<div>Belén Sanz, directora de ONU Mujeres para Europa: "La brecha entre gasto en defensa y en igualdad es inasumible"</div>

La responsable de ONU Mujeres para Europa y Asia Central ha participado en la V Conferencia de Política Exterior Feminista que se ha celebrado estos días en Madrid
¿Existe la política exterior feminista? Estados y sociedad civil se unen para hacer diplomacia frente a la reacción ultra
La V Conferencia de Política Exterior Feminista se ha celebrado esta semana en Madrid con más de 700 personas procedentes de ministerios de asuntos exteriores, organismos internacionales y sociedad civil, y con críticas a su falta de interseccionalidad. Belén Sanz, responsable de ONU Mujeres para Europa y Asia Central, ha sido una de las participantes de un encuentro que ha tenido como ejes la participación política de las mujeres, la sociedad del cuidado, o la financiación de las políticas de igualdad. La declaración final, a la que se han sumado 28 Estados, alertaba sobre el impacto de la desinformación y los discursos antiderechos, e instaba a lograr la paridad y a aumentar los recursos para la igualdad.
¿Qué nivel de coherencia se puede pedir a la política exterior feminista? En la Conferencia han participado países en los que, por ejemplo, el aborto está prohibido o fuertemente limitado o que no reconocen políticas específicas para la violencia de género. ¿Es una manera de presionar a esos países o puede ser considerado pinkwashing?
Es importante recordar que uno de los objetivos de las políticas exteriores feministas o con enfoque de género es que avancen los compromisos internacionales en materia de igualdad. Todos los países que han suscrito acuerdos internacionales en ese sentido, particularmente la Convención para la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, tienen que rendir cuentas sobre sus avances y en este sentido las conferencias internacionales son una oportunidad. Desde luego que nuestra aspiración es que haya una coherencia interna y externa, que los países que están desarrollando un apoyo al multilateralismo con enfoque de género, a su vez avancen en la implementación de esas políticas a nivel nacional. Este tipo de plataformas ayudan a generar un mayor nivel de cambio en los países y a que haya un intercambio de buenas prácticas.
Enfrentamos una corriente de retrocesos en materia de igualdad de género y derechos de las mujeres que está generando que uno de cada cuatro países manifieste que hay algún tipo de retroceso en esa materia. A pesar de ello, la mayoría de los estados miembros de las Naciones Unidas sigue impulsando el avance en materia de derechos de las mujeres
Esta Conferencia tiene lugar en un mundo en el que están sucediendo alianzas muy opuestas. Hay una alianza internacional que tiene en el centro de su eje político una crítica al concepto de violencia de género o el cuestionamiento de los derechos sexuales y reproductivos. ¿Qué diagnóstico hace del momento en el que estamos?
Desde ONU Mujeres hemos documentado ampliamente el hecho de que enfrentamos una corriente de retrocesos en materia de igualdad de género y derechos de las mujeres que está generando que uno de cada cuatro países manifieste que hay algún tipo de retroceso en esa materia. Además, existe una disminución en la financiación de organizaciones de la sociedad civil que se encargan de tareas centrales de apoyo y acceso a servicios e incluso de salvar vidas en contextos de conflicto. Y vemos también que hay una corriente de oposición y de cuestionamiento a la esencia misma de los derechos de las mujeres. Nuestro diagnóstico es preocupante y tenemos que ser capaces de hacer frente a estos retrocesos.
A pesar de ello, la mayoría de los Estados miembros de las Naciones Unidas sigue impulsando el avance en materia de derechos de las mujeres. En la Comisión del Estatus de la Mujer de este año, que es el encuentro internacional más importante en esta materia, se generaron importantes debates. Algunos países trataron de cuestionar el enfoque mismo de la igualdad de género y otros conceptos que están avalados por los acuerdos internacionales. A pesar de ello, la mayoría abrumadora de países adoptó por consenso unas conclusiones que no solo reafirman los derechos de las mujeres, sino que avanzan en temas centrales como los cuidados, o la violencia contra las mujeres. Es decir, el contexto no es favorable en la medida en que hay corrientes muy fuertes opositoras a la agenda de igualdad, pero es importante que sigamos sumando voluntades y que recordemos que la mayoría abrumadora de países están comprometidos con este avance.
¿Está la interrupción voluntaria del embarazo en riesgo? ¿Con qué argumentos se puede o se debe ahora, digamos, contrarrestar esa corriente?
