<div>Ilan Pappé: "Si la UE impusiera a Israel la mitad de las sanciones que impone a Rusia, salvaría a miles de palestinos”</div>

“[La guerra contra Irán] es una guerra política que tenía como objetivo ayudar a Netanyahu a ganar las próximas elecciones”, señala el autor de ‘El final de Israel’
Israel fuerza a los palestinos a demoler sus propias casas en Jerusalén para levantar un parque temático bíblico
Referente de la corriente de “nuevos historiadores” israelíes, que desde los años 80 cuestionan el relato oficial sionista sobre la fundación de Israel, Ilan Pappé es una de las voces más destacadas sobre colonialismo y ocupación de la Palestina histórica. Su último libro, El final de Israel, describe las señales del colapso que, según él, el país hebreo ya ha empezado a transitar y que culminará en un futuro no tan lejano.
Oriundo de Haifa y hoy profesor en la Universidad de Exeter, Reino Unido, donde se instaló en 2007 por las amenazas que recibió tras investigar la limpieza étnica contra la población palestina, es un firme defensor de la creación de un único Estado secular y democrático para árabes y judíos.
Es conocido por su defensa del boicot y las sanciones a Israel y sostiene que la Unión Europea (UE) debería “desempeñar un papel mucho más eficaz en el cambio”, pero no lo hace porque “los políticos aquí tienen miedo”.
Atiende a elDiario.es en una visita a Barcelona para participar en la Fira Literal y debatir sobre colonización, apartheid y genocidio.
La guerra de Irán no tiene nada que ver con el peligro para la existencia de Israel o las bombas atómicas. Es una guerra política que tenía como objetivo ayudar a Netanyahu a ganar las próximas elecciones
¿Cómo ha cambiado el conflicto entre Israel y Palestina con el segundo gobierno de Donald Trump?
Trump en su segundo período trajo algo nuevo que es el apoyo internacional total de Estados Unidos a Israel. Haga lo que haga. La pregunta no es Trump. Trump no va a cambiar. La pregunta es después de Trump, ¿qué? ¿Ha cambiado realmente el Partido Demócrata? Yo creo que sí. Y creo que será una América muy diferente dentro de diez años. Trump representa la América de antaño, no la nueva.
¿Hay una nueva América por llegar?
No solo eso. Quienes apoyan a Trump empiezan a sospechar que Israel lo está manipulando. Algunos miembros de su propio partido, incluido el vicepresidente, creen que la guerra en Irán se produjo porque Netanyahu convenció a Trump y que fue una decisión estúpida. No quieren una guerra en Irán.
El Mossad convenció a Trump de que esto sería como Venezuela, que en dos o tres semanas obtendrían mucho petróleo iraní y Teherán diría ‘lo que usted quiera’. Sin embargo, Irán está ganando en muchos sentidos y el panorama general no ha cambiado, excepto por los precios del petróleo. Habrá que esperar para evaluar el efecto Trump, porque aún no ha terminado y ahora la situación es un poco distinta a la del principio, cuando Netanyahu parecía tener carta blanca. Él quiere que la guerra contra Irán y contra Líbano continúe porque cree que eso lo hace más popular.
¿Esta hipótesis que sostiene sobre el final de Trump conecta con la tesis de su nuevo libro El final de Israel, sobre el final del sionismo y la llegada de una nueva época?
Todo va de la mano. Ahora estamos en un mal capítulo de la historia en Palestina, en Estados Unidos, lo que pasó en Venezuela, Cuba… Pero creo que ese es el final de este capítulo. Lo que sostengo en mi libro es que en 10, 15 o 20 años será muy difícil seguir así, con este tipo de política y este tipo de agresión. El Estado sionista no podrá sostenerse social, económica y militarmente. La reacción estadounidense contra Trump también salpicará a Israel por todo lo que le contribuyó en su mandato. Es un proceso lento. No sucederá mañana ni pasado mañana. Pero este proceso ha comenzado.
¿En qué lo observa?
Por ejemplo, en (el alcalde Zohan) Mamdani en Nueva York. Antes, para ser candidato del Partido Demócrata en Estados Unidos, era clave mostrar un apoyo incondicional a Israel. Ahora, para ser presidente demócrata, la clave es mostrar apoyo a los palestinos. Es un cambio radical.
¿Cómo se producirá este cambio en el Estado israelí, vendrá empujado desde adentro?
