El manual de la sospecha preventiva
En el ideario de la ultraderecha global figuran herramientas recurrentes como la simplificación de conflictos complejos, la apelación constante a la seguridad y el rechazo frontal a la corrección política. Dentro de este repertorio destaca una táctica especialmente corrosiva: cuestionar la legitimidad de los procesos democráticos mucho antes de que se abran las urnas, un movimiento preventivo que busca instalar la duda permanente.
La consigna principal consiste en sembrar desconfianza sin necesidad de aportar evidencias sólidas. Tras la convocatoria electoral, figuras como la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, y el líder de Vox, Santiago Abascal, lanzaron mensajes dirigidos a desacreditar los mecanismos de participación. Mientras Ayuso instaba a rechazar el voto por correo, Abascal sugería que el jefe del Ejecutivo, Pedro Sánchez, manipularía los comicios.
Esta metodología busca convencer a los simpatizantes de que el bloque rival recurrirá a cualquier trampa para retener el poder. Según los expertos, el cálculo político de esta jugada resulta rentable para estos actores: si pierden, sostienen que el Gobierno surgido de las urnas carece por completo de validez institucional.
De Estados Unidos a Brasil: precedentes globales
Este patrón de conducta encuentra claros espejos internacionales en acontecimientos recientes. En Estados Unidos, Donald Trump denunció un supuesto fraude masivo en las elecciones de 2020, un relato que culminó en el asalto al Capitolio y que mantiene convencido de la trampa a más del 60% de sus votantes. Un fenómeno análogo se reprodujo en Brasil, donde Jair Bolsonaro cuestionó la validez del sistema antes de su derrota frente a Lula da Silva, desembocando en el asalto al Palacio de Planalto.
La politóloga del CSIC, Sandra León, advierte sobre la fragilidad de estos procesos. La creencia mayoritaria de que las instituciones están bien y son fiables es una de las piezas más delicadas del sistema, y cuando se erosiona, es muy difícil de revertir, señala, subrayando el deterioro progresivo de la confianza ciudadana en España.
Por su parte, la influyente investigadora Susan C. Stokes apunta que figuras como Trump responden a dinámicas de élite arraigadas durante décadas. A pesar de que los rankings internacionales sitúan a España entre las democracias con mayor limpieza electoral, las encuestas reflejan una desconfianza profunda impulsada por sectores específicos del electorado conservador y ultraderechista.
Cambiar el foco y desgastar al adversario
Meses antes del adelanto electoral, las formaciones de la derecha alimentaron la teoría de un fraude vinculado a las nacionalizaciones de descendientes de españoles en el extranjero. Aunque el Tribunal Supremo adoptó medidas cautelares sobre este derecho, los analistas coinciden en que el objetivo principal de estas acusaciones respondía a una necesidad táctica: desviar la conversación pública.
Mientras la agenda social y mediática comenzaba a pivotar en torno a la crisis de la vivienda —un terreno donde el Ejecutivo encuentra mayor sintonía con el votante medio—, los señalamientos de supuesto pucherazo devolvieron el foco a la confrontación institucional. Para el profesor de Ciencia Política en la Universidad de Duke, Pablo Beramendi, esta dinámica busca generar hastío en los votantes moderados para deprimir la participación.
Es una estrategia consciente e irresponsable de muchos partidos de la ultraderecha, resume Beramendi, quien añade que cuestionar las normas ante la falta de propuestas concretas constituye una fuente permanente de ruido político. Para el Partido Popular, sin embargo, esta línea discursiva genera tensiones internas, ya que al candidato favorito en las encuestas no le beneficia erosionar la credibilidad del sistema que aspira a dirigir.
El peligro de la desafección democrática
El impacto último de estas campañas de deslegitimación no solo moviliza a los núcleos duros de la derecha, sino que propaga una peligrosa indiferencia en los sectores menos ideologizados de la ciudadanía. Cuando el elector percibe que su papeleta no tendrá efecto por la existencia de amaños, el desinterés se apodera del proceso.
Frente a esta deriva, Stokes subraya la necesidad de blindar el sistema participativo. Es importante resistir ante esa idea-trampa, porque la participación democrática es, precisamente, nuestra mejor arma contra los impulsos autocráticos, concluye la directora del Centro para la Democracia de la Universidad de Chicago, recordando que aceptar las reglas implica asumir la posibilidad de la derrota sin destruir los cimientos del Estado.
