Un reciente reportaje del New York Times intenta desestimar la denuncia de la activista Luz Valdez por explotación laboral a artesanas de Puebla, quienes bordaron camisetas para la empresa Adidas con motivo del Mundial de fútbol. Entre la apropiación cultural y el aprovechar la imagen de socialmente responsable, la empresa mexicana Someone Somewhere fue el puente entre las mujeres bordadoras y la compañía alemana.
Aunque lo nieguen, se aprovecharon de la necesidad de las indígenas para explotar la imagen de “empresa altruista” que valora la cosmovisión de pueblos originarios, al mismo tiempo que les beneficia con empleos para sacarlos de la pobreza. Nada más lejos de la realidad porque estas artesanas estuvieron bordando las camisas, que alcanzan casi cuatro mil pesos en tienda, en condiciones que denigran los derechos humanos, con la paga por hora de apenas 36 pesos por hora.
El reportaje subraya la conformidad de las artesanas, cuyas declaraciones con tono entusiasta destacan beneficios como: “es mucho mejor este trabajo que cualquier otro”, “Venimos las horas que queremos”, “Pues realmente nosotros ganamos lo justo”. Esto refleja la marginación en que viven estos pueblos, desconocen sus derechos y viven sin oportunidades laborales, al grado de que una empresa puede decirles que les está dando la oportunidad de sus vidas cuando en realidad explota la imagen de “pueblos originarios” (marginados).
Porque la realidad es que estas familias que viven de la producción del campo padecen el olvido del Estado, evidentemente prefieren ganar 36 pesos la hora a sembrar en el campo “frijoles, chiles y cacahuates”, trabajo que apenas les deja aproximadamente 11 pesos la hora. El reportaje expone la indignación de las bordadoras de Naupan porque activistas podrían desalentar a las empresas para seguir dando empleos; sin embargo, estas compañías se aprovechan del desconocimiento de estas mujeres sobre el trabajo digno, de que se les deben garantizar derechos laborales y que el gobierno debe mediar porque es su responsabilidad hacer valer la ley.
Qué deplorable es la situación en el pueblo de Naupan para que las bordadoras teman que se difunda el pago de 36 pesos por hora por temor a ser blanco de robos y acoso en la comunidad. Estos sueldos se perciben en varias regiones del país, en algunos apenas la mitad.
El gobierno debe estar al tanto de que estas mujeres son blanco de compañías que buscan sacar provecho de las pésimas condiciones en que viven los pueblos originarios, de que el escaso apoyo al campo y otras oportunidades laborales las orilla a aceptar condiciones de trabajo que las denigra sin ellas estar al tanto.
Someone Somewhere justifica que estas artesanas no son empleadas, sino que están prestando un servicio por el que no están obligados a brindar los derechos que por ley tendrían que cumplir si las contrataran. Peor resulta cuando titulares de gobierno, que tendría que garantizar las condiciones idóneas para estas mujeres dicen que no se trata de “menores de edad” y que hay que “dejarse de paternalismos” a los que estamos acostumbrados, “hay que confiar en que a veces toman la mejor decisión para su grupo”, como según dijo la subsecretaria de Desarrollo Cultural, Marina Núñez Bespalova, impulsora del programa Original, que busca fortalecer al sector artesanal, así como reconocer, dignificar y ampliar las oportunidades de las comunidades creadoras. Pero el camino que esta iniciativa va siguiendo parece ir en contra.
DESDE EL CENTROS
Tras dos semanas del secuestro de la periodista Roxana Guzman, sigue sin saberse de ella. El hecho fue viral en las redes sociales al publicarse el video de cómo la secuestraron hombres encapuchados. La Fiscalía General de la República investiga el caso… Además del caso de Roxana, se reportó el asesinato del reportero Luis Ángel López Valdez, el pasado 11 de junio.
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