Refugio en Estados Unidos para el clan Bolsonaro
La administración encabezada por Donald Trump ha confirmado su disposición para conceder los permisos migratorios necesarios al excandidato presidencial brasileño Flávio Bolsonaro y a su círculo familiar más cercano. Voces del Departamento de Estado estadounidense, organismo bajo la dirección de Marco Rubio, respaldaron la medida que facilitará su llegada al territorio norteamericano tras abandonar suelo brasileño en medio de un complejo escenario judicial.
La salida del político se concretó de manera repentina, coincidiendo con el vencimiento del plazo fijado por el Tribunal Supremo para el confinamiento de sus documentos de viaje. Las autoridades judiciales habían ordenado la retención de sus pasaportes ordinario y diplomático apenas minutos después de oficializarse su derrota en los comicios frente al actual mandatario, Luiz Inácio Lula da Silva.
Causas judiciales y antecedentes familiares
El dirigente ultraderechista enfrenta severas investigaciones en su país por delitos que incluyen blanqueo de capitales, evasión fiscal y presuntas redes de corrupción vinculadas al sector de apuestas y a la financiación irregular de producciones audiovisuales. A esto se suma el escrutinio sobre posibles acuerdos de campaña con organizaciones extranjeras.
Este movimiento migratorio recuerda la situación de otros miembros de su familia, como su hermano Eduardo Bolsonaro, residente en Estados Unidos desde febrero de 2025 y sobre quien pesa una condena judicial de más de cuatro años de prisión en Brasil por coacción y presiones ilegales contra el gobierno de Brasilia.
Un patrón histórico en la política regional
Especialistas en política internacional señalan que Estados Unidos ha funcionado históricamente como un destino frecuente para diversas figuras de la derecha latinoamericana que buscan evadir procesos penales. Francesca Emanuele, analista del think tank CEPR en Washington DC, subraya que “la lista es extensa y abarca desde expresidentes como Ricardo Martinelli, de Panamá, y Gonzalo Sánchez de Lozada, de Bolivia, hasta dictadores como Anastasio Somoza, de Nicaragua”.
La misma experta contrasta esta postura de huida con la actitud asumida en el pasado por el actual presidente brasileño: “Lula permaneció en su país, se enfrentó al proceso judicial y soportó 580 días en prisión antes de que sus condenas fueran finalmente anuladas”, destacando el apego a las instituciones locales frente a las opciones de exilio.
