Festinar el resultado de la jornada electoral del pasado 7 de junio de 2026 en Coahuila, donde se renovó el Congreso local, ha resultado un ejercicio que ha atraído la atención de propios y extraños en México; es decir, de analistas profesionales y de ‘villamelones’… y también de priistas y no priistas.
Efectivamente, las lecciones son varias; una de ellas es la de que, en definitiva, Morena no es invencible. Que, en todo caso, ese mismo partido es el que ha inventado y sembrado esa idea, con el fin de infundir miedo en el elector y en los partidos de oposición.
De acuerdo.
La victoria electoral obtenida por el PRI estatal de Coahuila en la elección local para renovar las 25 curules del Congreso del Estado, donde arrasó con los 16 distritos de mayoría relativa, constituye un resultado por demás plausible y sólido para probanzas y proyecciones posteriores.
Aunque, nadie puede asegurar que esta manifestación de la voluntad popular en Coahuila, significa el inminente y automático regreso del PRI, pero…
Una prueba es una prueba… una muestra es una muestra.
El resultado obtenido por el PRI y su coaligado, Unidad Democrática de Coahuila (UDC), en la elección para renovar el poder legislativo en esa entidad federativa, confirmó el gran trabajo de atención a la ciudadanía y a sus preocupaciones que los gobiernos locales, emanados del PRI, han sabido interpretar y materializar…
Un par de ellos, de suyo los más visibles y lacerantes quizá, como lo son la inseguridad pública y la violencia en las calles: Reclutando, integrando y capacitando cuerpos policiales, para su profesionalización y con buenos sueldos; logrando que sean lo más apegado posible a la funcionalidad para disminuir las consecuencias del fenómeno delictivo de nuestros días; y sobre todo, dando seguimiento en su retiro, con investigación de campo y trabajo de psicología en recursos humanos, a todo aquel elemento que deja las corporaciones, por la causa que sea…
Coahuila figura entre las tres principales entidades con más baja tasa de incidencia en todos los delitos sin excepción y mantiene un asombroso índice promedio mensual de 2.2 víctimas letales por cada 100 mil habitantes, según las cifras más recientes y en materia de secuestros, es casi nula o inexistente la comisión en promedio mensual, en comparación con Estados como Colima, Sinaloa, Guerrero, Michoacán, Guanajuato y otros, según las cifras del propio Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP).
Por otra parte, igualmente determinante en el ánimo de ciudadanos y electores coahuilenses, esa entidad ocupa el primer lugar en la producción (ensamblaje) de vehículos y autopartes en el país, por lo que el 30% de los vehículos mexicanos en el mundo, son producidos por manos coahuilenses; y su industria no se concentra solo en el ramo automotriz, sino que también incluye la aeroespacial, la metalúrgica y la de maquinaria y equipo, entre otras muchas; su geografía alberga a más de cien parques industriales en activo y de entre los que destaca el corredor industrial ‘Saltillo-Ramos Arizpe’, considerado el más importante del país; el volumen de su producción manufacturera per-cápita de Coahuila, por sí solo, como entidad independiente, está solo detrás del conglomerado de estados del Bajío, Nuevo León y Chihuahua.
Además, Coahuila ha sido gobernado desde hace mucho tiempo por gente muy capaz, hay que decirlo con todas sus letras. Gente preparada y con oficio. Profesores normalistas, agricultores de clase media, burócratas que han llevado una vida más o menos honorable y austera, apegada al compromiso y a la responsabilidad y al cumplimiento de la palabra empeñada.
El suscrito vivió algunos meses en Saltillo, en labores de operación (modestas) de aquella campaña de 2010 (para renovar legisladores federales y presidente de la República), en esa ocasión para una coalición contraria al PRI.
Y pudo percatarse de que, en Saltillo, pese a ser una ciudad de dimensiones mayores al rango de intermedia, con la gran influencia de la zona metropolitana de Monterrey y el espíritu emprendedor y esforzado de sus vecinos los regiomontanos, la gente se conoce por sus apellidos sus historias genealógicas y hasta sus reputaciones empresariales. Buena parte de la población original de Coahuila -por cierto- proviene de una diáspora de habitantes de Tlaxcala, durante la época colonial; por lo que, en sus raíces, el habitante de Coahuila, lleva fijo el “don” artístico y la capacidad analítica para concentrarse y ser muy aplicado en sus tareas intelectuales. A lo que habría que agregar el mestizaje sefardita proveniente de Monterrey.
Y aunque, en aquel año, la política -en sus etapas de lobby y planeación- se hacía entonces todavía en el único Sanborn´s que había en el centro de la ciudad, se pudo comprobar que ahí, en esa región, la honorabilidad y el valor “de la palabra” (el compromiso), es el paradigma aspiracional de los políticos coahuilenses. Son gente que respeta principios y valores y desde ahí, están en ventaja con respecto a los actores políticos de otras entidades.
Ahí están los casos de “El gran Diablo” de las Fuentes Rodríguez, Eliseo Mendoza Berrueto, Rogelio Montemayor Seguy, Enrique Martínez y Martínez… los hermanos Moreira, gente sencilla, que camina cuando no hay necesidad de ‘treparse’ al suntuoso carro oficial; que entra a un baño público como “cualquier mortal” sin guardaespaldas que “le ayuden”… que responde a cualquier pregunta o comentario de cualquier otro ciudadano con educación y atingencia, a quienes los reflectores, los guardaespaldas, las ‘suburbans’ del año y toda la parafernalia del poder no las han transformado ni en ‘piojos resucitados’ ni en cínicos que abusan del poder profano sustentado en la legalidad y no en el poder de las armas.
¡Muy “parecida” su clase política a la de estados como Sinaloa de los últimos años!… ¿no?
