Hoy les traigo una excelente noticia, México consolida su estrategia y apuesta por el desarrollo de combustibles sostenibles de aviación, mejor conocidos -por sus siglas en inglés- como SAF (Sustainable Aviation Fuel).
Es imperante que entendamos que una tarea primordial para la nación es la transición de combustibles no renovables (como la turbosina) al SAF, por dos motivos: el primero es cumplir con los acuerdos firmados con la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) para la descarbonización de la industria aérea, los cuales tienen como fecha el año 2050 para lograr el Net Zero, que es el equilibrio entre la cantidad de gases de efecto invernadero (GEI) emitidos a la atmósfera y la cantidad que se elimina de ella.
Y el otro motivo, es impulsar a nuestro país como un centro esencial para el desarrollo y fabricación de SAF, lo cual evidentemente nos da mucho gusto, porque ante la subida del precio del barril de petróleo, como consecuencia de la ilegal guerra que iniciaron los Estados Unidos e Israel en contra de Irán, hay que buscar otras opciones en materia de combustibles, y qué mejor si la salida es el SAF, que es amigable con el medio ambiente.
En nuestro país es Aeropuertos y Servicios Auxiliares (ASA), organismo descentralizado del gobierno federal, quien busca avanzar en su proyecto para incorporar dentro del sector aéreo nacional la bioturbosina; de lograrlo, estaría reiterando su compromiso con la descarbonización del transporte aéreo, así como con la sostenibilidad en materia de combustibles de aviación.
Tanto la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SICT) y Aeropuertos y Servicios Auxiliares (ASA), se muestran optimistas con los avances en el proyecto de la incorporación de la “bioturbosina”, y ya están pensando en realizar los primeros vuelos “verdes” en el país.
Esto gracias a la coordinación de ambas dependencias (SICT y ASA) junto con la Agencia Federal de Aviación Civil (AFAC) y la Secretaría de Energía (SE), quienes a finales de abril organizaron la “Quinta Mesa Técnica para el desarrollo de Combustibles Sostenibles de Aviación (SAF)”.
El encuentro de talla internacional se llevó a cabo dentro de las instalaciones del Centro Internacional de Instrucción de ASA, donde se abordaron varios temas de carácter estratégico como lo son el financiamiento, la certificación, las políticas públicas, la demanda, tecnología y, por supuesto, la producción de SAF.
ASA reiteró en todo momento su compromiso con la descarbonización del sector aéreo. El encuentro estuvo a cargo del subsecretario de Planeación y Transición Energética, Jorge Marcial Islas Samperio, quien dejó claro que el propósito del encuentro consistió en el establecimiento tanto de las bases regulatorias como las industriales y financieras, indispensables para crear las políticas públicas que incentiven la producción, así como el uso del SAF dentro de la industria aeronáutica del país.
Enfatizó que el impulso al desarrollo del SAF va más allá de las metas que se tienen trazadas mediante los acuerdos con la OACI, pues también buscan que el país se pueda posicionar de forma estratégica como productor de energías renovables, aprovechando las cadenas de valor sostenibles.
En esta mesa también estuvieron presentes miembros de la OACI, así como de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, que son elementales para poder llevar a cabo una producción de SAF, lo que permitiría a la nación convertirnos en líderes dentro del mercado de los biocombustibles para la aviación, y debo decirles que ya se está desarrollando un proyecto piloto.
Desde el año 2024, ASA trabaja de manera coordinada con todos los actores preponderantes dentro de la industria aérea, así como con los diversos organismos internacionales para poder fortalecer la cadena de valor del SAF, incluyendo las materias primas para su elaboración, desarrollando el proyecto en la Estación de Combustibles México.
En la actualidad el precio de un litro de SAF en nuestro país ronda entre los 21 y 75 pesos, y el litro de turbosina está alrededor de los 23 pesos, centavos más, centavos menos. El objetivo es aumentar la producción de SAF con la intención de bajar sus costos, y que sea atractivo para las aerolíneas utilizar este combustible amigable con el medio ambiente.
Lo digo sin empacho: invertir en este tipo de infraestructura por parte del gobierno federal, a través de ASA, siempre será un acierto, sobre todo tomando en cuenta los esfuerzos multisectoriales necesarios para tener una industria de aviación mucho más limpia, y que cumpla con la meta trazada de lograr la descarbonización para el 2050, bajo el programa Net Zero que la OACI implementó a nivel mundial
Sin duda, tenemos un enorme reto como país, pero hay que decirlo fuerte y claro, estamos tomando el camino correcto al apostarle por la incorporación de la bioturbosina.
De acuerdo con PEMEX, el proyecto combina dos tecnologías principales para la producción de SAF: por un lado “Alcohol-to-Jet” (AtJ), proceso que transforma bioetanol derivado de materias primas como maíz, sorgo y biomasa residual en combustible de aviación. Por otro lado, tecnología HEFA (Hydroprocessed Esters and Fatty Acids), proceso que utiliza aceites y grasas, tales como aceites usados de cocina y grasas animales, para producir bioturbosina, aprovechando el alto potencial de materias primas en México, y más de cinco millones de hectáreas con potencial bioenergético”, como declararon en dicho encuentro.
La labor de Petróleos Mexicanos es contribuir a la reducción de GEI a la atmósfera, además de crear una nueva división económica que beneficie a todo el país.
En columnas pasadas he hecho hincapié en que, a diferencia de otras industrias que solamente hacen greenwashing, en la aviación no es solamente un marketing vacío, sino que es una preocupación real, porque las ventajas van desde la disminución de las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) a la atmósfera, hasta la posibilidad que existe de mezclar SAF con turbosina, sin tener que modificar los motores.
El SAF tiene muchas ventajas, utiliza residuos para su fabricación, y emite mucho menos contaminantes; y no solo eso, sino que además es un plus para la vida de los motores, pues al funcionar de manera más limpia, se traduce en un menor costo de mantenimiento.
Y si algo les cuesta a las aerolíneas es el combustible. El gasto operativo en promedio es del 40% del total de la operación de un vuelo. Por ello, lograr que el costo del SAF sea competitivo en el corto y mediano plazo generaría mayores ahorros, que se traducirían en beneficios para los usuarios, sobre todo con esta volatilidad del precio de la turbosina, desatada por la absurda guerra promovida por los Estados Unidos e Israel.
Además, si el SAF hace menos costoso el mantenimiento de los aviones, los ahorros que tengan las aerolíneas les permitirán trabajar con tarifas más atractivas de vuelo; por eso la descarbonización de la industria aérea debe entenderse como algo real y tangible, y no solo como un mero lavado de cara, como sucede en otras industrias.
Felicito enormemente al gobierno y a todos los actores involucrados por poner atención justamente donde se debe, porque nos merecemos una aviación limpia y un planeta a largo, muy largo plazo.