El valor ignorado de la labor cotidiana
Todavía existe un vacío profundo en la comprensión social, económica y cultural respecto a las tareas orientadas a preservar la existencia humana. En la vorágine diaria, la mayoría de las personas pasa por alto que estas actividades son fundamentales para preservar y cuidar la vida, recayendo de manera desproporcionada en las mujeres.
Una revelación clave sobre esta dinámica ocurrió durante una conferencia en octubre de 2018 con la pensadora feminista Silvia Federici, autora de obras como El patriarcado del salario y Calibán y la bruja. Durante su participación en la Feria Internacional del Libro en la Ciudad de México, la teórica señaló: “Hay un trabajo que existe en todas las culturas del mundo, pero que es el único que no tiene tipo de cambio; y ese es el trabajo de cuidados que realizan las mujeres”. Esta premisa redefine por completo la manera en que se estructuran las dinámicas familiares y comunitarias.
La trampa lingüística de la ayuda
El lenguaje cotidiano opera como un mecanismo que invisibiliza esta carga laboral. Al utilizar expresiones comunes como referirse a una empleada doméstica diciendo “la señora que me ayuda en la casa”, se demerita el carácter profesional de su oficio. Esta desvalorización institucionaliza que muchas de quienes realizan ese trabajo perciben un salario injusto e insuficiente, exponiéndolas frecuentemente a dinámicas de explotación laboral.
Un sesgo similar ocurre en el ámbito doméstico cuando se elogia a un hombre con frases como “qué bueno que Raúl sí te ayuda en la casa”. Expresar o pensar que este sujeto “ayuda” resulta problemático porque estamos dando por hecho que esas tareas son responsabilidad u obligación de la mujer con la que vive, eximiéndolo de su rol como adulto corresponsable en el espacio que habita.
Estas construcciones verbales demuestran que las estructuras actuales normalizan que vivimos en una sociedad que exige únicamente a las mujeres trabajar de manera gratuita para cuidar y atender a otras personas.
Desigualdad en cifras y costos temporales
Los datos oficiales corroboran la magnitud de esta brecha. De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo 2024 elaborada por el INEGI, las mujeres dedican 21.5 horas más a la semana que los hombres a las labores del hogar y el soporte asistencial. A esta sobrecarga se suma la disparidad en el ámbito laboral remunerado, donde las empleadas suelen ganar 54% menos anualmente que los varones, configurando una de las diferencias salariales más pronunciadas entre los países que integran la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico.
Frente a este panorama, la Organización de las Naciones Unidas proclamó el 29 de octubre como el Día Internacional de los Cuidados y el Apoyo. La iniciativa busca enfatizar que el trabajo de cuidados es fundamental para sostener a todas las sociedades y las economías.
En el plano legislativo, el debate en torno a un Sistema Nacional de Cuidados en México pretende garantizar el derecho a ser cuidadas y promover una mayor participación femenina en la economía. No obstante, persisten interrogantes sobre la implementación de infraestructura y la redistribución real de las responsabilidades masculinas.
El impacto en las comunidades y las tradiciones
Las labores de preservación social abarcan múltiples dimensiones que trascienden el ámbito doméstico. En las comunidades indígenas y campesinas del Istmo de Tehuantepec, en Oaxaca, son ellas quienes preservan el conocimiento de la medicina tradicional y saben reconocer las plantas y sus propiedades curativas, además de fungir como guardianas de las semillas nativas frente al avance de megaproyectos.
Asimismo, figuras comunitarias y parteras se encargan de resguardar conocimientos ancestrales y tradicionales para atender la salud sexual, protegiendo los nacimientos de la medicalización excesiva. Un reflejo contundente de esta aportación cultural se observa durante la celebración del Día de Muertos, donde cómo las mujeres sostienen las festividades se evidencia en semanas de preparación culinaria y organización colectiva entre redes familiares.
