Francia ofrece comidas por un euro para todos los universitarios

Se trata de una de las medidas que el Partido Socialista negoció con el primer ministro para desbloquear la aprobación de los presupuestos a principios de año
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Desde principios de este mes de mayo todos los estudiantes universitarios en Francia pueden comer por un euro en los comedores gestionados por los Centros Regionales de Actividades Universitarias y Escolares (Crous), la red de establecimientos administrativos públicos de la educación superior francesa. La medida, que figuraba en los presupuestos del Estado para este 2026, también se aplicará a las cafeterías de Crous “tan pronto como sea posible”, según anunciaron las autoridades en un comunicado.
Las comidas a un euro fueron introducidas por primera vez en 2020, como tarifa reservada inicialmente a los estudiantes beneficiarios de una beca por motivos sociales. El acceso se amplió a todos los estudiantes durante unos meses en 2021, en el contexto de la crisis provocada por el coronavirus. Pero pasado ese periodo excepcional, solo podían acogerse a ella los becados y aquellos estudiantes que acreditasen una situación de especial precariedad (para los demás, el importe de la comida era de 3,30 euros).
Desde ahora podrán acogerse todos los titulares de un carné de estudiante universitario, los aprendices de un oficio, los doctorandos y también los jóvenes franceses que realicen el servicio cívico. El único requisito es tener una cuenta en la plataforma de pago del servicio de restauración de Crous.
París es muy cara y viajo a menudo en tren para ir a ver a mi familia, así que a los estudiantes siempre nos cuesta mucho llegar a fin de mes. Cada euro cuenta
El Partido Socialista había impulsado en los últimos años varios intentos para universalizar la medida y el año pasado consiguieron que se aprobase en la Asamblea Nacional, aunque el Senado bloqueó su proposición de ley durante más de un año. Los socialistas volvieron a poner sobre la mesa la cuestión a principios de este año, como parte del acuerdo negociado con el primer ministro, Sébastien Lecornu, para evitar una moción de censura y lograr desbloquear los presupuestos para este año.
En todo caso se trata de una medida que cuenta con un amplio respaldo por parte de los propios estudiantes: el 87% se muestra a favor de ella, según un barómetro de opinión encargado por la asociación estudiantil Cop1 al IFOP. “Es una diferencia enorme, de entre 30 y 50 euros al mes para nosotros”, explica Théo, estudiante de comunicación en el campus Nation de la Universidad Sorbonne Nouvelle, en el este parisino. “Dejé de tener beca el segundo año y desde entonces seguía yendo al comedor, pero algo menos, en detrimento de la diversidad de mis comidas. París es muy cara y viajo a menudo en tren para ir a ver a mi familia, así que a los estudiantes siempre nos cuesta mucho llegar a fin de mes y cada euro cuenta”.
Amélie, estudiante de máster en Filología en el mismo campus, el más reciente de la capital, aprueba la idea, aunque se inquieta por la capacidad del Crous para dar un servicio correcto a todos. “En algunos comedores las colas ya son bastante largas a ciertas horas. Estoy de acuerdo en el fondo, pero me preocupa que no se haga bien”.
Una inquietud que comparten los sindicatos, que recuerdan que el éxito del dispositivo implica también la puesta en marcha de recursos materiales y humanos adicionales. La Confederación Francesa Democrática del Trabajo, uno de los sindicatos mayoritarios en Francia, afirmaba en un comunicado reciente que “sin la creación de puestos de trabajo, el programa no se podrá mantener”. Las comidas para estudiantes a 1 euro “no deben convertirse en un factor de agotamiento profesional, un acelerador de la precariedad ni un riesgo para la calidad del servicio público”, advertían.
Oposición inicial del Gobierno
Para responder a esas inquietudes del personal y los estudiantes, el ministro de Educación Superior francés, Philippe Baptiste, anunció hace unas semanas 20 millones de euros adicionales para “apoyar” a los comedores universitarios, además de los 30 millones de euros asignados inicialmente en los presupuestos de 2026.
Inicialmente opuesto a la medida, el ministro ha terminado por cambiar el discurso y apoyar una iniciativa que el PS consiguió imponer al actual Ejecutivo. Baptiste consideraba el año pasado que la generalización de las comidas a un euro iba a implicar “el debilitamiento de los Crous” por la “pérdida considerable de ingresos”. No obstante, hoy reconoce que puede suponer un alivio a los estudiantes, a falta de una gran reforma del sistema de becas que, según declaró recientemente el ministro, podría costar entre 400 y 500 millones de euros, “algo que no nos podemos permitir en el contexto actual de las finanzas públicas”.
Si bien la medida ha sido recibida de manera positiva por el sector educativo, las asociaciones de estudiantes subrayan que se trata de una respuesta paliativa y no una solución a problemas estructurales, como son la precariedad de una parte de los estudiantes. Denuncian que el sistema de becas francés está obsoleto: las cuantías no cubren el coste real de la vida estudiantil, cada año crece el número de estudiantes y además los criterios de concesión se basan en los ingresos de los padres, desconectados de la situación real de muchos estudiantes.
Además de esa revisión del sistema de becas, otra de las medidas que más reclaman las asociaciones es la extensión del subsidio de solidaridad activa, principal ayuda en el sistema francés, para que sea efectiva a partir de los 18 años y no a los 25 años actuales.
Al mismo tiempo critican con dureza otras de las medidas incluidas este año por el Gobierno en los presupuestos, como la supresión de las ayudas a la vivienda para los estudiantes extracomunitarios, que además han visto cómo se han incrementado las tasas de matriculación.