Los orígenes de un método bajo la lupa
Durante el verano de 2017, la fuerza política encabezada por Andrés Manuel López Obrador operaba en un escenario completamente distinto al actual. Sin gubernaturas bajo su control y con la meta puesta en la jefatura de gobierno de la capital del país, la dirigencia optó por un mecanismo de sondeos de opinión para definir a su abanderado, intentando evitar los métodos tradicionales de designación directa característicos de otras fuerzas políticas.
Sin embargo, el desenlace de aquel primer ejercicio democrático interno estuvo lejos de generar consenso. El 25 de agosto de ese año, el diario El País resumió la conclusión de esa eliminatoria para la Ciudad de México: “Sheinbaum fue elegida anoche en un proceso consistente en una encuesta sobre la que se desconoce cómo, cuándo, dónde y a quién se hizo”.
Incertidumbre y reclamos entre la militancia
El malestar inicial no tardó en reflejarse al interior de la organización partidista. El reportero Jacobo García profundizó en el impacto de la decisión al señalar que “el primer esfuerzo público de democracia interna de la joven formación de izquierdas no resultó como se esperaba. En un intento por marcar diferencias con el PRI y no repetir el famoso ‘dedazo’ con el que los mandatarios designaban a su sucesor, el presidente del partido en la Ciudad de México, Martí Batres, anunció que un ‘comité de encuestas’, nombrado por otro comité superior, elaboraría una serie de sondeos internos de donde saldría el candidato. El resultado ha sido desconcertante donde más duele, entre la militancia. Donde la duda sobre honorabilidad del líder ni se cuestiona”.
La contienda interna reunió inicialmente a figuras clave como Martí Batres, Claudia Sheinbaum —entonces titular en Tlalpan—, Ricardo Monreal y posteriormente a Mario Delgado. Ante las dudas sobre la equidad del proceso y los señalamientos sobre posibles dados cargados, la dirigencia nacional tuvo que salir a la defensa del método argumentando que se trataba de un ejercicio transparente y ajeno a las viejas prácticas.
La ruptura de Ricardo Monreal y la opacidad en las cifras
El desenlace confirmó los temores de diversos sectores del movimiento. Tras revelarse el sondeo definitivo que favorecía a la alcaldesa de Tlalpan, las reacciones fueron divididas: mientras algunos aspirantes aceptaron los números, Ricardo Monreal expresó su rechazo absoluto y amagó con emprender caminos independientes.
“Lucho contra la nomenclatura”, sentenció el entonces alcalde de la Cuauhtémoc al manifestar su inconformidad con la falta de claridad en el proceso, añadiendo que “vamos a hacer lo que la gente quiera y decida”. Incluso, en medio de la disputa, el zacatecano llegó a evaluar posturas contrarias a la designación oficial.
Por su parte, ante los cuestionamientos sobre el favoritismo, Claudia Sheinbaum respondió tajante: “Acusan dedazo porque soy mujer”. Pese a ello, la presión pública obligó a la cúpula partidista a revelar los porcentajes definitivos, donde la entonces ganadora obtuvo un 15.9% de las preferencias, seguida por Martí Batres con el 10.1%, Ricardo Monreal con el 9.7%, y una categoría de rechazo que alcanzó el 22.9% bajo la opción de “Ninguno”.
La opacidad también rodeó la autoría de los estudios demoscópicos. Fue necesaria la intervención del entonces Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (Inai) para ordenar al partido que hiciera públicos los nombres de los integrantes de su Comité de Encuestas, integrado por Juan Morales Velasco, Raymundo Artís Espriú y Carlos Emiliano Calderón Mercado, quienes carecían de trayectoria reconocida en casas encuestadoras especializadas, según documentó El Financiero el 21 de diciembre de 2017.
De esta manera, el arranque de la trayectoria ascendente de Claudia Sheinbaum hacia la máxima magistratura del país estuvo marcado por tensiones internas similares a las que posteriormente experimentarían otras regiones, evidenciando una resistencia persistente a la rendición de cuentas en los procesos de selección.
