El retroceso en el respaldo a los sistemas democráticos
Los resultados dados a conocer de la encuesta Latinobarómetro ponen de manifiesto una tendencia alarmante: el respaldo social hacia la democracia continúa debilitándose de manera sostenida en toda la región, mientras que las posturas favorables al autoritarismo ganan terreno rápidamente. Esta contracción en el apoyo popular resulta todavía más pronunciada en territorio mexicano.
Haciendo una comparativa histórica, mientras que en el año 2010 casi dos de cada tres habitantes de la región, equivalentes al 63 por ciento, defendían que la democracia era preferible a cualquier alternativa política, los registros recientes muestran que apenas la mitad de la población, un 52 por ciento, mantiene esta postura.
La situación en México refleja un panorama aún más desfavorable, donde solamente el 45 por ciento de los ciudadanos manifiesta una preferencia clara por este sistema de gobierno. Este dato confirma una trayectoria descendente respecto al sondeo previo, cuando el porcentaje se ubicaba en el 49 por ciento.
La desvalorización de los pilares institucionales
Paralelamente a la caída en la preferencia por el régimen democrático, se observa un creciente menosprecio hacia los mecanismos y las instituciones que garantizan su existencia, un fenómeno calificado como contradictorio pero sumamente real.
Un 40 por ciento de los latinoamericanos opina que la democracia puede operar prescindiendo de los partidos políticos y de la participación ciudadana organizada. Dicha proporción asciende al 46 por ciento cuando se analiza exclusivamente a la ciudadanía mexicana.
Asimismo, más de la tercera parte de los encuestados a nivel regional, un 35 por ciento, considera prescindible al parlamento. En el caso de México, esta creencia es compartida por cuatro de cada diez personas, lo que equivale al 40 por ciento del total.
La confusión conceptual en torno al sistema democrático se refleja en que el 35 por ciento en la región cree que este puede subsistir sin una oposición política, cifra que trepa hasta el 42 por ciento dentro del ámbito nacional mexicano.
Quizás uno de los datos más inquietantes es que más de una quinta parte de los latinoamericanos, un 22 por ciento, asume que la democracia es viable sin la celebración de comicios electorales. En México, este sector crítico con los procesos de votación supera la cuarta parte, situándose en el 28 por ciento.
El atractivo de la mano dura y la insatisfacción generalizada
Ante este escenario de desafección, cobran fuerza las alternativas de corte autoritario. Casi dos de cada tres latinoamericanos y mexicanos, exactamente el 63 por ciento, se identifican con la idea de que un toque de mano firme beneficiaría a sus naciones.
Además, persiste una mayoría dispuesta a sacrificar los principios democráticos en aras de la eficacia gubernamental. El 52 por ciento de los ciudadanos en la región y el 53 por ciento en México declaran estar de acuerdo con la premisa de que no les importaría el ascenso al poder de un gobierno no democrático si este logra resolver los problemas cotidianos.
Este descontento se ancla en la tradicional desconfianza hacia las instituciones públicas y privadas, un rasgo documentado por el estudio desde 1995. Actualmente, la aprobación ciudadana hacia el gobierno, el Congreso o el Poder Judicial no alcanza el 30 por ciento ni en el plano regional ni en el mexicano.
El peso de la inseguridad y el desafío del crimen organizado
Uno de los factores que más erosiona el tejido social es la violencia generada por la delincuencia. A nivel regional, cuatro de cada cinco personas, es decir, el 79 por ciento, perciben que el crimen organizado detenta una influencia enorme o considerable. En México, esta percepción se dispara hasta alcanzar a nueve de cada diez personas, representando el 88 por ciento.
Como contraparte, menos de una quinta parte de la población, apenas un 18 por ciento, confía en que sus respectivos gobiernos están logrando imponerse en la confrontación contra el narcotráfico y las organizaciones criminales.
Frente a este cúmulo de tensiones, caracterizado por la debilidad institucional, el rechazo a la pluralidad y el temor generalizado, el Latinobarómetro emite una advertencia fundamental sobre el valor de los procesos participativos. La democracia funciona porque los pueblos saben que pueden deshacerse de un mal gobernante, eligiendo a otro. Sin embargo, cuando las vías electorales se cierran, únicamente queda la noche autoritaria.
