Apenas adentrándonos en la inmensidad del cerro Cuchumá sentimos las explosiones en el pecho antes de escucharlas. Ocurrió mientras subíamos una colina, antes de llegar al poblado de El Manzanito.
Fueron unas cuantas detonaciones, no continuas, pero suficientes para ubicar el punto donde se realizan los trabajos de la instalación del muro fronterizo del lado estadounidense. Desde ahí, a la distancia, se levantaban columnas de humo por las detonaciones.

En esa franja intervenida se distinguen áreas removidas, donde, de acuerdo con organizaciones y pobladores de la zona, desde hace varias semanas se llevan a cabo obras para ampliar el muro fronterizo.
Al llegar a El Manzanito, residentes nos explicaron que en los últimos días comenzaron a escuchar las explosiones sin saber, en un inicio, qué estaba ocurriendo. Con el paso del tiempo identificaron que provenían del lado estadounidense.

La zona es de difícil acceso y pobladores advirtieron que existen riesgos por la presencia de grupos criminales. En el camino, un hombre se nos acercó para darnos indicaciones sobre cómo ubicar el punto desde donde se alcanza a ver el muro mientras manipulaba una navaja.
Las afectaciones en el cerro Cuchumá han sido inminentes. Entre los daños señalados se encuentra un monolito de aproximadamente 35 metros, así como zonas con valor ritual, funerario y simbólico.

El Cuchumá es uno de los sitios más significativos para el pueblo kumiai, una de las poblaciones originarias de Baja California. El cerro forma parte del territorio ancestral donde se desarrollaron sus prácticas, conocimientos y formas de organización mucho antes de la delimitación fronteriza.
Para los kumiai, la montaña, a la que también llaman Kusma, representa a un antiguo chamán. Es un espacio de conexión con sus antepasados, un lugar de aprendizaje y sanación.

Así lo describe Norma Meza Calles, integrante de la comunidad kumiai de Cañón del Álamo, quien lamenta que cada vez son más las dificultades para preservar este sitio que “es como nuestra iglesia”, dijo. “Ahí íbamos a hacer cantos, a concentrarnos, a aprender a sanar”.
También advirtió que la pérdida de personas mayores ha debilitado la transmisión de estos conocimientos, así como la capacidad de organización para defender el cerro. “Es muy triste ver que lo están desbaratando” expresó.

El cerro Cuchumá se ubica en la línea divisoria entre México y Estados Unidos, formando parte de un sistema montañoso binacional. En territorio estadounidense está inscrito en el Registro Nacional de Sitios Históricos desde 1992, mientras que en México es reconocido como patrimonio cultural inmaterial.
Desde la colina, antes de entrar al poblado, la intervención en la montaña es visible. Las detonaciones dejan ver un proceso que avanza y en ese avance se pone en riesgo un espacio clave para entender la historia, la identidad y la presencia actual del pueblo kumiai en Baja California.
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