El duelo urbano y el colapso de los servicios públicos
Tras una intensa tormenta en Washington DC, un enorme árbol situado en la glorieta de Dupont Circle colapsó y quedó tendido sobre el asfalto. Con el paso de los días, el tronco acumuló numerosas notas emotivas dejadas por los residentes.
“Eras muy querido y se te echará de menos”, expresaba uno de los mensajes depositados. Otra misiva recordaba: “Muchas gracias por tantos años de sombra”, mientras que un vecino añadía: “Fuiste un árbol hermoso y muy querido. Durante muchísimos años, custodiaste la esquina de Dupont Circle”.
Sin embargo, ninguna de las emotivas dedicatorias mencionaba la lentitud con la que los servicios municipales retiraron los restos, una demora similar a la registrada tras las nevadas. Tampoco hubo referencias hacia las personas sin hogar que deambulan por la zona ni hacia la carencia de asistencia estatal para este sector vulnerable.
Las barreras económicas del sistema sanitario estadounidense
La experiencia directa con el modelo de salud norteamericano evidencia las profundas grietas del sistema. Al respecto, el senador Bernie Sanders cuestionaba: “¿Por qué Estados Unidos es el país más rico de la historia del mundo [y] la única gran nación que no garantiza la atención médica a todas las personas como un derecho humano?”
Las instituciones educativas públicas de la capital exigen estrictos informes médicos y dentales para matricular a los menores. Un chequeo pediátrico puede ascender hasta los 1.500 dólares, y las coberturas privadas suelen ser parciales o excluir por completo la salud bucodental. Ante esta realidad, las familias recurren a clínicas comunitarias donde un simple empaste ronda los 250 dólares.
Esta situación deja en un limbo financiero a millones de ciudadanos que superan el umbral para recibir ayudas, pero cuyos ingresos resultan insuficientes para costurar un seguro privado o emergencias médicas imprevistas que superan los 100.000 dólares en urgencias.
Desigualdad histórica y concentración de la riqueza
Los expertos señalan que el modelo económico estadounidense prioriza la creación de empleo a través del mercado por encima de la redistribución estatal. En palabras de Federico Steinberg, investigador del Real Instituto Elcano: “Las brechas de desigualdad en este país no suponen un gran debate: se considera que la redistribución no es una función del Estado, sino del mercado de trabajo a través de la creación de empleo”.
Por su parte, la Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO) advierte que el estancamiento de la asequibilidad para la clase media responde directamente al incremento de la desigualdad. Si los salarios hubieran crecido al ritmo promedio desde 1979, los hogares percibirían hoy unos 30.000 dólares adicionales al año.
Sanders advierte sobre la magnitud de la brecha actual: “Hay más desigualdad de ingresos y riqueza que nunca en la historia de este país”, y añade que “el 1% más rico posee más riqueza que el 93% restante. El propio Elon Musk posee ahora tres veces más riqueza que la mitad más pobre de los hogares estadounidenses. Es una locura”.
De cara al panorama electoral, la discusión sobre la justicia distributiva recae principalmente en el ala progresista, mientras el debate político general sigue tensionado por la falta de respuestas institucionales estables. Como resume Bernie Sanders: “Hay personas que no pueden pagar la compra ni la vivienda, ya que los precios están por las nubes. En cuanto a la atención sanitaria, somos el único país importante que no cuenta con un sistema nacional de salud”.