“Igualito, seguramente” a lo que pasa en otros estados donde sus autoridades son pura “gente decente”…
En algo hubo de influir todo lo anterior. ¿No creen ustedes, amables lectores?
Pero también, ese resultado electoral obtenido hace once días, que representó el 55.01% de la preferencia electoral de la votación total emitida a lo largo de la jornada electoral; que significó además más del doble de los sufragios obtenidos por Morena en su coalición con el Partido del Trabajo (PT), continúa frenando el avance de Morena en uno de los pocos territorios mexicanos donde aún no ha podido desplazar a sus adversarios, concretamente en este caso, al PRI.
En 2029, el PRI cumplirá cien años gobernando ininterrumpidamente a Coahuila.
Definitivamente, por algo será, pero no; ni la causal se circunscribe a un solo personaje ni a un solo candidato, ni fue determinante una simple actitud de ningún dirigente nacional de los últimos tiempos.
Ciertamente, el PRI muestra ciertos rasgos de fortaleza y, evidentemente su vigencia, su vigor, por lo menos en esta entidad ejemplo para el resto del país hacia los priistas es real, pero el resultado no explica ni ofrece una respuesta al serio problema de decrecimiento en el plano político nacional que ha mostrado este instituto; a esa tendencia hacia su desaparición, como ha sido señalada por algunos de sus críticos.
Tiene razón Alejandro Moreno en sentirse orgulloso y feliz con la victoria de Coahuila. Le corresponde sentirse bien en su carácter de dirigente nacional del PRI, pero, para nadie es un secreto que esa victoria se debe, fundamentalmente, al excelente trabajo de operación política de los dirigentes del partido a nivel estatal, distrital y municipal, inspirado por el gobernador, Manolo Jiménez Salinas y por la estrategia diseñada los últimos cinco gobernadores, que han operado con grado de excelencia en lo político y que son, Enrique Martínez y Martínez, Humberto Moreira Valdez (no obstante sus excesos por el exceso de endeudamiento durante su gobierno), Jorge Torres López, Rubén Moreira Valdez, Miguel Ángel Riquelme Solís; porque como ya hemos dicho en el pasado: el PRI no es el CEN del PRI, el PRI son sus bases y sus estructuras territoriales.
Hay un mérito compartido pues que, ojalá, por el bien del otrora partido mayoritario, el fenómeno político-electoral de Coahuila se repitiera en otros estados de la República, donde las aberrantes conductas gubernamentales de Morena y sus aliados, concretamente de los pésimos gobernadores que tiene Morena, el PRI pudiera volver a levantar por el bien de la sociedad aunque, no se puede ocultar que hay un desánimo, prácticamente nacional y que muchísimos cuadros priistas han abandonado su partido y otros se niegan a volver a participar.
La esperanza priista puede sobrevivir si nos basamos en un detalle que podría parecer frívolo o sentimental, pero que conociendo a Alito Moreno, este detalle puede significar algo, si el campechano asumiera con madurez y con reflexión mayores, su situación al frente del PRI.
El detalle al que me refiero es a que el actual presidente del CEN del PRI, recientemente ofreció disculpas a aquellos que se sintieran ofendidos o agredidos por él, en su conducta anterior, con relativa humildad y madurez.
¿Por qué no pensar en que ese gesto de Alito pudiera llevarlo a decidir concluir su gestión al frente del partido, después de la elección del 2027, convocando a una Gran Asamblea Nacional para que con la participación del priismo de todo el país, se elija a una nueva dirigencia, habida cuenta de que el juicio sobre su desempeño ya está en la historia política de México y del partido, reanimado por la victoria en Coahuila?
Nadie puede negarle a Alito Moreno, inteligencia, valentía, arrojo y determinación, pero tampoco, nadie puede negar que se excedió en prolongar por tanto tiempo su mandato como dirigente nacional del PRI y que, basado en las reformas estatutarias que él promovió en su favor y por el dominio total que tiene sobre el Consejo Político Nacional que él mismo encabeza.
Es indiscutible la positiva influencia del liderazgo de Alito Moreno en el triunfo de Coahuila y en la moral de lucha que se observa en todo el priismo nacional… a pesar de que Morena y su gobierno han reformado ‘mañosa’ y convenientemente el marco normativo para garantizar su dinámica ganadora en todo el país y consolidar así, su anhelada hegemonía populista por un siglo, por lo menos, tal y como llegaron a difundir que eran sus planes originales.
Una gran conclusión que nos queda después de esta jornada en Coahuila es, que se puede ‘vencer a los programas sociales’ del Gobierno Federal.
Coahuila demostró que la gente puede perder el miedo a votar en contra de Morena, sin poner en riesgo los programas sociales que distribuye el gobierno.
Y otra más, es la convicción clara de que ningún partido -por sí solo- puede considerarse en México “la última Coca-Cola en el desierto”, mucho menos presentándose solo en las contiendas electorales. Ya vimos la triste suerte que corrieron tanto el PVEM, como el PAN y hasta MC, que perdieron su acreditación local y dejarán de recibir prerrogativas locales en Coahuila. Lo mismo le pasó a ‘México Avante’, un partido local.
Es de esperarse, que en el PRI nacional se tome en cuenta la buena experiencia de Coahuila, no solamente de ahora, sino de hace varios lustros.
El derrotero del PRI a nivel nacional, habrá de corregirse y diseñarse con el concurso de todos sus cuadros, militantes y simpatizantes dentro y fuera del territorio nacional urge una tarea de reconstrucción. Esta ni siquiera ha comenzado.
Esperemos y veremos.
Héctor Calderón Hallal
@Pequenialdo; @CalderonHallal1