Una jornada clave de movilizaciones estudiantiles
Las tensiones en el sistema educativo francés han alcanzado un punto crítico durante una nueva jornada de huelgas y bloqueos que sacude a todo el país. Los estudiantes salieron masivamente a las calles para exigir mayores presupuestos educativos, denunciando el grave deterioro de las instalaciones y la escasez crónica de docentes en los distritos más vulnerables.
De acuerdo con las estadísticas difundidas por el Ministerio de Educación, las actividades lectivas sufrieron interrupciones parciales o totales en 891 de los 3.700 institutos existentes en el territorio nacional. Por su parte, el Ministerio del Interior estimó la participación matutina en 86.000 manifestantes a nivel nacional, una convocatoria que los sindicatos estudiantiles han bautizado como el «Acto III» de sus reclamaciones.
Cadenas humanas y enfrentamientos
El malestar se tradujo en cortes de acceso y barricadas desde primera hora de la mañana en distintos puntos estratégicos, afectando incluso a establecimientos situados en zonas de alto nivel adquisitivo en la capital francesa. La intervención policial para despejar los accesos derivó en momentos de alta tensión.
En metrópolis como Lyon y Estrasburgo se registraron choques directos entre los manifestantes y los cuerpos antidisturbios, quienes emplearon gases lacrimógenos. Para contrarrestar la dureza policial, grupos de padres, madres y profesores organizaron cordones de seguridad y cadenas humanas en distritos parisinos y en ciudades como Burdeos con el objetivo de «proteger a los niños del ejército de Macron», según recogieron diversos medios locales.
Graves lesiones y uso de la fuerza
La escalada represiva de las últimas semanas ha dejado un balance preocupante de heridos. El Gobierno reconoció que 215 estudiantes han sufrido lesiones desde el arranque de las movilizaciones, aunque el ministro del Interior, Laurent Nuñez, justificó la actuación de los agentes aludiendo a episodios de «violencia urbana» y «de extrema tensión».
La controversia se ha intensificado tras casos de extrema gravedad, como el de un joven de 15 años que sufrió la amputación de una mano en Lens debido al estallido de una granada policial, o el de un estudiante en Tours que perdió la visión de un ojo por el impacto de un proyectil de defensa (LBD). Ante esta situación, organizaciones como Amnistía Internacional han condenado tajantemente «el uso desproporcionado de la fuerza» por parte de las autoridades.
Por su parte, la portavoz del Ejecutivo, Maud Bregeon, calificó las lesiones de los menores como «un drama en cualquier circunstancia», confirmando que la inspección interna policial investiga una decena de casos. Asimismo, las autoridades defendieron el despliegue argumentando que 715 policías y gendarmes han resultado heridos durante los disturbios, enfatizando que ningún motivo justifica las agresiones contra las fuerzas del orden.
Reivindicaciones y negociaciones en marcha
Más allá de los choques callejeros, el movimiento juvenil ha presentado una hoja de ruta con diez propuestas clave de cara a los presupuestos de 2027. Entre sus demandas principales destacan la renovación urgente de los centros educativos, la contratación de personal sanitario y la creación de 150.000 nuevas plazas en la enseñanza superior.
Los estudiantes también exigen una profunda revisión de la plataforma de acceso universitario Parcoursup, un sistema que consideran discriminatorio y favorable a las élites. Aunque el Gobierno ha descartado su supresión total, la portavoz gubernamental dejó abierta la puerta a introducir modificaciones técnicas.
Con el fin de evitar una paralización total de la educación superior —que ya cuenta con dieciocho universidades bloqueadas en ciudades como Reims, Caen o Aix-en-Provence—, el ministro de Enseñanza Superior, Philippe Baptiste, mantendrá una reunión crucial con los representantes estudiantiles para intentar destrabar el conflicto mediante compromisos firmes.
