Hoy se sabe que el gobierno de EU retiró la visa desde el año pasado al gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha, señalado por la FGR del encubrimiento por el homicidio del diputado electo, Melesio Cuén, su rival político y precandidato al gobierno del estado. ¿Informó el gobernador sinaloense a la presidenta Sheinbaum sobre el retiro de su visa? La presidenta afirma que no tenía noticia, si fue así, ¿por qué el gobernador le ocultó a la presidenta? ¿para seguir contando con protección política y judicial? Ya con el conocimiento de ello no se entiende la postura de la presidenta respecto a la gobernadora de Chihuahua por el operativo donde estuvieron presentes cuatro agentes de la CIA, para destruir uno de los laboratorios más grandes, presuntamente en la producción de fentanilo. Un doble estándar, además, el gobierno se ubica en el lado más inconveniente.
La revelación del LA Times sobre ese asunto y otros más anticipan un giro del gobierno norteamericano. Se habla de la corrupción y de la persecución de narcopolíticos, en las fuertes expresiones del embajador norteamericano, Ronald Johnson. Han cambiado los términos de la relación bilateral en el momento en que se revisa el T–MEC y cuando ha sido detenido en Argentina el contraalmirante Fernando Farías, acusado por la FGR como autor central en el contrabando de combustible.
Da para pensar si la nueva postura del gobierno norteamericano es respuesta a la decisión de la presidenta Sheinbaum de abogar con sus pares por el régimen de Cuba o si se debe a un cálculo asociado al fracaso por la guerra de Irán. Ella no tenía idea de que el contraalmirante Farías estaba en Argentina, de otra manera no se entendería que haya hecho causa a favor de la expresidenta Cristina Kirchner, bajo arresto domiciliario por corrupción y enemiga del presidente Javier Milei.
La presidenta Sheinbaum decidió trasladarse al terreno de los enemigos de Trump, en el encuentro en Barcelona, cuyo anfitrión fue el hispano Pedro Sánchez, el gobernante europeo más abierto en el rechazo a la incursión bélica de EU en Irán, además de enfrentar señalamientos graves de corrupción. Por cierto, en este asunto llama la atención la ligereza con la que observadores independientes, denostados por la presidenta como comentócratas, aplaudieron su decisión de asistir al encuentro bajo la tesis de que marcaba distancia respecto a su antecesor. Todo lo que sea diferente para ellos es virtud.
La presidenta Sheinbaum ha manifestado que ninguna acusación de las autoridades norteamericanas o medios de comunicación tiene validez si no está acompañado de pruebas convincentes. Dijo algo más discutible, para que esas pruebas tuvieran valor deberían ser validadas por la FGR. El hecho es que a partir del caso de García Luna el gobierno de México validó la calidad probatoria a partir del testimonio de testigos protegidos; ahora es difícil se les reste validez. Además, la FGR no tiene credibilidad ni independencia del régimen político para tal cometido.
No debe excluirse que el contraalmirante Fernando Farías busque evitar ser trasladado al territorio nacional a partir de la colaboración que hiciera con autoridades norteamericanas. Su testimonio serviría para precisar la responsabilidad a nivel superior del gobierno anterior y, un tema fundamental, el destino del dinero, parte, seguramente, para financiar campañas de Morena y otro, la mayor parte, para el bolsillo de empresarios y políticos del mayor relieve. Caso semejante puede ser el de Almicar Olán, empresario favorito del régimen en el exterior.
A la presidenta Sheinbaum le han cargado mucho la mano por sus afirmaciones de desconocer mucho de lo que ocurre, y a partir del supuesto engaño de sus subordinados, desentenderse de la verdad en sus encuentros mañaneros. Por ejemplo, muy grave el desafortunado manejo informativo en el derrame de petróleo en el golfo de México, pero más todavía, no haber sido enterada por el secretario de la Defensa del operativo para proceder a la detención de El Mencho o para destruir uno de los más grandes laboratorios en la producción de fentanilo. El tema de la presencia de la CIA y la responsabilidad de la gobernadora de Chihuahua se ubican en otra dimensión, sin que dejen ser asuntos relevantes en sí mismos.
Por el momento, la pregunta obligada es si la presidenta Sheinbaum sabía o tenía sospecha que el gobierno de EU había retirado la visa al gobernador de Sinaloa.