Vendrá de afuera. Después, quizás el cambio llegue desde dentro. Pero primero se necesita que el mundo, la región y el mundo árabe digan ‘basta’, ‘ya no son legítimos’. Ahí es cuando empezará todo. Empezará cuando los países árabes dejen de normalizar sus relaciones, cuando la UE empiece a imponer sanciones y, eventualmente, Estados Unidos se unirá a ellos. Todo eso es necesario. También se necesita un movimiento nacional palestino más unido porque está fragmentado y, si mañana Israel se va, no hay un relevo. Y vendrá con la visión de un solo Estado. Si seguimos hablando de dos Estados, la misma situación continuará durante mucho tiempo.
El Estado sionista no podrá sostenerse social, económica y militarmente
¿Por qué apuesta por un solo Estado como salida?
Debe ser un solo Estado para palestinos y judíos. Ya existe un Estado, pero hoy es un Estado de apartheid. Debe convertirse en un Estado democrático a través de la presión externa y la insistencia de los palestinos en que esto es lo que quieren. Israel es una minoría y depende del mundo árabe. Si el mundo árabe decide que quiere la liberación de Palestina, ni siquiera tiene que ir a la guerra con Israel. Solo tiene que decir: “Eso es lo que quiero”. Pero no lo están diciendo por varias razones: no son democracias, son gobernantes a los que Israel ayuda a mantenerse en el poder y todos quieren ser amigos de EEUU —e Israel es el mejor amigo de Washington—.
¿Cuándo empezará este proceso de cambio?
En mi libro digo que esto no sucederá al menos hasta 2048. Tenemos que esperar. Pero no ocurre de la noche a la mañana. Hay etapas, es un proceso. Ojalá dentro de diez años empecemos a ver cambios más drásticos.

El historiador israelí Ilan Pappé durante una visita en Barcelona donde participó en una de las charlas de la Fira Literal / Kike Rincón
A raíz del genocidio en Gaza, la Corte Penal Internacional (CPI) emitió una orden de detención contra Netanyahu y su exministro de Defensa, Yoav Gallant, por presuntos crímenes de guerra y de lesa humanidad en la Franja. También hay una acusación de genocidio contra Israel ante la Corte Internacional de Justicia. ¿Tiene confianza en el derecho internacional?
No mucha. Me alegra que el procedimiento se esté llevando a cabo; que se esté utilizando el lenguaje adecuado, pero no creo que realmente tengan el poder de cambiar la realidad porque Estados Unidos está tratando a la Justicia como criminales. El impacto será a largo plazo.
Dentro de muchos años, cuando miremos atrás, diremos que fue un momento importante, pero lamentablemente no será el próximo año o dentro de dos. Además, necesitamos reestructurar todo el sistema jurídico internacional porque no está funcionando contra países como Israel, que no va a ser tratado como Rusia.
¿Queda en el plano simbólico entonces?
Sí, a menos que alguien tenga el valor de decir ‘arrestaré al señor Netanyahu si viene a mi país’. Pero no creo que eso vaya a suceder.
Hacia septiembre del año pasado, varios países –entre ellos Francia, Reino Unido, Canadá, Australia, Portugal– reconocieron el Estado palestino. Oros han rechazado públicamente abusos y violencias de Israel. ¿Sirve de algo la presión diplomática si no se toman acciones concretas más contundentes?
La presión diplomática no basta. Son muchas palabras y muy poca acción. Lo único que serviría serían las sanciones. Sería la única solución. Si la UE impusiera a Israel el 50% de las sanciones que impone a Rusia, salvaría la vida de miles de palestinos. Lo mismo ocurrió en Sudáfrica.
Si el mundo árabe decide que quiere la liberación de Palestina, ni siquiera tiene que ir a la guerra con Israel
Usted ha puesto como ejemplo el final del apartheid sudafricano como posible salida a la ocupación israelí. ¿Cómo sería?
Absolutamente. En Sudáfrica, mientras las acciones se limitaron al boicot y a la desinversión, no lograron la caída del régimen del apartheid. En el momento en que los gobiernos estuvieron dispuestos a seguir a sus sociedades y añadieron al boicot las sanciones, la presión internacional se convirtió en una herramienta eficaz para ayudar al Congreso Nacional Africano a derrocar el régimen del apartheid. Ese fue el camino, junto con la lucha interna, por supuesto.
