“Devolver la guerra al lugar del que vino”: la estrategia ofensiva de Ucrania para intentar dar la vuelta al conflicto

Los drones ucranianos dificultan los suministros a los soldados rusos, mientras el Kremlin amenaza con ataques sistemáticos contra Kiev y abre la puerta a una “guerra de ciudades”
Por qué Putin dice ahora que la guerra en Ucrania “está llegando a su fin”
Una ventana de oportunidad para Ucrania. Así es cómo describen varios analistas militares la situación del conflicto con Rusia, después de que Kiev haya tomado la delantera en el dominio de los drones de media distancia, los que se lanzan a unos 150 kilómetros de la primera línea y son cruciales para interrumpir la logística del enemigo.
El Ejército ucraniano ha logrado frenar la ofensiva rusa en el frente sur y ahora atemoriza las carreteras que suministran armas, víveres y combustible a los soldados rusos. Si es capaz de aislar sus líneas, podría incluso llegar a lanzar una contraofensiva, señalan algunos expertos. Pero Moscú tarde o temprano va a reaccionar.
Mientras tanto, Volodímir Zelenski sigue decidido a “devolver la guerra al lugar del que vino”. Ucrania ha intensificado su campaña contra fábricas, refinerías y puertos de exportación de petróleo del interior de Rusia con el objetivo de dificultar al Kremlin la financiación del esfuerzo bélico. Vladímir Putin ha respondido a esta estrategia con una escalada de los ataques aéreos contra Kiev. En esta dinámica creciente de represalias se han multiplicado las víctimas civiles.
¿Un punto de inflexión?
“Carreteras que hasta hace poco eran seguras e inaccesibles a los drones se han convertido en un campo de batalla”, explica en su canal de Youtube el analista militar ruso independiente Yan Matviéyev. Los aparatos ucranianos han ampliado su alcance de 75 a 150 kilómetros y están consiguiendo golpear diariamente decenas de camiones que circulan por la ruta terrestre que une Crimea con el sur de Rusia a través de los territorios ocupados de Jersón, Zaporiyia y Donetsk. “Se ha convertido en un corredor de la muerte”, asegura.
“El objetivo es estrangular la logística rusa, evitar que el Ejército ruso transporte bienes al campo de batalla”, comenta a elDiario.es Ivan Stupak, analista militar y exoficial de la inteligencia ucraniana. “Todo se encuentra bajo peligro para ellos”, añade, y pronostica que el número de vehículos no tripulados lanzados por Kiev irá en aumento. “Muy pronto será difícil para el enemigo moverse”, apunta Matviéyev, quien cree que “cada vez habrá más ataques exitosos”.
Los blogueros militares rusos admiten los problemas que están generando estos ataques para su ejército. El canal Rybar afirma que los drones de media distancia son “cada vez una amenaza mayor” y que aumentan el “riesgo de escasez de ciertas mercancías en la península de Crimea”. Las ventas de gasolina ya están siendo “limitadas”.

