Entre la amplia variedad de ocupaciones que conviven en el corazón de la Ciudad de México, desde el comercio informal hasta labores en instituciones públicas, existe una labor tan singular como silenciosa que se desarrolla en las entrañas del Centro Cultural de España, a pocos metros del Templo Mayor.
Un guardián para la historia prehispánica
La tarea principal de este trabajador consiste en alumbrar con una lámpara de bolsillo la huella de un pie prehispánico, la cual se encuentra grabada en el estuco de una escalinata dentro de los vestigios del calmécac, la antigua escuela de la élite mexica.
De acuerdo con las indicaciones museográficas del sitio, está prohibido fotografiar el rastro utilizando el flash de los dispositivos móviles. Por esta razón, los visitantes deben solicitar la asistencia del guardia para localizar la marca mediante un haz de luz tenue. Al iluminar el escalón de forma sesgada, las cavidades correspondientes al talón, el metatarso y los dedos adquieren un relieve particular cubierto por sombras.
Un puente con el pasado tenochca
Para quienes descienden al subsuelo, observar este registro involuntario impreso hace más de 500 años provoca una profunda conexión con el pasado. El rastro evoca la presencia de un habitante de la antigua Tenochtitlán que participó en la construcción del recinto, ajeno a los acontecimientos históricos que transformarían radicalmente el territorio tras la llegada de los conquistadores y sus aliados tlaxcaltecas.
Tras la experiencia en el sótano, el recorrido concluye al regresar a la superficie, dejando atrás las ruinas y los vestigios arquitectónicos para reincorporarse al bullicio cotidiano de las calles del Centro Histórico.
