Ante la manifiesta confrontación entre el gobierno mexicano y los docentes agrupados en la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, es pertinente hacer algunos comentarios, reflexiones y precisiones. Vamos por partes.
La CNTE no es otro sindicato de maestros diferente al Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, tal y como algunas voces lo afirman todavía. Es decir, la CNTE es una corriente disidente dentro del SNTE, por lo tanto, pertenece a este sindicato.
A pesar de su activismo, la CNTE nunca ha renunciado al SNTE. Al contrario, busca democratizarlo desde dentro, de ahí la tirria que le tienen los llamados dirigentes charros. Desde que vio la vida el SNTE, 5 han sido los caciques charros que, con mano de hierro, han controlado a este sindicato, incluido el actual, Alfonso Cepeda Salas (ellos son, Jesús Robles Martínez, Carlos Jonguitud Barrios, Elba Esther Gordillo Morales, Juan Díaz de la Torre y Alfonso Cepeda Salas).
El concepto de caciques es considerado correcto puesto que ninguno de ellos fue electo por los sindicalizados en algún proceso electoral democrático. Todos, sin excepción, fueron impuestos por el gobierno federal. Y todos ellos, por la fuerza, se perpetuaron en el poder mientras no caían de la gracia del presidente. La inconformidad de los miles de agremiados por las imposiciones, poco importó. Por eso lo de caciques y charros entreguistas, son conceptos bien acuñados.
Los diversos gobiernos federales, salidos de 3 partidos políticos, (PRI, PAN Y MORENA) han usado a los dirigentes del SNTE para 3 cosas elementales: para que controlen a los trabajadores; para que los vuelvan máquinas electorales en diversos procesos políticos; y para evitar que surja una organización genuina de los sindicalizados y que, respondona, pudiera reclamar con más fuerza mejores condiciones laborales.
Servilismos como estos han generado y generan la condescendencia gubernamental para con los dirigentes charros, a pesar de la irritación justificada de contingentes como la CNTE. A cambio, el SNTE, siempre gozó de privilegios tremendamente inmorales. Por décadas, a los dirigentes del SNTE, se les permitió manejar a su antojo el 50 por ciento de las plazas que se creaban cada año en el sector educativo, así como el mismo porcentaje de las jubilaciones, defunciones, ceses, o renuncias, etc. También tenían, por gracia gubernamental, el control de préstamos y créditos para los trabajadores. Conseguir un préstamo personal era imposible por otra vía y, el único camino viable era la oficina sindical a quien terminaban debiéndole el favor.
Otra mina de oro fueron las comisiones de escalafón, mismas que controlaba el SNTE pues, a través de ellas, el sindicato metía mano a los cambios de adscripción de los trabajadores, así como a los ascensos. Miles de directivos que ascendieron, sin tener méritos para ello, le debían el favor al SNTE y a él le daban su lealtad.
En esto, creo que se equivoca la CNTE cuando publicita que ha conseguido la desaparición de la USICAMM, segundo organismo que sustituyó a las viejas comisiones de escalafón pues, si no se tiene cuidado, se le estaría devolviendo al SNTE un esquema similar a lo de antes, mismo que estuvo lleno de corrupción. La CNTE no debería de presumir este logro si no se propone algo diferente en donde, finálmente, lleve más justicia al grueso de los trabajadores y en donde se evite la manipulación y la intromisión de la maquinaria sindical charra.
La otra parte poco visible pero llena de corrupción fue la vendetta de puestos públicos dados al SNTE a cambio de su fidelidad al régimen: Posiciones en las oficinas locales de la SEP, presidencias municipales, regidurías, diputaciones, era lo común. Miles de estos puestos, por años, fueron desempeñados por dirigentes del SNTE. En muchos casos, verdaderos rufianes se colaron sistemáticamente a estas posiciones de poder. Antes y ahora, lamentáblemente, eso no ha cambiado. Ahí está la senaduría, en esta legislatura federal, dada por Morena al dirigente del SNTE nacional sin que su candidatura pasara por las urnas.
Visto así, el nacimiento de la CNTE se dio con la idea de romper el control de los dirigentes del SNTE sobre los agremiados y, a la vez, sacudirse el dominio gubernamental que esa dualidad ( SNTE-gobierno) mantenía en contra de los trabajadores de la educación. Al ser el Estado el titiritero del SNTE, la CNTE no solo esgrimió la bandera de la democratización del sindicato, sino también la democratización del país y de la SEP.
Siempre ha habido voces que censuran a la CNTE, argumentan que es lo económico lo que los mueve pues, entre otras cosas, por eso piden el 100 % de aumento salarial. Es posible que esta petición sea utópica. Pero creo, más bien, que esta demanda es simbólica y trata de hacer conciencia social sobre el entreguismo del SNTE quien, por décadas, dejó de luchar por verdaderas mejoras en los sueldos.
Ahora veamos la parte cuestionable de esta lucha. A una parte de la sociedad, posiblemente a la mayoritaria, incluidos otros grupos dentro de la lucha social, les molesta el vandalismo injustificado en las manifestaciones. Actualmente los actos violentos, por sí solos, generan alguna condena social, pero, además, si le sumamos el linchamiento mediático en contra de la CNTE, las cosas se vuelven preocupantes. Lo destacable es que la descalificación no solo proviene de los medios de comunicación del actual régimen, sino que también proviene de los voceros-chayoteros de la derecha. Eso debe de ser un motivo de preocupación para la
disidencia pues les resta aceptación social. Pero también, esta propaganda chayotera contra los maestros inconformes, debe de preocuparle al Estado pues la derecha y sus medios antipatriotas, únicamente están buscando exacerbar los ánimos para provocar que la ruptura derive en actos violentos, represivos y sin regreso. Y en esa apuesta, si no se tiene cuidado, la derecha puede salir ganando.