Los derechos sexuales y reproductivos son derechos fundamentales de las mujeres y que debemos proteger en todos los contextos. Son derechos asociados a la salud y a la violencia contra las mujeres y por lo tanto desde Naciones Unidas impulsamos que los países garanticen que las mujeres tengan derecho a elegir sobre su propia vida y sobre su propio cuerpo en condiciones de seguridad tanto jurídica como de acceso a la salud.
Ante cualquier riesgo de retroceso es importante recordar que los países cumplan con los estándares internacionales, y esos estándares indican que las mujeres tienen que tener sus derechos sexuales y reproductivos protegidos. Es importantísimo apoyar a las organizaciones de la sociedad civil, que son quienes han impulsado y abogado por que los derechos sexuales y reproductivos se mantengan en la agenda. Los derechos de las mujeres no se pueden dividir en trocitos, son derechos interconectados, integrales.
La tendencia que estamos observando es que las organizaciones de la sociedad civil están sufriendo importantes recortes. Hemos hecho un análisis de más de 400 organizaciones a lo largo del mundo: al menos un 30% de las organizaciones de mujeres han tenido que interrumpir sus operaciones o cerrar del todo
Sobre la financiación, ¿ha habido un cambio de tendencia?, ¿se están desfinanciando organizaciones y proyectos con enfoque feminista en todo el mundo?
En financiacion vemos la brecha enorme que existe en el mundo, por ejemplo, entre defensa y gasto militar y desarrollo e igualdad de género. Esa brecha es inasumible. Si invirtiéramos esos recursos en igualdad de género, la aceleración en materia de desarrollo sostenible sería infinita. Es importante que revisemos cuáles son las prioridades de financiación de los países. La tendencia que estamos observando, además, es que las organizaciones de la sociedad civil están sufriendo importantes recortes.
Hemos hecho un análisis de más de 400 organizaciones a lo largo del mundo en distintas regiones y estos informes nos indicaron que al menos un 30% de las organizaciones de mujeres han tenido que interrumpir sus operaciones o cerrar del todo. Los países deben entender que mientras sigamos priorizando la financiación en gasto militar y desdeñando la inversión en desarrollo sostenible y derechos humanos, la verdadera paz que estamos buscando va a estar en riesgo.
En España se ha popularizado un término para descalificar a las organizaciones feministas que reciben dinero: chiringuitos feministas. ¿Puede explicar a qué se dedican muchas de estas organizaciones que ahora están dejando de recibir financiación, cuáles son sus objetivos, su función, sus actividades?
Estamos hablando de organizaciones que, por ejemplo, dan apoyo directo a víctimas de violencia, o a mujeres que han sido afectadas por una guerra, así que tiene que ver con salvar vidas. Pero hay que hablar sobre su tarea de abogacía: en todos los países del mundo donde ha habido avances en derechos, por ejemplo, al voto, a un salario igualitario, a una educación digna, al derecho a la salud… todos estos avances legislativos han tenido detrás un impulso de las asociaciones de mujeres, que se organizan en torno a una agenda estratégica y política para el avance de la igualdad.
Las organizaciones tienen una labor fundamental en acompañar a los gobiernos a nivel nacional y local para garantizar el acceso a servicios básicos por parte de las mujeres, para diseñar políticas públicas e incluso en la provisión de servicios directamente a mujeres. Por eso, desde ONU Mujeres insistimos en que no podemos desfinanciar a las organizaciones porque eso sería desfinanciar la agenda de igualdad y tendría un efecto directo no solo en los derechos de las mujeres, sino en los propios Objetivos de Desarrollo Sostenible.
En la Conferencia varias ponentes hablaron de la necesidad de ampliar o de cambiar el concepto de seguridad. ¿Es necesario que la seguridad se entienda no solo como un asunto de protección de territorios sino también de protección de las personas y de garantizar vidas dignas y libres de violencia?
Exactamente. Los derechos humanos tienen que centrarse en la seguridad humana. Naciones Unidas ha generado suficiente evidencia sobre el hecho de que la seguridad tiene que tener un enfoque integral, que no se centre solo en la defensa, sino también en la generación de oportunidades para la ciudadanía, para la sociedad en materia de desarrollo y de derechos humanos. Un enfoque de género en la seguridad permite entender que la seguridad implica acceso de las mujeres a la salud, acceso al trabajo, a la educación… y eso redunda en un mayor desarrollo para toda la sociedad. Y en un momento en el que tantas guerras y conflictos están activos en el mundo es más necesario que nunca que repensemos la seguridad con enfoque de género.
