Una crisis que se prolonga sin tregua
La situación de violencia en Sinaloa ha superado la barrera de los dos años sin que se vislumbre una mejoría real en el horizonte. Las estadísticas oficiales confirman este panorama adverso: la semana pasada se posicionó como la segunda más violenta desde 2024. Mientras tanto, la presencia de las fuerzas armadas federales opera bajo un esquema similar a una ocupación militar. Ante este escenario, la respuesta gubernamental ha girado en torno a la infraestructura penitenciaria.
A principios de octubre, la administración estatal confirmó planes para levantar un nuevo reclusorio en la entidad. Este anuncio se dio prácticamente a la par de una riña en el penal de Mazatlán que inicialmente dejó 10 fallecidos. Con el respaldo posterior de Omar García Harfuch, titular de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana a nivel federal, el saldo fatal de dicho conflicto interno ascendió a 12 víctimas mortales.
El debate sobre el sistema penitenciario
Especialistas en la materia cuestionan si la edificación de centros de reclusión debe considerarse una prioridad para pacificar la región. Para analizar esta disyuntiva, resulta pertinente voltear a ver las reflexiones de la doctora en antropología Elena Azaola, investigadora del CIESAS, plasmadas recientemente en publicaciones académicas dedicadas al sistema carcelario.
“En México las cárceles son, sin duda, uno de los desafíos más grandes para la seguridad y la justicia, un eslabón que, a pesar de desempeñar un papel crucial, nadie quiere voltear a ver”, señala la experta. “La mayoría piensa que los que están ahí se lo tienen bien ganado y casi nadie se preocupa por conocer esos espacios, por acercarse a ver cómo viven quienes, en los hechos, son tratados como desechables. ‘Que se refundan ahí el mayor tiempo posible’, suele ser la expresión más frecuente entre quienes dicen buscar justicia”.
Asimismo, la especialista destaca que las prisiones funcionan como un espejo de los dilemas sociales más profundos: “La prisión nos ofrece múltiples paradojas (…) todo lo que sucede dentro no es sino una réplica, una manifestación amplificada y muchas veces grotesca de los conflictos y las contradicciones que caracterizan a una determinada sociedad. (…) Son un microcosmos capaz de revelar aquello que la sociedad pretende esconder”.
Desigualdad y falta de policías locales
El análisis de Azaola pone de relieve que los reclusorios albergan primordialmente a sectores vulnerables: “Quienes se encuentran ahí no son necesariamente los delincuentes de mayor calado, sino una y otra vez jóvenes pobres de zonas marginadas. La cárcel, lejos de reformarlos, acentúa y perpetúa su exclusión (…) No resulta exagerado afirmar que nuestro país no podrá alcanzar la paz mientras las cárceles continúen siendo espacios para quienes, en los hechos, son considerados enemigos desechables y a quienes, cotidianamente se denigra y degrada de su condición humana”.
Adicionalmente, la investigadora señala que aproximadamente 100 mil personas permanecen privadas de la libertad en el país sin recibir una sentencia condenatoria que compruebe su responsabilidad.
Por otro lado, analistas locales como el periodista Adrián López han advertido desde tiempo atrás sobre la aguda escasez de elementos policiales en el territorio sinaloense. La llegada masiva de efectivos federales —que superaron los 11 mil elementos desplegados en distintos momentos de la emergencia— responde a la incapacidad operativa de las corporaciones locales.
Las cifras reflejan un déficit crítico: Sinaloa registra una proporción de 0.33 policías por cada mil habitantes, una cifra muy lejana al estándar internacional de tres agentes sugerido por la Organización de las Naciones Unidas. En contraste, otras regiones del país multiplican significativamente esta capacidad operativa.
La interrogante central radica en si la solución definitiva provendrá de erigir nuevos espacios de reclusión o de consolidar fiscalías y policías locales profesionales capaces de prevenir la criminalidad, investigar con eficacia y procesar adecuadamente a los infractores.
