Eran unos Oscar de photo finish y la última zancada fue de Una batalla tras otra. La película de Paul Thomas Anderson gana la guerra con seis Oscar por delante de Los pecadores, de Ryan Coogler, que suma cuatro premios en una gala en la que Sirat se fue de vacío y a la que Javier Bardem salvó de la tibieza reivindicativa general.
Anderson, autor de una sátira de acción que esconde una invocación a la lucha, tuvo palabras de agradecimiento para el mítico y esquivo novelista Thomas Pynchon, origen de su película, y, por todo mensaje, deseó un futuro mejor para los nuevas generaciones: “Siento este desastre de mundo que les dejamos, pero espero que sean la generación que pueda aportar algo de decencia».

El llamamiento a la revolución de Una batalla tras otra, que es una crítica abierta a las políticas antimigratorias, tuvo poco eco en la gala. Con el mundo literalmente en llamas y el gobierno de EE.UU. enfrentado al exterior y al interior, los Oscar, y su presentador Conan O’Brien prefirieron centrarse en ser solo unos premios. Jimmy Kimmel, expresentador de la gala, sí recordó en su breve intervención el despido temporal que sufrió después de que Trump pidiese su cabeza. Y los ganadores del mejor documental, Mr. Nobody Against Putin, pidieron»parar todas las guerras». Pero poco más.
El gesto más contundente, de hecho, fue el de Javier Bardem, entregador del Oscar a mejor película internacional, que ya portaba el histórico lema de ‘No a la guerra’ de los Goya de 2003 en la alfombra roja. Y, ya durante la ceremonia, fue breve, directo, claro y más valiente que ningún otro presente en la ceremonia. «No a la guerra y Palestina libre».
La aparente contradicción dejó una sensación de extrañeza en la que es, en resumen, la noche de un resarcimiento de la Academia de Hollywood con Paul Thomas Anderson. El autor de Magnolia, Pozos de ambición, El hilo invisible o Licorice Pizza gana tres Oscar de una tacada (guion, dirección y película, a los que se añaden los de dirección de reparto, actor de reparto y montaje) y sintoniza su prestigio con unos premios que le habían ignorado sistemáticamente.
Michael B. Jordan y Jessie Buckley, mejores intérpretes
Michael B. Jordan, o lo que es lo mismo, los dos gemelos gangsters de Los pecadores, ha ganado el Oscar a mejor actor imponiéndose al otro favorito, Timothée Chalamet, al que todavía le queda el consuelo de su juventud tras su tercera nominación fallida. Los pecadores salieron felices con la victoria también de mejor guion para Ryan Coogler, mejor fotografía y mejor banda sonora.
Y Jessie Buckley, por sufrir el duelo de un hijo, el de Anne Hathaway y William Shakespeare en Hamnet ha confirmado que era la gran favorita para el Oscar mejor actriz, un premio tan esperado como sorprendente ha sido el de mejor actriz secundaria: Amy Madigan, por Weapons, fue la risa incontrolable de la noche. No era la favorita y se cumplían 40 años de su anterior nominación (Dos veces en la vida).
La gran ausencia de la gala, la de Sean Penn, ganador del mejor actor secundario por Una batalla tras otra, donde interpreta un aberrante policía fascista. Penn no estaba ni se le esperaba, y el entregador, Kieran Culkin, se limitó a enseñar graciosamente el sobre a cámara, esperando que alguien envíe la estatuilla junto a las otras que atesora Penn: Mystic River (2003) y Milk (2008).
el Dolby Theatre de Los Ángeles se vistió de gala para recibir la 98ª edición de los Premios Oscar, una ceremonia que trajo grandes sorpresas, discursos memorables y momentos que quedarán grabados en la historia de Hollywood. El evento contó, por segundo año consecutivo, con la conducción del comediante Conan O’Brien, y también tuvo como presentadores invitados a figuras de primer nivel como Anne Hathaway, Pedro Pascal y Zendaya.
El momento cumbre de la noche fue cuando se anunció a ‘Una batalla tras otra’ como la mejor película, mientras que el cineasta Paul Thomas Anderson gana su primer Oscar como mejor director por el mismo filme. Acá revisa la lista completa de ganadores de los premios de la Academia.