La puesta en marcha de torneos en categorías formativas genera una gran ilusión entre los jóvenes deportistas y moviliza un enorme esfuerzo por parte de los familiares que financian este tipo de competencias. Sin embargo, la celebración de un certamen monodisciplinario bajo la denominación de juegos nacionales abre un debate profundo sobre la coherencia organizativa del balompié nacional. Especialistas en la fuente deportiva señalan la necesidad de cuestionar el motivo por el cual la Federación Venezolana de Fútbol otorga un protagonismo mediático y logístico inusitado a competencias base, mientras desplaza la relevancia histórica de las citas multideportivas oficiales del país.
La transformación de los formatos y el olvido de la categoría juvenil
En el panorama del deporte rey en Venezuela, la presentación de estructuras tradicionales bajo una fachada renovada es una práctica recurrente. Analistas con amplia trayectoria en la cobertura de esta disciplina recuerdan que la actual dinámica aplicada en la categoría sub-14 no constituye ninguna novedad dentro de la planificación deportiva. Antiguamente, el calendario anual contemplaba hasta cinco campeonatos nacionales de selecciones estadales, abarcando desde la categoría sub-12 hasta la sub-20, siendo esta última la máxima vitrina juvenil y la antesala directa hacia el profesionalismo. Hoy en día, la merma en la atención hacia las divisiones superiores evidencia un cambio de prioridades donde el impacto comercial parece pesar más que la formación integral de alta competencia.
¿Acaso la dirigencia que encabeza Jorge Giménez no se percatará de que bautizar como «Juegos Nacionales» a un torneo monodisciplinario de fútbol representa una bofetada a la cultura polideportiva del país y a las instituciones como Mindeporte o el IND?
Un conflicto conceptual frente al sistema deportivo nacional
El uso del concepto correspondiente a los juegos nacionales genera fricciones institucionales. Mientras el término pertenece por definición a la máxima cita multideportiva de la nación, su aplicación en un campeonato federado exclusivo de fútbol desentona con la realidad organizativa. Esta desconexión se hace patente de cara a los XXII Juegos Deportivos Nacionales Juveniles 2026, donde la disciplina asiste de manera secundaria y los futbolistas participantes quedan excluidos del sistema COMET. Al respecto, el célebre filósofo Niccolò Machiavelli advertía: «Pocos ven lo que somos, pero todos ven lo que aparentamos; y en la apariencia y la confusión reside el dominio de los muchos.»

La carga financiera sobre las familias y la memoria histórica
En el pasado, durante la época dorada del crecimiento internacional de la selección absoluta, las asociaciones regionales organizaban certámenes con respaldo de los institutos de deporte regionales, fomentando una fuerte identidad territorial. En contraste, la centralización actual de la puesta en escena contrasta con el hecho de que una selección estadal no debería depender del pulmón financiero del núcleo familiar, ya que son los padres quienes costean gran parte de los traslados y preparaciones previas.
Para evitar distorsionar el camino recorrido por el balompié criollo, es fundamental recordar el pasado. Figuras emblemáticas del fútbol profesional venezolano vistieron en su juventud las camisetas de sus respectivos estados en torneos sub-20 memorables. Tal como sostenía Cicerón, «no saber lo que ha sucedido antes de nosotros es como ser incesantemente niños». Desconectar el presente de sus raíces históricas impide valorar adecuadamente el esfuerzo generacional que construyó los cimientos del deporte nacional.
Reflexiones finales sobre el inicio de la competencia en Cabudare
El desarrollo de los encuentros en territorio larense transcurrirá con la intensidad habitual y los jóvenes protagonistas buscarán dejar su máximo esfuerzo sobre el césped. No obstante, el análisis periodístico exige mirar más allá del despliegue propagandístico y recordar que la estructura de competencias por selecciones regionales posee antecedentes profundos. Ante la evidente priorización de categorías tempranas por encima de las divisiones juveniles consolidadas, el periodista Luis Alonzo Paz concluye con una premisa clara: ¡Que cada quien saque sus propias conclusiones!
