Un cambio de timón en la economía nacional
Recientes reportes divulgados por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) ponen de manifiesto una transformación profunda en los fundamentos que impulsan la actividad económica del país. Tras varios trimestres donde el gasto interno de las familias sostuvo la expansión, los registros oficiales muestran que la formación de capital y los desembolsos en infraestructura comienzan a tomar el relevo como principales impulsores.
Durante la etapa posterior a la contingencia sanitaria, el dinamismo financiero dependió casi en su totalidad del poder adquisitivo de los hogares. Este fenómeno estuvo respaldado por la repunte en la ocupación laboral, las mejoras salariales, los apoyos gubernamentales y los flujos de dinero provenientes del extranjero que marcaron récords históricos consecutivos.
Sin embargo, dicho impulso muestra señales claras de agotamiento, un comportamiento que quedó reflejado con nitidez en las estadísticas oficiales correspondientes al séptimo mes del año.
La inversión toma la delantera frente a la desaceleración del consumo
El comportamiento de los principales agregados macroeconómicos revela trayectorias divergentes. Por un lado, la inversión fija bruta experimentó un incremento anual del 6.6 por ciento durante julio, hilando cuatro meses consecutivos con cifras positivas tras haber atravesado un ciclo de 17 meses de contracciones que concluyó en abril pasado.
En contraste, el consumo privado mostró un estancamiento frente al periodo inmediato anterior y redujo su tasa anual al 1.1 por ciento. Esta cifra contrasta con el 1.6 por ciento observado en junio y el 2.3 por ciento registrado al arranque del año. Si bien este indicador no experimenta un colapso, pues acumula 15 meses de variaciones positivas anuales, cada reporte refleja menor vigor que el anterior.
Este proceso de transición en los motores de la economía se ha desarrollado en dos fases bien definidas. Entre enero y julio, el gasto gubernamental en capital físico avanzó un 10.2 por ciento, impulsado principalmente por proyectos ferroviarios y obras vinculadas a estrategias federales, mientras que el sector privado apenas avanzó un 0.4 por ciento.
No obstante, el reporte de julio marcó el inicio de una segunda etapa donde la inversión privada repuntó un 6.7 por ciento a tasa anual, superando incluso al gasto gubernamental, que creció un 6.2 por ciento. Cabe destacar que este componente representa aproximadamente el 85 por ciento del total de la formación de capital, por lo que su reactivación resulta indispensable para sostener el ritmo general.
Análisis aritmético y el impacto en el producto interno bruto
Al evaluar los pesos específicos de cada variable dentro de la estructura general, se comprende la magnitud de este relevo. El consumo de las familias abarca cerca del 70 por ciento del producto interno bruto, mientras que la inversión fija representa aproximadamente una cuarta parte. Debido a estas proporciones, una expansión del 6 por ciento en la formación de capital aporta al producto global prácticamente lo mismo que un incremento del 2 por ciento en el gasto de los hogares.
Durante el séptimo mes, la aportación de la inversión al crecimiento duplicó a la del consumo, registrando cerca de 1.6 puntos frente a 0.8 puntos. No obstante, al evaluar el acumulado de los primeros siete meses del año, la historia es distinta: la inversión muestra un avance del 1.7 por ciento, partiendo de una base deprimida tras la caída del 6.7 por ciento sufrida en 2025, mientras que el consumo acumula un incremento del 2.0 por ciento.
Factores detrás de la moderación del gasto familiar
La pérdida de fuerza en el consumo de las familias responde a tres elementos fundamentales documentados por analistas y cifras oficiales. En primer lugar se encuentra el mercado laboral: en los primeros ocho meses del periodo se formalizaron 281 mil puestos ante el IMSS, lo que representa un avance limitado al 1.2 por ciento, registrando incluso caídas mensuales en julio.
En segundo término operan las remesas familiares. Tras registrar su primera contracción anual en más de una década durante 2025 con una baja del 4.6 por ciento, y tras un breve periodo de recuperación, los envíos sumaron 5 mil 452 millones de dólares en agosto, lo que significó un retroceso del 3.6 por ciento en comparación anual, agravado por la pérdida de poder adquisitivo del dinero recibido debido al tipo de cambio.
Finalmente, un porcentaje significativo del consumo actual se destina a la adquisición de mercancías extranjeras. Los bienes importados acumulan un alza del 8.1 por ciento entre enero y julio —destacando los duraderos con un 12.9 por ciento—, al tiempo que los productos de fabricación nacional apenas aumentan un 0.3 por ciento.
Retos y perspectivas de cara al futuro
El nuevo esquema de crecimiento económico enfrenta desafíos considerables. El pilar gubernamental de la inversión opera bajo un margen fiscal reducido debido al objetivo de disminuir el déficit fiscal, al tiempo que la iniciativa privada demanda mayor certidumbre normativa y comercial para materializar sus proyectos.
Pese a los riesgos latentes, las autoridades y analistas coinciden en que la acumulación de capital representa la base fundamental para elevar la capacidad productiva, generar empleos formales y garantizar el bienestar futuro de los hogares mexicanos durante los próximos ejercicios fiscales.
