo que puede lograr ahorros significativos.
Costará trabajo hacer entender a la gente que la regadera no es un SPA. Nos encanta usar el chorro de agua caliente para el autocachondeo, pero es criminal energéticamente hablando. Al ducharnos, reducir el tiempo a la mitad salvará miles de litros de agua y, sobre todo, se ahorrará el carísimo gas que México importa. Podríamos además bajarle a la temperatura del agua. Un poco de frío en la regadera no matará a nadie.
¿Qué tiene que ver el SPA de la regadera con el columnista Riva Palacio?
Ayer se le preguntó a la presidenta Claudia Sheinbaum su opinión sobre una tesis absurda del columnista Raymundo Riva Palacio. La presidenta respondió con humor: “Ese señor no es periodista, es escritor de ciencia ficción. No tiene nada que ver con el periodismo, nada, nada, nada, nada, nada”.
“Cada día dice una cantidad de mentiras en sus columnas… ¿De dónde saca lo que dice? ¿Qué pruebas tiene? Él y otros. Hay unos que dicen: ‘la presidenta de la república se reunió ayer…’. Aquella vez que dijeron que había ido a la Secretaría de Gobernación porque me había visto en el estacionamiento con López Obrador, porque me estaba soplando al oído qué es lo que tenía que hacer. O algunas otras: ‘el día de ayer se reunió con su gabinete. Y su gabinete le dijo que no estaba de acuerdo con el Plan B’. ¿Cuándo? ¿A qué horas? ¿En dónde?”.
Riva Palacio inventó hoy, “inventó ayer, inventó antier, inventó antes… Espero que no le haga caso nadie. Algunos lo leen porque toman de ahí su información para escribir otra columna, es su fuente de información”.
“Por cierto, ayer vi una cosa que mandó mi esposo. Cómo la inteligencia artificial crea bots y crea otra serie de bots de inteligencia artificial, y se pelean en la red: bots contra bots. Es el invento del invento, el invento de un debate sin fundamento”.
El invento del invento —tomar las mentiras de Riva Palacio como fuente para otras mentiras—. Este periodismo surrealista surgió en México cuando los medios, sus principales columnistas y los más famosos conductores de noticieros de radio y TV, dejaron de recibir los enormes beneficios de los que gozaron en los gobiernos del PRI y del PAN.
Hay gente que se cree los inventos de los inventos. Ocurre por lo que un economista, Herbert A. Simon, llamaría la pobreza de atención. Se genera tanta información, alguna buena pero la mayoría falsa, que resulta imposible concentrarse en lo que sí es verdad para refutar la mentira.
Para llamar la atención, columnistas como Riva Palacio, Carlos Loret, Mario Maldonado, Salvador García Soto y otros generan inventos y se retroalimentan con sus fábulas los unos a los otros. La realidad no los modera: como es el gran estorbo en la creación de cuentos, la ignoran y ya.
La presidenta Sheinbaum, ante ese periodismo ficción, ha pasado del asombro a la risa sin detenerse en el enojo. El economista Herbert Simon lo explicaría diciendo que es así porque la abundancia de información crea la pobreza de la atención, que solo se supera descalificando con humor a los fabuladores.
Es tanto lo que dan a conocer medios y redes sociales que los columnistas inventan lo más disparatado que se les ocurre para captar la distraída atención del público. Es como dejar la regadera abierta más de media hora con agua caliente al máximo, pero en vez de desperdiciar gas comprado en EEUU, lo que se tira a la basura es energía mental colectiva en un proceso que no informa verdades, que solo aturde. No es que la gente les crea a tales columnistas, pero por escandalosos no dejan ver lo importante.
Las merecidas críticas de la presidenta Sheinbaum dirigidas a Riva Palacio son la reacción natural de quien ha visto tantas veces el descaro periodístico, que sabe que continuará hasta el infinito mientras editores y propietarios de empresas mediáticas lo permitan. La presidenta, mujer educada, no lo diría de esta manera; son mis palabras: si un perro se orina y ladra enloquecido en el Palacio de Hierro a la hora de más clientela, la culpa de las culpas —la culpa final, diría Tomás de Aquino— no es del perro, sino del dueño que lo saca a pasear consciente de que el animal no está educado.
Así como deben desenchufarse los aparatos que no se usen, hay que desconectar a tales periodistas. El diagnóstico con humor de Sheinbaum —“ese señor es escritor de ciencia ficción”— es un ejercicio de desconexión de los textos que nada aportan al debate relevante.
La presidenta lo que sugiere es no gastar demasiada atención en analizar lo que no tiene fundamento. Es el equivalente a bajar la temperatura del agua en la regadera. Ante la falsedad, si no hay sustancia, no hay por qué calentar el debate. Deberían entender el mensaje quienes dirigen los medios: ¿se dan cuenta del prestigio que pierden cuando sacan a sus mascotas a pasear y estas se hacen pipí en el aparador de Tiffany?
La mención que hace la presidenta Sheinbaum de los bots de inteligencia artificial peleando entre ellos es la economía de la atención llevada al absurdo: máquinas diseñadas para capturar la atención de otras máquinas, creando un ruido atroz que no informa a ninguna persona de carne y hueso. Si el periodismo mentiroso ya era terrible, la IA mal utilizada es una plaga de sanguijuelas digitales que chupan energía social.
Por fortuna, mientras los bots se pelean en sus redes sociales y los columnistas se entregan al periodismo ficción, México avanza gracias en gran medida a que, desde las mañaneras, se combate a las falsedades que distraen a su sociedad. Más se avanzará cuando entendamos que así como debemos desconectar los aparatos que no se estén utilizando, hay que desconectar al columnismo poco serio.
Debemos combatir al SPA que es buena parte del periodismo mexicano —en el que las mentiras de un columnista cachondean el narcisismo de un colega que, generoso, devuelve el gesto valiéndose de nuevas falsedades para masajear el ego inflado del inventor original—.
Si una noticia no tiene fuente ni fundamento, hay que desmentirla, pero sin prestarle demasiada atención. En términos del debate nacional, la atención es el recurso más escaso. Con el mínimo de atención debemos reírnos del periodismo ficción, como lo hizo ayer la presidenta, casi sin proponérselo.
Lo importante es cuidar la verdad. Sheinbaum, en la próxima, podría parafrasear a Henry David Thoreau: “Un pueblo es rico en proporción a la cantidad de ficción periodística de la que puede prescindir”.