Por Alex Barrios
Los formatos musicales han evolucionado constantemente, pero algunos de los más curiosos y entrañables están resurgiendo por su valor histórico y estético. Entre ellos destacan los flexi disc y los llamados bone records (bon récords), dos soportes que, aunque poco convencionales, forman parte importante de la cultura sonora del siglo XX.
Los flexi disc, también conocidos como discos flexibles, son un tipo de vinilo extremadamente delgado y maleable, generalmente fabricado con plástico ligero que, a diferencia de los discos tradicionales, podían doblarse sin romperse, lo que facilitaba su distribución masiva.

Suelen reproducirse a 33 ⅓ o 45 revoluciones por minuto, aunque su calidad de audio es inferior a la de un vinilo estándar debido a su material y grosor.
Este formato tuvo su auge entre las décadas de 1960 y 1980, especialmente como herramienta promocional, ya que revistas, periódicos y campañas publicitarias los utilizaban para incluir música, mensajes o incluso discursos.

En algunos países, como Japón y el Reino Unido, fueron muy populares en publicaciones dirigidas a jóvenes, donde se incluían canciones exclusivas o adelantos de artistas. Su bajo costo de producción los convirtió en una opción atractiva para la industria musical y editorial.
Además de su uso comercial, los flexi disc también tuvieron presencia en contextos culturales y políticos. En la Unión Soviética, por ejemplo, se utilizaron para distribuir música occidental de manera clandestina. Aunque en ese caso específico también se recurrió a otro formato aún más peculiar: los bone records.

Los bone records, conocidos en ruso como “roentgenizdat”, surgieron en la década de 1950 en la entonces Unión Soviética. Se trataba de grabaciones caseras realizadas sobre radigrafías recicladas, lo que les daba una apariencia única: en lugar de etiquetas o diseños convencionales, mostraban imágenes del esqueleto humano, como costillas o cráneos.
Este ingenioso método nació como respuesta a la censura estatal, que prohibía la distribución de música considerada “decadente” o influenciada por Occidente, como el jazz, el rock and roll o incluso algunos géneros populares europeos. Ante esta restricción, aficionados y entusiastas desarrollaron técnicas rudimentarias para grabar música en estas radiografías médicas desechadas, utilizando equipos improvisados.

Eso llevó a los bone records a ser un símbolo de resistencia cultural, pues a pesar de su baja fidelidad sonora y durabilidad limitada, permitieron que generaciones enteras accedieran a música prohibida, convirtiéndose en una forma de expresión alternativa frente al control gubernamental.
En la actualidad, tanto los flexi disc como los bone records son objetos de colección altamente valorados. Su rareza, historia y estética los han convertido en piezas codiciadas por melómanos y archivistas. Incluso algunos artistas contemporáneos han retomado el formato flexi disc como un guiño retro, incluyéndolos en ediciones especiales o lanzamientos limitados.
El cargo Flexi disc y bone records: formatos insólitos que marcaron la historia de la música apareció primero en NÓMADAS.