Aunque muchos países siguen acogiendo a Israel en eventos culturales y deportivos, cada vez van apareciendo más muestras de rechazo internacional hacia este país. ¿Ha sido un punto de inflexión el genocidio en Gaza y la guerra?
Sí, el apoyo social a Palestina no tiene precedentes. No se compara con ningún otro período de la historia. Disminuyó un poco después del alto el fuego en octubre de 2025, pero aún se mantiene en niveles nunca antes vistos. Creo que los palestinos tienen una oportunidad histórica para aprovecharla, pero están demasiado divididos. Necesitan unirse para sacar el máximo provecho de este apoyo. Porque este momento es excepcional.
Dice en su libro que cuanto más derechista y neosionista sea la política de Israel, más aislado se irá quedando. Sin embargo, nadie lo ha apartado a nivel económico, sigue exportando sus productos y tecnología de guerra a todo el mundo.
No se puede dar por sentado que la gente siempre comprará armas israelíes, no es el único en el mundo que produce armas. Es como cuando los diamantes se convirtieron en diamantes de sangre del Congo y la gente dejó de comprarlos. Puede que la gente lo encuentre cada vez más problemático y no se puede construir una economía solo sobre la industria armamentística.
Al final, no depende de EEUU, depende de la UE. La UE es el socio comercial más importante de Israel. Si la UE bloqueara el comercio, Israel estaría en una posición muy problemática. La UE puede desempeñar un papel mucho más eficaz en el cambio, pero los políticos aquí tienen miedo a hacerlo.
Usted separa el sionismo histórico del sionismo de hoy, a pesar de que, dice, tienen mucho en común. ¿En qué se diferencian?
Hay muchas cosas que son iguales en ambos, al final es el colonialismo de asentamiento. Pero el sionismo de hoy es más mesiánico, mucho más teocrático, más racista, más peligroso y mucho más extremo. No solo para Palestina, sino también para los países vecinos. El histórico era imposible, pero aun así esperaban conciliar, de alguna manera, valores universales como la democracia o el liberalismo, con el racismo y el colonialismo.
Una pregunta que debe haber respondido muchas veces… ¿Cómo puede un pueblo que ha sufrido tanto llegar hasta este punto?
Las víctimas a menudo se convierten en victimarios. Los niños que sufrieron abusos tienen muchas probabilidades de ser padres abusivos. Así que, en primer lugar, psicológicamente podemos entenderlo. En segundo lugar, creo que hay un malentendido: la mayoría de los judíos que viven hoy en Israel no son víctimas del Holocausto. El número de personas que realmente sufrieron el Holocausto en Israel es muy reducido y no reciben un trato justo.
La mayoría de los judíos que murieron en el Holocausto no eran sionistas. Muchos creían en el socialismo, eran judíos religiosos. Los nazis mataron a muy pocos sionistas y mataron a muchos judíos. Por lo tanto, no es que las víctimas del Holocausto sean quienes hagan esto. Es el Estado que se autoproclama representante de las víctimas quien lo hace.
Incluso si pierde las elecciones, no creo que hayamos llegado a la era post-Netanyahu.
¿Habrá consecuencias para Netanyahu por el conflicto entre Israel y Palestina y el genocidio en Gaza en este año electoral?
No sabemos qué consecuencias puede tener todo esto para Netanyahu porque tiene una base de apoyo que no sabemos cómo es de grande, de gente que le votará pase lo que pase. En noviembre de 2022, esa base le bastó para obtener más de 64 escaños.
Las encuestas indican que esta vez no los conseguirá y que no tendrá los suficientes votos para formar gobierno. Por eso, podría impedir que se celebren las elecciones o alegar que fueron fraudulentas. Incluso si pierde las elecciones, no será el final de Netanyahu. Si pierde, volverá. Y no estoy seguro de que vaya a perder.
¿Qué futuro vaticina para la guerra de EEUU e Israel contra Irán?
Creo que no habrá un gran acuerdo. De repente, todos dirán: ‘hemos ganado’. Estoy seguro de que terminará así. Y terminará cuando haya elecciones de medio mandato en Estados Unidos y elecciones en Israel. No antes porque la guerra es muy política. No tiene nada que ver con el peligro para la existencia de Israel o las bombas atómicas. Es una guerra política que tenía como objetivo ayudar a Netanyahu a ganar las próximas elecciones.