El inicio de la ceguera política en México
Durante la primera mitad de la administración pasada, la dinámica gubernamental comenzó a fracturarse de manera evidente. El entonces presidente Andrés Manuel López Obrador adoptó una postura de cerrazón, ignorando por completo cualquier perspectiva disonante o crítica hacia sus decisiones. Este ejercicio del poder sin contrapesos reales propició un escenario donde las ocurrencias y los errores de gestión se multiplicaron exponencialmente.
Lejos de reconocer las fallas estructurales, la narrativa oficial optó por construir una realidad alterna. Este fenómeno marcó el inicio de lo que analistas y críticos han calificado como una profunda embriaguez de autoridad, un estado mental caracterizado por la desconexión total con los problemas cotidianos de la ciudadanía y un desprecio sistemático por el orden democrático.
La continuidad del autoritarismo bajo la nueva administración
La llegada de Claudia Sheinbaum a la presidencia no significó un cambio de rumbo, sino una prolongación de las mismas dinámicas. A pesar de los retrocesos documentados en áreas prioritarias como salud, educación, seguridad pública y el crecimiento de la corrupción, el discurso oficial mantiene una defensa férrea de los supuestos logros alcanzados.
Mientras tanto, diversas publicaciones e índices internacionales advierten de manera constante sobre el debilitamiento institucional en México. Las comparaciones con regímenes autoritarios del pasado ya no provienen únicamente de la oposición interna, sino que forman parte del análisis global sobre el rumbo político del país.
¿Qué es el síndrome de hybris en la política contemporánea?
El concepto clínico conocido como síndrome de hybris describe a la perfección los síntomas que experimentan ciertos líderes al concentrar facultades extraordinarias. Derivado de la mitología y la filosofía griega, este término alude a una combinación peligrosa de arrogancia desmedida, ambición sin límites y la convicción absoluta de poseer la verdad inalterable.
Históricamente, este comportamiento ha sido estudiado en personajes que ejercieron el poder de forma tiránica. En su obra clásica El Poder y la Enfermedad, el especialista David Owen detalla cómo figuras como Adolf Hitler perdieron la capacidad de escuchar a su entorno:
La mayoría de los elementos del síndrome de “hybris” aparecen superpuestos a la aparente racionalidad de Hitler. Hitler había llegado a un punto en su mando en el que sus juicios, sus ideas y sus percepciones eran lo único que contaba. Se había vuelto totalmente impermeable a las opiniones de los demás y estaba cometiendo errores enormes, errores característicos de la hybris.
Las similitudes entre aquel aislamiento patológico y el ejercicio gubernamental reciente en territorio mexicano resultan alarmantes. Entre los indicadores más claros de este padecimiento destacan la confianza excesiva, el desprecio por los consejos profesionales, la intolerancia ante la derrota y un distanciamiento progresivo de las necesidades reales de la población.
Rasgos compartidos del populismo moderno
Al analizar las estrategias políticas de administraciones con tintes populistas, es posible identificar patrones recurrentes que coinciden con los manuales de regímenes autocráticos. Entre los elementos más distintivos se encuentran:
- Nacionalismo exacerbado: La pretensión de encarnar la única voz legítima de la sociedad, dividiendo a la población entre quienes apoyan al régimen y quienes son considerados enemigos.
- Creación de antagonistas: La invención constante de culpables externos, tales como sectores conservadores, intelectuales críticos o adversarios políticos, para justificar cualquier crisis.
- Ataques a la libertad de expresión: La descalificación sistemática hacia periodistas y académicos que cuestionan las cifras oficiales o revelan abusos de poder.
- Uso político del miedo: La normalización de la violencia y la incapacidad para frenar a las organizaciones criminales, generando un clima de zozobra social.
- Militarización institucional: La asignación de tareas civiles a las fuerzas armadas, debilitando los contrapesos democráticos y alterando el equilibrio republicano.
La persistencia de estas prácticas confirma que el ejercicio gubernamental en México sigue atrapado en una dinámica de cerrazón y soberbia, cuyas consecuencias continúan erosionando las bases del Estado de derecho.
