Durante años, el modelo político de Morena se sostuvo de propaganda, eslogans y la difusión de una realidad alterna donde todo “va bien”, sin embargo, el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum empieza a enfrentar el desgaste inevitable de las promesas de transformación que no se cumplieron y de un proyecto que terminó atrapado en la simulación, la polarización y la negación sistemática de la realidad.
La narrativa ya no alcanza para contener el enojo de la población ni para ocultar las contradicciones de un gobierno que insiste en vender estabilidad mientras se acumulan señales de deterioro económico, financiero y social.
Desde Hacienda se repite que la economía está fuerte, que las finanzas públicas están sanas y que Pemex y CFE marchan bajo control. Es la continuidad del discurso del obradorismo: negar riesgos, minimizar problemas y culpar a “los adversarios”.
Aunque desde Palacio se intente maquillar la situación financiera de Pemex, las calificadoras internacionales envían señales de alarma que el gobierno desacredita cuando son negativas, pero presume cuando le resultan favorables.
El nivel de contradicción es tal, que las explicaciones sobre la economía reducen la desaceleración y la inflación a frases propagandísticas que insultan la inteligencia. Más aún cuando la inflación golpea el bolsillo de millones de mexicanos, el crecimiento económico es mediocre y la incertidumbre sobre inversión y empleo crece.
Energía y desconfianza
La secretaria de Energía, Luz Elena González, anunció un modelo de inversión “mixta” para atraer capital privado. El problema es confiar en un gobierno que durante años demonizó a la iniciativa privada, canceló contratos y modificó condiciones de manera unilateral.
El modelo que prometen requiere inversión privada, pero sin garantías; quieren capital, pero bajo control político; quieren desarrollo energético, pero sin competencia real y, al final, terminan por contradecir el discurso de la “soberanía energética”, en el que aseguran que la CFE tiene recursos suficientes para desarrollar por sí sola la infraestructura eléctrica del país.
Pero, tras la tercera convocatoria energética del gobierno, en la que S&P Global redujo la perspectiva de México, Pemex y CFE, inmediatamente la respuesta presidencial fue descalificar a la calificadora y repetir que “la economía va bien”.
La realidad es que México enfrenta rezagos severos en generación, transmisión y distribución eléctrica y el riesgo de apagones dejó de ser hipotético, y cuando se necesitan miles de millones de dólares en inversión, el gobierno se encuentra atrapado en una visión ideológica donde el control político pesa más que la eficiencia o la confianza.
El desgaste
Uno de los síntomas más evidentes del desgaste de la narrativa está en las calles. Todos los días aparecen protestas, bloqueos y manifestaciones que colapsan carreteras, ciudades y avenidas. Maestros, transportistas, trabajadores de la salud y ciudadanos cansados de la inseguridad, terminan por enfrentar que el gobierno que prometió escuchar al pueblo responde con descalificación, indiferencia o silencio.
No se puede ocultar la creciente tensión social ante la violencia criminal, las desapariciones o la impunidad. La corrupción que Morena prometió barrer “de arriba hacia abajo”, terminó convertida en un andamiaje de poder, protección y tráfico de influencias.
No se pueden ocular los contratos, adjudicaciones y favoritismos. Ya no sirve repetir ante cualquier crítica el guion que descalifica y etiqueta como “ataque conservador”.
La 4T trasformó la rendición de cuentas en propaganda y victimismo.
Si bien, las encuestas cercanas al gobierno todavía muestran niveles relativamente altos de popularidad o aprobación, las señales de desgaste se hacen evidentes en otras mediciones que registran la percepción ciudadana sobre seguridad, corrupción y manejo económico.
Durante años han gobernado convencidos de que el relato bastaba para sustituir resultados. Creyeron que las conferencias mañaneras eran suficientes para ocultar la inseguridad y la corrupción; que el llamado al nacionalismo energético escondería la crisis de Pemex y apostaron a que los programas sociales serían suficientes para tapar el sol con un dedo.
Pero la realidad es que cuando la gente siente que el dinero ya no alcanza y la inseguridad crece, no puede estar de acuerdo con un gobierno que vive más preocupado por controlar la narrativa que por resolver problemas.
X: @diaz_manuel