Nos preocupa profundamente el hecho de que en el ámbito digital esa violencia está aumentando en coordinación y sofisticación. El último estudio de ONU Mujeres mostró que el 70% de las defensoras de derechos humanos, activistas y periodistas ha sufrido violencia en línea y el 41% afirma que esa violencia se trasladó al mundo físico mediante acoso, amenazas o agresiones.
¿Es la violencia digital una variante en auge de la violencia de género? ¿Está teniendo la relevancia que merece, estamos tomando en serio el asunto?
La violencia contra las mujeres sigue siendo un problema. A pesar de ello, es importante señalar que cuando existen legislaciones específicas, la violencia disminuye. Nos preocupa profundamente el hecho de que en el ámbito digital esa violencia está aumentando en coordinación y sofisticación. El último estudio de ONU Mujeres mostró que el 70% de las defensoras de derechos humanos, activistas y periodistas ha sufrido violencia en línea y el 41% afirma que esa violencia se trasladó al mundo físico mediante acoso, amenazas o agresiones. Es un porcentaje altísimo y eso teniendo en cuenta que hay muchas mujeres que aún no reportan esta violencia.
Hay que hablar de cómo esta violencia está ejerciéndose sobre periodistas y mujeres con visibilidad pública, incluyendo mujeres en política, y señalar que tiene enormes consecuencias, como la autocensura, la posibilidad de ejercer su profesión, pero también consecuencias en salud mental. Es urgente atender este asunto, que haya protocolos específicos de apoyo. ONU Mujeres está trabajando en una estrategia global para apoyar a las profesionales en este sentido e impulsar que los países generen protocolos específicos de protección y de apoyo.
¿Es la Inteligencia Artificial un nuevo riesgo en este sentido?
La IA puede suponer avances, pero también riesgos. Sabemos que la manera en la que se diseñan las herramientas de IA reproduce sesgos de género y, además, se están utilizando para acosar directamente a las mujeres. El abuso por medio de inteligencia artificial no es casual, busca silenciar a las mujeres, desacreditarlas y expulsarlas de los espacios públicos y democráticos. La propiedad de mucha de estas empresas debe democratizarse, deben entrar muchas más mujeres en este sector y debemos tratar de que la mirada de género se introduzca.
Es hora de que una mujer asuma el liderazgo de la ONu. Estamos seguras de que en en el momento actual, con la cantidad de crisis y conflictos que se entrecruzan, que una mujer esté al frente del organismo internacional más importante que tiene la humanidad va a dar una señal al mundo de que es posible un liderazgo incluyente y comprometido con la igualdad de los derechos de las mujeres
Hay un movimiento internacional, del que España es parte, para que la próxima persona que lidere las Naciones Unidas sea una mujer. ¿Cuál es la posición de ONU Mujeres?
Nos parece que tras 80 años en los que no ha habido una sola mujer liderando esta organización ya es hora de que una mujer pueda asumir esta responsabilidad. Estamos seguras de que en el momento actual, con la cantidad de crisis y conflictos que se entrecruzan –guerras, cambio climático, derechos humanos…–, que una mujer esté al frente del organismo internacional más importante que tiene la humanidad va a dar una señal al mundo de que es posible un liderazgo incluyente y comprometido con la igualdad de los derechos de las mujeres. Así que esperamos que los Estados miembros en sus deliberaciones se den cuenta de que ya es hora de que una mujer lidere este organismo.
También hay liderazgos femeninos reaccionarios. ¿No es un riesgo pedir que sea una mujer sin poner otros requisitos? ¿No es esencializante reivindicar que sea una mujer sin hablar de qué principios e ideas debería tener esa persona?
Lo que hay que pedirle a todos los líderes del mundo, sean hombres o mujeres, es que tengan un compromiso con la igualdad de género y desde luego con los principios de derechos humanos que la ONU enarbola. Esperamos que quien sea que lidere el organismo defienda los derechos de las mujeres y que aproveche la oportunidad de esta nueva etapa de las Naciones Unidas para avanzar en la igualdad. Así que, desde luego, queremos un liderazgo transformador y comprometido con la igualdad de género, que quien llegue entienda que esa igualdad es una de las salidas a muchas de las crisis que atravesamos.