Starmer, acorralado por la revuelta laborista para que dimita

El primer ministro británico no logra convencer a los suyos después del hundimiento de su partido en las elecciones locales y decenas de diputados le piden que abandone el cargo
Starmer intenta sobrevivir agarrándose ahora al rechazo del Brexit y promete poner al Reino Unido “en el corazón de Europa”
El primer ministro británico, Keir Starmer, ha aguantado durante meses la presión, pero la de las últimas horas puede acabar con su liderazgo del partido y del país. El primer ministro británico insiste en que no se marchará, pero decenas de diputados de su grupo parlamentario han pedido su dimisión o un plan de salida este lunes, y ya han empezado las dimisiones simbólicas para empujarle. Sus propios ministros pueden pedirle a Starmer que se vaya este martes por la mañana, durante la reunión prevista de su gabinete.
Según el diario The Guardian, la ministra de Interior, Shabana Mahmood, la de Exteriores, Yvette Cooper, le han pedido ya a Starmer que considere anunciar un calendario para “una transición ordenada” y abrir un proceso para elegir sucesor de aquí a septiembre, cuando se celebrará el congreso del Partido Laborista. Los aspirantes más claros a sustituirlo son Angela Rayner, la exviceprimera ministra, Wes Streeting, el ministro de Sanidad, y Andy Burnham, el alcalde de Manchester y que ahora mismo no se puede presentar porque no es diputado, un requisito necesario para ser líder del partido. Cualquier candidato necesita el apoyo del 20% del grupo parlamentario, en este caso de 81 de los 403 diputados laboristas en la Cámara de los Comunes.
El derrumbe del Partido Laborista en las elecciones locales del 7 de mayo ha empujado a decenas de diputados a pedir la dimisión de Starmer o el anuncio de una retirada en los próximos meses para que otro líder de su partido intente gobernar el país tocado por el declive y el descontento.
El discurso
Starmer intentó este lunes convencer a los suyos con un discurso este lunes en el que prometió una vez más centrarse en ayudar a la clase trabajadora, acercarse a la UE y renacionalizar las empresas en sectores clave al borde de la quiebra. Pero las llamadas de miembros de su partido a que se aparte continuaron durante todo el día. A última hora de la tarde, ya habían salido a pedirle en público que se marchara más de 70 diputados. Los primeros habían sido los tradicionalmente más críticos con Starmer, pero a medida que transcurría el día se fueron uniendo algunos de los diputados que le habían defendido con más entusiasmo en el pasado y de todo el espectro ideológico.
Había diputados veteranos y otros más novatos, elegidos por primera vez en 2024, cuando Starmer consiguió una abrumadora mayoría para el laborismo en la Cámara de los Comunes. Pidió su dimisión hasta el diputado más joven, Sam Carling elegido por Cambridge con 22 años hace dos. “Se necesita cambio y tristemente he llegado a la conclusión de que Keir Starmer no es la persona adecuada para liderar ese cambio”, dijo Carling, en una declaración con palabras parecidas a las de otros. “Hemos hecho muchos progresos, pero si seguimos como ahora me temo que no durará”.
A última hora de la tarde, empezaron las dimisiones cercanas al Gobierno: cuatro diputados que trabajaban hasta ahora como asistentes de ministros presentaron su dimisión por la pérdida de confianza en su líder. Entre ellos, estaba el que sirve de nexo con el Parlamento para Wes Streeting, el ministro de Sanidad y uno de los potenciales rivales de Starmer para liderar el partido y el Gobierno.