La idea de estas cartas, evidentemente inventadas, me vino a la cabeza tras enterarme del dream team de Hollywood que participa en un documental, próximo a estrenarse, sobre el extraordinario naturalista —hoy sería ambientalista— que rechazó aquella guerra de Estados Unidos contra México.
Me baso en un reportaje de The Guardian: ‘Su perspectiva es muy relevante: las grandes estrellas que traen de vuelta a Henry David Thoreau a la pantalla’.
El texto destaca el estreno del ambicioso documental de PBS en tres partes sobre el brillante pensador y escritor estadounidense que encarnó la desobediencia civil como ética personal, el amor radical por la naturaleza y una crítica moral al poder político.
Si algo eleva este proyecto a un evento cultural de primer orden es su impresionante reparto de voces, un verdadero dream team de Hollywood: George Clooney presta su voz como narrador, y guía al espectador por la vida del autor; Jeff Goldblum asume el papel de Thoreau, quien así da vida a sus diarios y ensayos; mientras que Meryl Streep, Ted Danson y Tate Donovan completan el elenco interpretando a figuras clave, una de ellas el eminente Ralph Waldo Emerson.
El documental, producido por Ken Burns y dirigido por los hermanos Ewers, busca rescatar a Thoreau para presentarlo como un profeta cuya perspectiva es más que urgente en nuestra época de crisis climática, agresiones geopolíticas y ruido digital.
Es vital recordar un punto que el reportaje de The Guardian menciona solo de pasada: el nacimiento de la desobediencia civil está intrínsecamente ligado a México. En 1846, Thoreau se negó a pagar sus impuestos y pasó una noche en la cárcel como protesta activa contra la intervención estadounidense en nuestro país.
Para Thoreau, esa guerra no era solo un conflicto territorial, sino una maniobra inmoral para expandir la esclavitud. Su arresto fue una declaración de amor a la humanidad: una persona justa no puede financiar una maquinaria estatal que atropella la soberanía de otro pueblo.
De aquella celda surgió el ensayo filosófica que inspiraría a Gandhi y a Martin Luther King Jr, y más recientemente, en México, al movimiento de izquierda que recurrió a la desobediencia civil en aquel plantón en Paseo de la Reforma y el Zócalo, después del fraude electoral de 2006. Una de las grandes desobedientes, al lado de AMLO, fue la hoy presidenta Claudia Sheinbaum.
Thoreau fue, ante todo, un naturalista; cuidar el medio ambiente era su religión. Entre 1845 y 1847 vivió en una cabaña que él mismo construyó en Walden, un pequeño lago, más bien un estanque, en Massachusetts. No se aisló para escapar del mundo, sino para observarlo lejos de lo superfluo, concentrándose en lo esencial: la naturaleza, el tiempo y la conciencia.
Practicaba Thoreau lo que hoy llamaríamos fenología: llevaba registros precisos sobre la floración, las aves migratorias y el espesor del hielo. Científicos modernos han utilizado sus notas para estudiar el cambio climático. Para él, la naturaleza era no una fuente de materias primas, sino un lenguaje divino. Estaba convencido de que en la vida silvestre está la preservación del mundo.
Carta de Thoreau a Donald Trump
Señor presidente:
Usted habla de intervenir en tierras mexicanas con la ligereza de quien mueve fichas en un juego de dominó. Permítame recordarle lo que su lógica prefiere olvidar: la conciencia no se rinde ante los ejércitos; nunca ha sido así. Si a su nación, que es la mía —¡es la nuestra!—, le ha resultado costosísimo pelear en los desiertos distantes de Irán, sepa que enemistarse con su principal socio comercial le resultará todavía peor.
Hay mucha dignidad en el poder ejecutivo mexicano. Usted conoce a Claudia Sheinbaum; es una mujer de estilo de vida sencillo que, desde muy joven, ha convivido con los pueblos originarios de México. Conoce la virtud de rechazar los excesos materiales para observar lo fundamental. Es firme y no permitirá que usted actúe dentro del territorio mexicano con tropas, drones o fuerzas especiales. Solo la cooperación pacífica es aceptable; cualquier otra cosa rompería la alianza con un socio económico fundamental para EEUU.
Pero el costo de romper con México palidece ante el costo ético que la historia le cobrará. Los libros no recordarán sus edificios en la Quinta Avenida, sino su error brutal de haberse enemistado con el vecino del sur. Un hombre que busca la grandeza mediante la opresión de su prójimo siempre será un personaje menor. No es lo que usted quiere.
La verdadera fuerza de una nación y de un presidente no se mide por su capacidad de invadir, sino por su capacidad de respetar. Muchos en EEUU, como yo mismo, nos opondremos a cualquier agresión; la desobediencia es lo único éticamente aceptable ante la arbitrariedad.
Atentamente, Henry David Thoreau
Carta de Thoreau a Claudia Sheinbaum
Señora presidenta:
Estoy con usted. Si mi presidente se excede, cuente conmigo en la resistencia pacífica. Ahora bien, con el derecho moral que me da el haber estado al lado de México en tiempos aciagos del pasado —más el derecho político de haber inspirado la resistencia de la izquierda mexicana en 2006—, le suplico poner atención a un proyecto que me genera dudas enormes.
Usted conoce las sospechas que despertó en mi conciencia el ferrocarril en su momento. Dije entonces: ‘No viajamos sobre el ferrocarril; este viaja sobre nosotros’. Hoy me preocupa el ferrocarril marino de buques tanque planeado sobre las aguas del Golfo de California. Me parafraseo a mí mismo: ‘No serán buques tanque los que naveguen sobre el Mar de Cortés; será el peso muerto del proyecto Saguaro el que viaje sobre el lomo de las ballenas y el alma de los pescadores locales’.
El progreso suele ser un espejismo que nos ciega. Le admiro por vivir con lo básico, presidenta, pero le ruego que analice de nuevo ese proyecto. ¿Necesita México un gasoducto gigantesco desde Texas que tanto dañará al medio ambiente? ¿Es justo convertir un santuario marino en una autopista de gas licuado para beneficio de empresarios extranjeros? El ruido de las turbinas destruirá la bellísima música natural del canto de las ballenas, esa que inspiró a Alan Hovhaness en su obra And God Created Great Whales.
La invito a reflexionar antes de autorizar contratos que podrían ser la sentencia de un ecosistema. Antes de decidir, le pido sentarse a dialogar con la gente defensora de los océanos y viajar a solas en una panga con pescadores de Baja California Sur para observar a esas criaturas que huyen, sobre todo, cuando perciben el ruido del supuesto progreso.
Usted, Claudia, hará lo correcto, tanto si se autoriza Saguaro, como si se detiene. Yo, humildemente, solo le pido que, antes de decidir, escuche el lenguaje de los cetáceos. En la naturaleza, presidenta, está la verdadera soberanía y la mayor sabiduría.
Henry David Thoreau