La nezia, una cooperativa panadera que transforma la alcaldía gustavo a. madero con trabajo justo
De un gusto por la buena mesa a un proyecto de impacto social
La historia de este establecimiento comenzó a gestarse cuando el gusto por la buena comida se convirtió en un propósito profesional. Yolanda Abraham Flores decidió capacitarse formalmente en el arte de la panadería tras dominar las bases técnicas del oficio. Hacia el año 2015, ella y su compañero Roberto Quiroz González unieron fuerzas con un círculo de amistades, en su mayoría jóvenes estudiantes, con quienes compartían inquietudes sobre la intervención comunitaria y los modelos de organización horizontal.
Fue así como idearon un establecimiento que rescatara las metodologías artesanales de antaño, priorizando las propiedades nutricionales de cada pieza. De esta manera se fundó La Nezia, concebida desde su génesis bajo el esquema de una cooperativa y situada actualmente en la demarcación territorial Gustavo A. Madero.
Empleo local y combate a la precariedad laboral
Desde sus primeros días de operación, las manos encargadas de amasar y dar forma al producto han pertenecido a los habitantes más jóvenes de la zona. Con el transcurso de los años, estos colaboradores iniciales han perfeccionado su técnica hasta profesionalizarse. A una década de haber iniciado actividades, la panadería mantiene firme el compromiso de colaborar estrechamente con los residentes de la colonia Ampliación Progreso Nacional.
El proyecto surgió como una respuesta directa a las condiciones de vulnerabilidad del mercado de trabajo actual. Tanto Roberto como Yolanda, ambos profesionistas egresados de la UNAM, apostaron por un modelo autogestivo capaz de garantizar fuentes de ocupación decorosas y remuneraciones equitativas. Asimismo, la iniciativa ha trascendido la actividad comercial al integrar dinámicas de fortalecimiento social, tales como talleres con perspectiva de género destinados a la juventud del rumbo.
Fermentaciones prolongadas y rechazo a los químicos
Esta visión ética también se traduce en la forma de elaborar cada alimento, buscando un equilibrio entre la excelencia nutricional y la accesibilidad económica para los consumidores de la comunidad. Los fundadores han desterrado de su cocina cualquier aditivo industrial innecesario para la salud.
“Aquí no usamos mejorantes, que para nosotros más bien son ‘empeorantes’”, explica Roberto al detallar la filosofía detrás de sus recetas.
En este obrador tampoco se emplean grasas procesadas como la margarina o la manteca vegetal. En su lugar, la totalidad de la producción se fundamenta en fermentaciones largas, cuyos tiempos oscilan entre las seis y las 24 horas. Entre la variedad de productos que salen diariamente de sus hornos sobresalen opciones tradicionales como la chapata, la baguette y diversas creaciones de masa hojaldrada.
De acuerdo con los fundadores, el respaldo de la clientela se manifiesta no solo en las transacciones comerciales cotidianas, sino en los lazos de confianza y afecto construidos a lo largo de los años en este rincón de la capital.
Por: Jaime Vázquez García
