El estatus jurídico y la herencia colonial
La discusión en torno a la colonialidad de las fronteras examina cómo las dinámicas de poder del pasado continúan modelando el diseño y la gestión territorial actual. Según la antropóloga Ann Laura Stoler, este fenómeno se manifiesta como escombros imperiales, donde la violencia estatal sigue configurando la realidad contemporánea.
Desde la perspectiva del derecho internacional, diversos teóricos apuntan que las normativas globales reflejan un sesgo occidental. En su obra, el jurista Anthony Angie señala que las fronteras trazadas por las antiguas potencias gozan de una presunción de legitimidad superior, dificultando el reconocimiento de reclamaciones procedentes del Sur Global.
El único territorio de España como potencia administradora pendiente de descolonizar es el Sáhara Occidental, según la ONU. Ceuta y Melilla nunca han estado incluidas en esa lista. Marruecos intentó, sin éxito, incluir el expediente de Ceuta y Melilla en el Comité Especial de Descolonización para lograr su incorporación a la lista de territorios no autónomos. Por tanto, de acuerdo con la ONU y el derecho internacional, Ceuta y Melilla no pueden considerarse enclaves coloniales
La posición de las Naciones Unidas
El listado de Territorios No Autónomos de la ONU refleja el contexto de su creación en 1946, cuando apenas 72 territorios formaban parte de un proceso condicionado por los Estados administradores. Las colonias españolas se incorporaron formalmente más tarde, en el año 1963.
Actualmente, el único territorio español pendiente de descolonización ante el organismo internacional es el Sáhara Occidental. Los intentos de Rabat por modificar esta clasificación para incluir a las ciudades autónomas no han prosperado, consolidando su estatus legal fuera de dicha categoría.
De bases militares a la externalización fronteriza
Históricamente, ambos enclaves mantuvieron su vinculación con la península al margen del protectorado marroquí vigente entre 1912 y 1956. Diversos tratados históricos firmados con los gobernantes locales ratificaron la soberanía española sobre estos territorios.
Ceuta y Melilla fueron presidios, enclaves militares y comerciales y, desde la integración europea, se han convertido en frontera exterior europea en África con la principal función del control migratorio. Es decir, han pasado de ser instrumentos del poder colonial español para cuestiones militares y comerciales a un instrumento europeo del control fronterizo sobre África
Investigadores como Angela Sagnella y Martin Lemberg-Pedersen analizan la evolución de estos espacios. Su función ha mutado desde la expansión militar y comercial hasta transformarse en pilares fundamentales de la contención migratoria impulsada por la Unión Europea en el continente africano.
Retos socioeconómicos y cooperación regional
En el plano práctico, las relaciones a ambos lados de la frontera se ven obstaculizadas por tensiones políticas y restricciones comerciales. La exigencia de visados para residentes de localidades vecinas como Tetuán y Nador ha incrementado el aislamiento económico de la región.
A pesar de las profundas desigualdades y las reclamaciones territoriales encontradas, expertos señalan que fomentar una mayor integración comercial y laboral podría reducir los conflictos, dinamizar la economía local y garantizar una gestión fronteriza más segura y cooperativa.
