El cambio de ambiente en la diplomacia internacional
La actual edición de la Asamblea General de la ONU contrasta de manera radical con el panorama observado hace apenas un año. Mientras que en el periodo anterior las movilizaciones masivas y el debate sobre el reconocimiento estatal marcaron la agenda, hoy predomina una inquietante apatía en los pasillos del organismo multilateral.
Las restricciones impuestas por Washington impidieron que las autoridades palestinas participaran de forma presencial, relegando su intervención a una grabación en vídeo. Este obstáculo institucional ya no genera el mismo revuelo mediático, evidenciando una preocupante normalización de la indiferencia global.
La impunidad y el asedio a los tribunales internacionales
Mientras las víctimas exponen su sufrimiento a través de pantallas, líderes señalados por crímenes de guerra se desplazan por Nueva York sin temor a ser aprehendidos. La administración estadounidense mantiene una ofensiva directa contra la Corte Penal Internacional, buscando desmantelar el organismo encargado de perseguir violaciones graves a los derechos humanos.
El secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, advirtió sobre la gravedad de la situación actual al señalar en el pleno: “Los mal llamados ‘alto el fuego’ no han sido más que ‘menos fuego’, y son los civiles quienes siguen pagando el precio. Ya basta. Los combates deben parar; la ayuda humanitaria tiene que fluir; y hay que restablecer por completo los derechos y las libertades de navegación de conformidad con el derecho internacional. No debemos perder de vista la devastadora situación que impera en el Territorio Palestino Ocupado. Han pasado casi tres años desde los abominables atentados terroristas perpetrados por Hamás el 7 de octubre. Lo que siguió fue una acometida contra la población palestina de Gaza cuyo grado de matanza y destrucción no vi nunca en todos mis años como secretario general”.
La diplomacia de la fuerza frente al derecho internacional
El regreso de la presión estadounidense se manifiesta también en amenazas directas a naciones soberanas y en la expansión de intereses militares sin resistencia efectiva de la comunidad internacional. Asistir a las múltiples actividades paralelas en la sede neoyorquina deja la persistente sensación de impotencia ante la falta de contextos claros y soluciones reales.
Ante este escenario de hegemonía e imposición, Guterres planteó un dilema fundamental para el futuro del multilateralismo: “¿Haremos algo para que el poder se rija por el derecho en vez de la fuerza? ¿Por la cooperación en vez de la coacción? ¿Por el sentido de responsabilidad hacia la juventud y las generaciones futuras en vez de la indiferencia ante su destino? Porque los retos decisivos de nuestra época no son ajenos a la cuestión del poder: son más bien manifestaciones de ese poder. Y serán esos retos los que determinen si nos dejamos arrastrar cada vez más hacia la división y la inestabilidad o si nos encaminamos hacia la cooperación, la justicia y la seguridad colectiva”.
Voces críticas en los márgenes de Nueva York
Fuera de los grandes plenarios oficiales, espacios alternativos como la histórica iglesia de Riverside congregan a sectores que denuncian la deriva autoritaria global. Ante más de un millar de asistentes, figuras como el senador estadounidense Bernie Sanders lanzaron duras advertencias sobre el rumbo económico y político del planeta.
“Nos dirigimos rápidamente hacia una oligarquía mundial extremadamente peligrosa. Nunca antes en la historia de la humanidad tan pocas personas habían concentrado tanta riqueza y tanto poder. Nunca antes habíamos visto una concentración de la propiedad tan enorme, ni un nivel tan sin precedentes de codicia, arrogancia e irresponsabilidad por parte de la clase dirigente mundial. En muchos sentidos, hoy asistimos a un retorno a la ideología de los monarcas, reyes, reinas y zares del siglo XIX, quienes creían, y creían sinceramente, que Dios les había otorgado el derecho a gobernar”, expresó Sanders, reflejando el profundo malestar social que contrasta con la pasividad institucional de la cumbre.
