Un siglo de evolución en la estadística del consumo
Desde los primeros registros levantados en plena Revolución Mexicana por el Departamento del Trabajo, donde las familias obreras rendían cuentas sobre sus adquisiciones de maíz, manta y velas, hasta la actual era dominada por los planes de datos y las aplicaciones de movilidad, ha transcurrido más de un siglo de una misma obsesión estadística. Esta labor ha sobrevivido a profundas crisis, conflictos bélicos y constantes devaluaciones para consolidarse como una herramienta fundamental en el análisis socioeconómico.
El proceso histórico de esta medición cuenta con etapas clave. Hacia 1956 se implementaron por primera vez métodos científicos de muestreo, sentando las bases para que en 1977 surgiera formalmente la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH), la cual pasó a jurisdicción del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) en 1984. Décadas más tarde, en 2004, se integró como el pilar normativo para la medición oficial de la pobreza, obteniendo en 2012 la declaratoria oficial de Información de Interés Nacional.
La radiografía continua de la Encuesta Nacional de Gasto
Como heredera directa de esta tradición, la Encuesta Nacional de Gasto (ENG) implementó una metodología innovadora al registrar el comportamiento financiero de los ciudadanos de manera cotidiana. El ejercicio se desarrolló del 25 de diciembre de 2024 al 7 de enero de 2026, abarcando 38 cortes de diez días en 28 mil 668 viviendas, una muestra representativa de los 38.3 millones de hogares y los 130.7 millones de habitantes del país.
Gracias a esta cobertura ininterrumpida que incluyó jornadas en festividades decembrinas, fue posible capturar por primera vez la estacionalidad completa del consumo nacional. Los resultados generales revelaron un promedio de 24 mil 801 pesos de gasto corriente monetario mensual por hogar, donde 55 de cada 100 pesos se destinaron de manera prioritaria a la alimentación y al transporte.
Las olas del consumo y los hábitos estacionales
El análisis detallado del ciclo anual permitió identificar fluctuaciones claras en el comportamiento económico de la población. Tras alcanzar un punto máximo en las celebraciones de fin de año y Día de Reyes, el gasto experimentó un descenso del 6.4 por ciento durante la primavera, seguido por una recuperación del 3.7 por ciento en la temporada estival.
Este calendario de gastos refleja los cambios en la vida cotidiana de las familias. Pasada la temporada navideña, la inversión en vestido registró un desplome del 47 por ciento en el segundo trimestre. En contraste, durante la primavera, el rubro de salud en los hogares rurales aumentó un 43 por ciento, mientras que en verano el gasto en transporte foráneo en autobús se multiplicó por 3.6 debido a los desplazamientos vacacionales. Asimismo, el inicio del ciclo escolar provocó un incremento del 80 por ciento en educación y del 225 por ciento en uniformes, al tiempo que el cierre de año impulsó el consumo de ingredientes tradicionales y un aumento del 50 por ciento en servicios de transporte por aplicación.
Nuevos patrones y su impacto en la economía nacional
El estudio también dejó al descubierto contrastes culturales y tecnológicos en los hogares. Actualmente se destina un promedio de 52 pesos al mes en especias y aderezos, superando los 37 pesos gastados en tabaco, mientras que en el consumo cárnico el pollo supera a la res con 446 frente a 410 pesos mensuales. En el ámbito de las telecomunicaciones, la larga distancia internacional quedó prácticamente extinta, reportándose en apenas uno de cada mil hogares, al tiempo que el gasto en internet y telefonía celular con plan continuó su expansión constante.
Más allá de las curiosidades del mercado, la ENG tiene el propósito fundamental de actualizar los ponderadores del Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC), la métrica clave para el cálculo de la inflación. Al respecto, el ejercicio registró un gasto corriente monetario trimestral por hogar de 57 mil 930 pesos, superando por un 21 por ciento las cifras previas de la ENIGH 2024. Este refinamiento en la medición promete ajustar con mayor precisión la aritmética de la inflación, un factor determinante para las decisiones del Banco de México, la política salarial y los contratos económicos del país.
