A días de la inauguración del Mundial de Fútbol, la olla de presión crece en la capital del país debido al enojo y rabia de colectivos que exigen justicia por sus desaparecidos
Por Gabriela Serralde
En la agenda de Claudia Sheinbaum Pardo, presidenta de México, no hay espacio para las madres buscadoras. No hay cabida para dialogar sobre las más de 130 mil personas desaparecidas; ese desaire trastoca a cada uno de los colectivos desde sus trincheras y la olla de presión llena de frustración y rabia está a punto de explotarle a la jefa suprema de las Fuerzas Armadas en la capital del país.
A menos de una semana de la inauguración del Mundial de Fútbol 2026, las manifestaciones se incrementan en la capital del país. Las fichas de búsqueda, la presencia de colectivos, la iconoclasia y las consignas tratan de colarse por las grietas de una fachada que todos los días se maquilla y pretende aparentar que en México todo está bien, aunque alrededor haya miles de desaparecidos, cadáveres y fosas clandestinas.
El asunto no es de ahora. Los colectivos de madres buscadoras han tocado la puerta de Palacio Nacional desde la llegada de Sheinbaum Pardo (hace casi dos años). Nada. Al contrario, las cifras de personas desaparecidas de acuerdo al informe oficial dado a conocer hace un par de meses desestima el trabajo que por décadas han documentado las mujeres que no son científicas, ni fiscales, ni peritas, ni policías, pero que saben de excavaciones e intensas horas de actividad para hallar restos humanos.
La presidenta no tiene el tiempo o no quiere tenerlo. Aunque sí lo hay, pero para reiterar una y otra vez lo que no hicieron los gobernantes de la oposición que la antecedieron durante las conferencias de prensa todos los días, o para recibir en el recinto a los cantantes coreanos de moda, o para presumir cifras de delitos que van a a la baja, pero que no frenan las desapariciones forzadas, el reclutamiento de niñas, niños, adolescentes y el poder del crimen organizado.
Hace poco entrevisté a tres madres buscadoras para un reportaje que todavía no se publica. Destiné una tarde para hablar con ellas: una de Nayarit y dos de Michoacán. Cuando las contacté no lo dudaron y pese al nudo en la garganta mientras contaban sus historias, con dureza denunciaron las complicaciones, los retos, la dificultades y las barreras que en su mayoría impone el propio Estado. “Todo lo hacemos nosotras, hacemos el trabajo que les corresponde a las autoridades”, me dijeron.
Repito, se necesita tiempo, se necesita tiempo para escuchar cuándo, cómo y dónde desapareció una persona, para entender lo que hace una madre buscadora, las extensas horas en fiscalías, las omisiones, las carpetas de investigación que se estacan en anaqueles. Se necesita tiempo para explicar la labor que no hacen los gobiernos, el trabajo de campo, las fosas clandestinas, las excavaciones, la identificación de cuerpos, las confrontas, las pruebas de ADN, los casos de larga data, las vigilias, las amenazas y los riesgos.
El último informe de la Red Lupa, un proyecto conformado por varias mujeres de distintos colectivos en México, arroja que hasta mayo de 2025 había casi 130 mil personas desaparecidas, aproximadamente 98 mil hombres y 29 mil mujeres con mayor número en Jalisco, Estado de México, Tamaulipas, Veracruz y Nuevo León. La documentación de otros colectivos hacen mención de las fosas clandestinas en Guanajuato, Sonora, Colima, Chihuahua y Michoacán. Los campos de adiestramiento, por ejemplo, uno de los más mediáticos: en el Rancho Izaguirre.
¿Por qué la mandataria nacional no las recibe? ¿Por qué la presidenta que presume que “todas llegaron” no dialoga con aquellas mujeres a las que les arrebataron a sus hijos o hijas? ¿Por qué no las escucha? Quizá porque como muchas dicen: si el Estado escuchara, atendiera y buscara la raíz del problema… se acabaría encontrando.
El cargo #Forastera | Madres buscadoras, las voces que no caben en Palacio Nacional apareció primero en NÓMADAS.