Un milagro en medio del caos hospitalario
Abdulá Nabhan experimentó en carne propia la brutalidad del conflicto en la Franja de Gaza cuando un ataque aéreo lo dejó al borde de la muerte. Tras ingresar a un centro médico colapsado por la masiva llegada de heridos graves, los profesionales de la salud dieron por sentado su fallecimiento debido a la magnitud de sus lesiones y la pérdida masiva de sangre. “Me pusieron en la nevera [de la morgue]”, relata el sobreviviente, quien permaneció recluido entre cadáveres durante dos días completos antes de que un nuevo flujo de víctimas permitiera escuchar sus lamentos y constatar que seguía con vida.
El trágico suceso tuvo lugar en mayo de 2024, en un contexto marcado por una severa escasez de alimentos y medicinas provocada por el cerco militar. Con el objetivo de revisar los daños en su vivienda y conseguir víveres, Nabhan se había desplazado junto a su madre y un conocido hacia el sector de Yabalia. En ese momento, un proyectil lanzado desde el aire impactó de lleno contra el grupo, destruyendo su pierna derecha y segando la vida de su progenitora.
Un largo camino de intervenciones y escasez
El rescate inicial se complicó ante la imposibilidad de que las ambulancias accedieran a la zona devastada, por lo que debió ser trasladado en un carro improvisado. Las secuelas del bombardeo requirieron más de 40 intervenciones quirúrgicas a lo largo de tres meses, complicadas por la falta de insumos médicos básicos y constantes hemorragias internas que obligaron a los doctores a improvisar tratamientos con fármacos alternativos.
A causa de las graves complicaciones y la imposibilidad de frenar las infecciones, los médicos tampoco pudieron salvar su extremidad izquierda. Según datos de la Organización Mundial de la Salud, más de 5.000 personas han sufrido amputaciones en el enclave palestino desde el inicio de las hostilidades, representando una cuarta parte del total de lesionados graves que arrastran secuelas permanentes para el resto de sus días.
La dura realidad en una tienda de campaña
En la actualidad, Nabhan reside junto a su esposa y sus tres hijos bajo una lona en Ciudad de Gaza, dependiente por completo de la ayuda humanitaria. La falta de suministros esenciales y el bloqueo persistente impiden la llegada de prótesis y dispositivos de movilidad adecuados. “Difícil es una palabra muy simple para describir cómo es moverse en la situación actual. Es imposible desplazarse por Gaza en silla de ruedas por estas carreteras”, lamenta al describir los obstáculos cotidianos entre escombros y caminos destruidos.
A pesar de las profundas cicatrices físicas y psicológicas, el padre de familia mantiene la esperanza enfocada en el bienestar de sus pequeños y en la posibilidad de recibir asistencia médica en el extranjero. “Lo que me da fuerzas es que tengo ambiciones. Quiero continuar la vida que estaba construyendo antes de la amputación”, señala. Y concluye con un anhelo profundamente humano: “Mi sueño es recuperar la salud y vivir como una persona normal. Quiero poder recibir tratamiento. Solo quiero olvidar lo que me pasó”.
