Contra la marea digital, la cantante argentina Sofía Rei presenta su folclor futurista en la Ciudad de México
En una época donde la industria musical se encuentra dominada por algoritmos predictivos y herramientas de inteligencia artificial capaces de componer melodías en cuestión de segundos, existen propuestas que apuestan por la resistencia creativa. La cantautora sudamericana Sofía Rei ha desarrollado su trayectoria de manera independiente, manteniéndose al margen de las presiones comerciales y encontrando en la autenticidad una vía para destacar en el panorama actual.
“Siento que es un momento para los artistas de buscar lo que más los define de una manera personal, de la forma más personal que puedas presentarte, de lo más constitutivo de tu experiencia, de tu barrio, de tu experiencia de vida, de lo que hiciste, de quién sos vos, de quién era tu familia, de dónde viniste, de lo que te rodeó, de estar pendiente y atento a tu circunstancia. Eso va a hacer que te diferencies de un mar cada vez más grande, cada vez más gigante de lo mismo”, expresó la intérprete.
Las raíces y el salto a la escena internacional
La formación musical de la artista comenzó en el entorno doméstico, donde tuvo un acercamiento temprano con el folclor argentino, chileno y brasileño, además de la música clásica. Tras consolidar una base técnica como cantante lírica, su interés se desplazó hacia el jazz y la improvisación, decisiones que la condujeron a radicar en Estados Unidos. De forma imprevista, fue en territorio estadounidense donde profundizó su vínculo con las expresiones sonoras de América Latina, tanto desde su faceta creativa como en su rol de docente universitaria.
“No había conocido la diversidad de géneros latinoamericanos que conocí en la ciudad de Nueva York. Y empecé a participar en proyectos de músicas de todo tipo, ya sea tradicionales o gente que estaba buscando algo nuevo en el ámbito de la música cubana, venezolana, colombiana, peruana, uruguaya. Entonces, eso me dio muchísimo ímpetu para entender cómo se relacionaban esas músicas entre sí y pasó a ser como el alma de mi proyecto, este folclore de Latinoamérica y en particular de Sudamérica”, puntualizó.
Antónima y la fuerza colectiva de las voces femeninas
Este bagaje multicultural cimentó las bases de Antónima, séptimo álbum de Sofía Rei, un proyecto discográfico que reunió su talento con el de ocho referentes fundamentales de la música latina contemporánea, entre las que destacan Mireya Ramos —fundadora de Flor de Toloache—, la guatemalteca Gaby Moreno y la cubana Daymé Arocena.
El origen de este material fonográfico se remonta a una lista de reproducción creada originalmente para sus alumnos con la intención de mostrarles nuevas corrientes sonoras latinoamericanas. Al percatarse de que el 90% de los proyectos seleccionados pertenecían a mujeres, decidió materializar su aspiración de consolidar un disco colaborativo.
“Para mi sorpresa, me dijeron que sí. Todas estaban desparramadas desde Buenos Aires hasta distintas ciudades de Estados Unidos. Entonces fue un proyecto de largo plazo, tratar de encontrarnos físicamente, porque nada se grabó remoto”, detalló la compositora, quien trabajó en siete ciudades diferentes combinando instrumentación tradicional con elementos electrónicos.
Un concepto más allá de las etiquetas tradicionales
Ante la habitual exigencia de clasificar las propuestas artísticas dentro de categorías rígidas, la creadora propone un término que dialoga directamente con la hibridación sonora del presente.
“Empecé a utilizar el término de folclor futurista para definir de una forma sencilla lo que estamos haciendo. No sé si es folclor futurista, pero de alguna manera sí. Estas músicas traen a colación raíces, músicas tradicionales, músicas que tienen muchos años de elaboración y actualizándose en el sentido de hermanarlas con otro tipo de géneros que están siendo parte de nuestro ecosistema musical y de nuestro ADN musical”, concluyó.
El público capitalino podrá disfrutar de este repertorio en un concierto gratuito programado en el Lobby del Edificio E del Palacio Legislativo de San Lázaro, como parte de las actividades itinerantes que complementan su paso por el circuito cultural del país.
