El doble filo del reconocimiento internacional
El regreso de Omar García Harfuch desde Buenos Aires, tras participar en una cumbre antidrogas convocada por la DEA, deja al funcionario en una posición sumamente compleja. Al secretario de Seguridad y Protección Ciudadana le fue bien en el plano internacional, pero su aterrizaje en territorio mexicano se vislumbra complicado debido al elogio superlativo que recibió por parte del jefe de la agencia antidrogas estadounidense, Terry Cole, quien alabó su compromiso en la lucha contra el crimen organizado.
La presidenta Claudia Sheinbaum, que mantiene en García Harfuch a su colaborador más cercano, evidenció esta contradicción durante su conferencia matutina al criticar el “doble discurso” de Cole. La mandataria señaló que, por un lado, se reconoce el esfuerzo del secretario de Seguridad, pero por el otro se continúa vinculando de manera indirecta a miembros de Morena con los cárteles de la droga.
Fricciones internas y recelos en el gabinete
Esta es la segunda ocasión en menos de 15 días que el funcionario estadounidense destaca públicamente la confiabilidad de García Harfuch. Este trato preferencial contrasta marcadamente con las sospechas que Washington mantiene sobre diversos políticos del partido oficialista. Si bien el secretario es el miembro del gabinete mejor evaluado por la opinión pública, su cercanía con Estados Unidos genera envidias y tensiones internas.
Entre los afectados por este protagonismo se encuentra el secretario de la Defensa Nacional, el general Ricardo Trevilla, con quien mantendría una disputa sorda dentro de la administración. Asimismo, la figura del secretario de Economía, Marcelo Ebrard, quien durante años fungió como el principal interlocutor con Estados Unidos, ha visto mermado su acceso y peso específico en Washington frente al nuevo equipo de seguridad.
La presión del ala radical y el factor Terry Cole
Paralelamente, García Harfuch enfrenta la resistencia del sector más radical de la autodenominada Cuarta Transformación. Este grupo, que ya intentó bloquear su aspiración a la jefatura de Gobierno de la Ciudad de México, interpreta los elogios de la DEA como una señal de condescendencia excesiva hacia Washington.
Para comprender la magnitud de estas declaraciones, es necesario analizar el perfil de Terry Cole. El actual jefe de la DEA en la administración de Donald Trump cuenta con una larga trayectoria en México. Fue director regional interino de la agencia cuando se produjo la detención en Los Ángeles del general Salvador Cienfuegos, exsecretario de la Defensa, por presuntos vínculos con el narcotráfico. Aquella investigación quedó congelada tras las presiones del entonces presidente Andrés Manuel López Obrador, quien utilizó el control migratorio como moneda de cambio para lograr la repatriación y posterior exoneración del militar, un episodio que dejó profunda molestia en las oficinas de la DEA.
Tras renunciar en su momento frustrado por la inacción gubernamental, Cole declaró a medios estadounidenses que los cárteles mexicanos trabajan mano a mano con funcionarios corruptos en todos los niveles. Hoy, con un rol renovado al frente de la agencia, sus palabras funcionan como un certificado de confianza hacia García Harfuch, pero también como una advertencia velada para los sectores radicales que se oponen a su labor.
Un desafío político para la relación bilateral
Washington no muestra inconformidades con el trabajo operativo de García Harfuch, con quien colabora estrechamente en temas prioritarios de seguridad nacional. Sin embargo, la falta de acciones judiciales contra figuras de Morena señaladas por presuntos nexos criminales se mantiene como el núcleo de la fricción bilateral.
Este conflicto no responde estrictamente a un asunto de seguridad, sino a una profunda discrepancia política. De este modo, el secretario no solo navega entre las altas expectativas de la cooperación internacional, sino también frente a un fuego amigo que busca restarle poder político en el centro de la administración federal.