La fachada de un edificio residencial muy dañado tras los ataques rusos a Kiev, Ucrania, el 24 de mayo de 2026, en medio de la invasión rusa. Más de 600 drones y 90 misiles alcanzaron varios lugares en Kiev durante la noche del 24 de mayo, lo que provocó al menos dos muertes confirmadas y más de 80 heridos, según el presidente ucraniano Volodímir Zelenski. (Rusia, Ucrania, Kiev) EFE/EPA/SERGEY DOLZHENKO
Matviéyev sostiene que esta nueva estrategia podría ser “clave” para “privar al ejército de Putin de la estabilidad necesaria”. En una proyección muy optimista desde el punto de vista de Kiev, considera que este es el primer paso para que, una vez bloqueados los soldados rusos, las tropas ucranianas avancen sobre las regiones de Jersón y Zaporiyia e incluso hasta Crimea. De este modo, añade, se podrá atacar el Donbás desde el oeste y desde el sur. “El punto de inflexión en la guerra está sucediendo ahora mismo”, concluye.
Desde el think tank norteamericano Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW) también creen que los socios de Ucrania disponen de “una oportunidad rara y temporal” para ayudar a Zelenski a “explotar las dinámicas favorables mientras tiene ventaja”. Esta superioridad en la distancia intermedia, insisten, “no es permanente” y Rusia “muy probablemente desarrollará eventualmente contramedidas para mitigar estas ventajas”.
Más cauto se muestra el exoficial de los servicios de seguridad ucranianos Stupak. “Es una gran estrategia”, declara, y reconoce que “parece” un punto de inflexión, pero advierte que “todo podría cambiar”. Recuerda que en muchas ocasiones Kiev estaba convencido de haber desarrollado el avance tecnológico definitivo hasta que Moscú lograba contrarrestarlo. “Ahora mismo tenemos una ventana de oportunidad hasta que en noviembre Rusia esté agotada y nos acerquemos a un punto muerto”, opina.
Rusia avanza muy lentamente
Lo que indican los datos en estos momentos es que la ofensiva rusa iniciada después del invierno ha quedado detenida. El analista Clément Molin ha comparado las cifras de varios grupos que monitorizan los avances en el frente y ha constatado que, a pesar de algunas diferencias, todos coinciden en que las tropas rusas progresan muy lentamente.
En los primeros cinco meses de este año, Rusia ha conquistado unos 540 kilómetros cuadrados, menos de lo que logró solo en junio de 2025. Entre enero y mayo del año pasado, el Ejército ruso ocupó más de 1.350 kilómetros cuadrados de territorio ucraniano.
Carreteras que hasta hace poco eran seguras e inaccesibles a los drones se han convertido en un campo de batalla. [La ruta terrestre que une Crimea con el sur de Rusia a través de los territorios ocupados] se ha convertido en un corredor de la muerte
El sector donde más avanzan los soldados del Kremlin es el de Donetsk, la gran obsesión de Putin, a quien sus generales le han prometido el control total del Donbás antes de fin de año. Sin embargo, la velocidad de las tropas rusas no sugiere por ahora que sea un objetivo realista si no se produce un cambio radical en la dinámica de los combates.
Una de las claves de este estancamiento del frente es que las tácticas de infiltración “ya no funcionan tan bien como antes”, tal y como reconoce Rybar. Este tipo de operaciones consisten en mandar a soldados solos o en parejas más allá de las líneas enemigas para que tomen posiciones en la llamada zona de la muerte a la espera de refuerzos. Pero la supremacía de los drones convierte cualquier movimiento en este área en casi imposible.
El ISW augura que estas maniobras “seguirán degradándose”, pero Stupak advierte que las infiltraciones siguen siendo útiles en entornos urbanos donde a los pilotos ucranianos les resulta muy difícil detectar a estos soldados y matarlos.
Ataques cada vez más profundos
El estancamiento militar y diplomático ha arrastrado a ambos ejércitos a los ataques de larga distancia. Mientras las líneas prácticamente no se mueven, cada vez más y mejores drones y misiles vuelan hacia las profundidades del país enemigo.
Ucrania lleva meses golpeando con éxito las instalaciones petroleras rusas. Según cálculos de la agencia Reuters, a mediados de mayo los drones ucranianos habían impedido la producción de 700.000 barriles por día desde principios de año en 16 refinerías. El periódico ruso oficialista Nezavísimaya Gazeta indica que los ataques de Kiev han reducido en una quinta parte la capacidad de refinación del país, si bien la prensa afín al Kremlin lo atribuye a “reparaciones no programadas” en las plantas.
Un mayor número de vehículos no tripulados por noche se ha traducido en un mayor número de víctimas civiles. Algunos analistas comparan este nuevo escenario con la “guerra de ciudades” que se vivió en los años 80 entre Irak e Irán, cuando Sadam Husein ordenó una serie de ataques masivos contra ciudades iraníes con la esperanza de cambiar el rumbo de la invasión.
El miedo se ha escurrido entre las defensas antiaéreas de las ciudades rusas. Y, aunque las autoridades se esfuerzan en esconder la realidad prohibiendo la difusión de imágenes de ataques con drones, a los vecinos no les queda más remedio que adaptarse a este nuevo peligro.
Moscú abraza la “guerra de ciudades”
Ante esta vulnerabilidad, el Kremlin ha elevado el tono de las amenazas utilizando como justificación el bombardeo ucraniano que el 22 de mayo mató a 21 jóvenes en la región ocupada de Lugansk. “El vaso de la paciencia se ha colmado”, afirmaba el Ministerio de Exteriores ruso en un comunicado, donde prometía el inicio de una ola de ataques sistemáticos contra centros de toma de decisiones de Kiev.
Y si los expertos militares ucranianos rechazan el concepto de la “guerra de ciudades”, los analistas rusos lo abrazan, al menos retóricamente, asumiendo como aceptables las muertes de civiles.
“Hay una demanda dentro de Rusia de fuertes ataques de represalia”, declara Vasili Kashin al Kommersant. En este mismo periódico, el observador militar Andréi Ilnitski describe “la escalada gestionada” como “una consecuencia inevitable de la escalada ucraniana”, y el politólogo Dmitri Suslov alerta: “El siguiente escalón son los ataques directos contra objetivos dentro de los países de la UE y la OTAN”.

El presidente ruso, Vladimir Putin, durante su visita a China.
Más contundentes todavía son los comentaristas del diario gubernamental Rosískaya Gazeta, donde Yuri Knutov califica la amenaza rusa de “decisión muy sabia, esperada desde hace tiempo y necesaria” y hace un llamamiento a defenderse con “ataques preventivos” contra Kiev “noche y día”. Por último, Viktor Litovkin, se refiere a los líderes ucranianos: “Estos señores no deben sentirse seguros en ningún sótano o búnker donde se escondan, y también debemos golpear la estación de tren de Kiev para evitar que lleguen los bufones europeos.”
Stupak considera que todas estas amenazas son una sobreactuación. “Rusia no es capaz de aumentar significativamente el número de ataques aéreos sobre la capital ucraniana”, apunta, y añade: “no espero que nos sorprendan con nada especial”.
Pero algunos analistas ucranianos sí están preocupados por esta nueva dinámica. En el diario Ukraínskaya Pravda, Mijail Dubinianski lamenta que en la “guerra de ciudades”, Kiev es capaz de “complicar seriamente la vida del enemigo, pero no de facilitar la vida de su población civil”.
“Una espada devastadora es más fácil de forjar que un escudo fiable. Es imposible proteger a tus ciudadanos, pero les puedes ofrecer la satisfacción moral de saber que el enemigo también lo está pasando mal. Al mismo tiempo, siempre existe la tentación de sobreestimar la propia resistencia y subestimar la de los demás”, escribe.
Naciones Unidas denuncia que solo durante los primeros cuatro meses del año murieron en Ucrania y en los territorios ocupados por Rusia 815 civiles víctimas del conflicto. Pese a que las cifras de mayo todavía no están disponibles, se prevé que se superen los 200 fallecidos y que en total se eleven por encima de los 1.000. Esto es un 21% más que en el mismo período de 2025 y un 93% más que en 2024.
En las regiones rusas, del 1 de enero al 11 de mayo habían muerto 180 personas, según un recuento de Nóvaya Gazeta Europa, un 64% más de media que el año anterior.