Frente común contra Westminster
Los principales dirigentes de Escocia, Gales e Irlanda del Norte han sellado una histórica alianza para impulsar de forma conjunta la separación de sus respectivos territorios del Reino Unido. Por primera vez en la historia política reciente, estas tres regiones se encuentran bajo el liderazgo de formaciones de marcado carácter independentista, lo que ha dinamizado la presión sobre el Ejecutivo central encabezado por el primer ministro Andy Burnham.
Durante un encuentro estratégico celebrado en Cardiff, los representantes regionales firmaron un comunicado conjunto en el que exigen al Parlamento británico que facilite el cambio constitucional. En el texto, los líderes argumentan que el contexto político actual favorece sus aspiraciones soberanistas y recalcan que el porvenir de sus sociedades debe estar vinculado de manera directa a la Unión Europea, de la cual fueron apartados por decisiones ajenas a su voluntad mayoritaria.
El documento enfatiza las consecuencias negativas que ha traído consigo la salida de la comunidad europea. El Brexit ha dañado nuestras economías, y ha limitado las oportunidades para nuestra gente. Europa es nuestra casa común, y creemos que el futuro de nuestras naciones está dentro de la Unión Europea, reza la declaración oficial difundida tras la cumbre de los dirigentes periféricos.
El factor europeo y el horizonte de los referendos
Mientras que la ciudadanía escocesa y la norirlandesa se decantaron mayoritariamente por la permanencia en la UE durante el plebiscito de 2016, Gales optó por secundar la salida al igual que Inglaterra. No obstante, los firmantes sostienen que cada territorio debe trazar su ruta hacia la autodeterminación a su manera y a su tiempo, advirtiendo que ningún gobierno en Downing Street posee la legitimidad para vetar la voluntad democrática de sus pueblos.
Preguntados por los plazos de un eventual proceso separatista, los mandatarios evitaron fijar un calendario cerrado, aunque John Swinney, dirigente del Partido Nacionalista Escocés, deslizó su convicción de que Burnham pasará a la historia como el último primer ministro del Reino Unido. La cumbre regional coincidió además con las declaraciones del presidente estadounidense, Donald Trump, quien manifestó su deseo de presenciar la reunificación de la isla de Irlanda, augurando que ocurrirá tarde o temprano.
En el caso norirlandés, las opciones de celebrar una consulta popular están reguladas por el histórico acuerdo del Viernes Santo, supeditadas a una modificación evidente en el sentir de la opinión pública. Respecto a este punto, Michelle O’Neill señaló que el debate está muy vivo y que el posicionamiento de su formación responde a un clima de transformación institucional generalizado.
Panorama demográfico y la respuesta de Londres
La viabilidad de los referendos presenta panoramas muy diversos en función del territorio analizado. En Irlanda del Norte, los sondeos reflejan que un porcentaje superior al 60% de la población respaldaría una Irlanda unificada si esta formase parte activa de la Unión Europea. Por el contrario, los estudios demoscópicos en Escocia muestran divisiones profundas y fluctuaciones constantes entre los partidarios de la independencia y los defensores del statu quo tras el referéndum de 2014, donde el rechazo se impuso con un 55% de los votos.
Por su parte, el recién estrenado gobierno galés prioriza la descentralización administrativa y la obtención de mayores recursos económicos antes de convocar una consulta sobre la soberanía, apoyada actualmente por un 32% de los galeses según mediciones recientes. Pese a las demandas periféricas, las prioridades inmediatas del Ejecutivo laborista central se centran en otorgar mayor autonomía financiera a los núcleos urbanos dentro de Inglaterra, descartando por completo la celebración de nuevas consultas sobre la ruptura territorial a corto plazo.