Los negociadores oficiales deben de ser más cautos y no dejarse apapachar por la derecha taimada y traidora. La 4T no debe de perder ni romper el cordón umbilical con el verdadero
pueblo, ya que, no hacerlo, le va a permitir enfrentar con más éxito las presiones internas y externas que viene sufriendo de parte de una potencia extranjera arrogante, saqueadora y criminal.
Haría bien la CNTE en desmarcarse con urgencia de los actos vandálicos o, de preferencia, evitar esos actos violentos que le están acarreando la desaprobación de una parte de la sociedad. Los contingentes de maestros inconformes, al igual que el régimen, no deben de ignorar que el aliado mas confiable que pueden tener en estos momentos, es el mismo pueblo. Por eso digo que es a ello a lo que le tienen que apostar ambos bandos. Ignorar esto, es mutilar su propia lucha que dicen tener los dos. Por ejemplo, el gobierno aun dice que su enemigo es la derecha. Y para enfrentar a este grupo antipatriota, su aliado es el pueblo, afirma. Si el régimen habla con la verdad, debería de aceptar que la CNTE también es parte del pueblo pobre y, por lo tanto, entre potenciales aliados no se puede permitir que escale un conflicto que los enfrente.
Pero dentro de este contexto, valdría la pena entonces el análisis, desde otra óptica, sobre qué es lo que está pasando en estos momentos cuando la CNTE ha radicalizado su movimiento, incluyendo al oficialismo que no se ha quedado atrás. Analicemos si, entonces, la disidencia se ha convertido en instrumento de la derecha, tal y como lo señala el gobierno y sus voceros, o es el poder federal quien ya dio un paso definitorio para hacer suyos los nefastos postulados de la derecha. Es decir, ¿se estará derechizando el régimen y sus señalamientos son el revire justificatorio únicamente? O ¿es la CNTE quien voluntaria o involuntariamente le está siguiendo el juego a la derecha? El gobierno acusa a los manifestantes de ser aliados de la derecha y la organización lo niega.
Llegado aquí, otra cosa es cierta. La CNTE no solo debería de enfocar sus baterías en contra de la estructura gubernamental, sino también en contra de la derecha, pues, finalmente es este grupo mafioso quien no quiere perder los caudales que obtiene de las afores. También llegado aquí, podemos darle el beneficio de la duda al régimen. Es decir, pudiera suceder que el Estado esté sujeto a una presión enorme por parte de los administradores de las afores quienes, rabiosos, se niegan a perder sus cuantiosos beneficios. Salvo que lo revuelto se deba a otras causas. Al escalar el conflicto, el panorama se percibe preocupante.
A mi juicio, entonces, hay riesgo de que la confrontación actual no tenga nada que ver con pesos y centavos a pesar de que se manejen cifras estratosféricas, necesarias, según los negociadores gubernamentales, para la cancelación de la ley del ISSSTE del 2007. Es más bien, pareciera, que esta es una fricción natural que surge cuando dos aliados han roto una línea ideológica que los unía.
Personalmente, no creo que los dirigentes de la CNTE hayan hecho pactos con buitres como Salinas Pliego y, con ello, prestarse para golpear a la 4T. Creo que, en temas de afores y la CNTE, el balón está en la cancha del gobierno. Es a ellos a quienes les toca demostrar que no se han convertido en rehenes de la derecha. O peor todavía, que no son ya una nueva derecha.
Con independencia de que si la presidenta dijo o no lo que dicen que dijo en la campaña, el tema está en revisar si aún está vigente ese postulado de que primero los pobres. La ecuación es un poco simple. La lucha de la CNTE está encaminada en arrebatarle las afores a muchos de los que eran la mafia del poder y, el gobierno debería de ser una especie de árbitro que debe de optar por la justicia a favor de los pobres. Y los docentes, dígase lo que se diga, pertenecen a este último sector: a los desposeídos.
Pero pareciera que la contaminación de la disyuntiva está, entre, si favorecen a los maestros que ganan poco y que se van a jubilar con una miseria, o si permiten que los caudales de la llamada mafia del poder sigan creciendo de forma tan voraz como lo han hecho desde el 2007 hasta la fecha, a costa de los mismos trabajadores.
Es que, si los contendientes aun fueran aliados, la solución se antoja un poco simple: con voluntad política, hablar con la verdad entre las partes y ceder gradualmente hasta revertir totalmente lo arrebatado a los trabajadores en la ley del ISSSTE del 2007, evitaría las actuales confrontaciones y su radicalización de ambas partes. Para los trabajadores, restituirles un derecho arrebatado sería un acto de justicia. Negárselos, tal y como está sucediendo, es un acto de injusticia. Los trabajadores no piden algo nuevo, únicamente piden que se les regrese lo que ya tenían.
Salvo que, como dije, que el distanciamiento y el encono sea producto de la adopción de nuevos principios ideológicos de parte de uno de los dos. Y por lo que se ve, si así fuera, a pesar de lo que se dice, puede ser que los chapulines incrustados en el régimen, están tomando ventaja y sean ellos los que están cambiando de orientación, de intereses y de color al gobierno mexicano. O ese es el mensaje que, erróneamente, se está enviando. No obstante, el pueblo de México, después de estar informado y después de todo, tiene la última palabra.
Juan Durán Martínez: Escribidoretica@gmail.com