El valor de decir la verdad frente al poder
La destacada jurista internacional Navi Pillay reflexionó sobre su reciente reconocimiento al recibir el Premio Nobel de la Paz 2026. “Uno no quiere recibir un premio ni ningún otro reconocimiento a menos que el público considere que se lo merece. Lo último que hice fue presentar el informe sobre Gaza, en el que calificábamos lo que está ocurriendo allí de genocidio. Una de las principales reacciones ha sido rendirme homenaje por mi valentía. Y pueden imaginarse lo sorprendida que me quedé. ¿Por qué habría que tener valor para decir la verdad?”, expresó durante su primera intervención pública.
A lo largo de décadas, la trayectoria de Pillay ha estado marcada por la defensa implacable de los derechos humanos y la rendición de cuentas. Su carrera despegó durante el apartheid en Sudáfrica, donde defendió a activistas y presos políticos. En 1995, hizo historia al convertirse en la primera mujer de color en asumir el cargo de jueza del Tribunal Superior de su país natal, consolidando un perfil que la llevaría a liderar importantes tribunales internacionales.
Una trayectoria marcada por hitos en tribunales internacionales
La labor de la galardonada incluye su paso como jueza y presidenta del Tribunal Penal Internacional para Ruanda, donde contribuyó a sentar una jurisprudencia clave que reconoció la violación como un acto constitutivo de genocidio. Posteriormente desempeñó funciones fundamentales como Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos y jueza de la Corte Penal Internacional.
En su etapa reciente al frente de la Comisión de Investigación sobre el Territorio Palestino Ocupado, lideró la elaboración de un informe que concluyó la existencia de motivos razonables para señalar que Israel cometía genocidio en Gaza. Actualmente, la experta continúa su labor jurídica como jueza ad hoc en la Corte Internacional de Justicia dentro del procedimiento abierto contra Myanmar.
La erosión de las normas y el auge del autoritarismo
Pese a su dilatada experiencia, la jurista subraya que en la actualidad alzar la voz se ha convertido en una actividad sumamente peligrosa. El hostigamiento contra quienes defienden la legalidad internacional ya no ocurre únicamente en contextos marginales, sino que afecta de manera directa a democracias consolidadas mediante la criminalización de la protesta y represalias institucionales contra académicos y organizaciones.
La ofensiva institucional ha alcanzado incluso a los relatores y magistrados de organismos globales. Nueve jueces de la Corte Penal Internacional y la relatora especial de la ONU Francesca Albanese sufrieron sanciones por parte de la Administración Trump, evidenciando una peligrosa tendencia hacia el desmantelamiento de los mecanismos de justicia supranacional.
El silencio de las potencias y la doble moral geopolítica
La normalización de graves violaciones al derecho internacional se refleja en la impunidad con la que líderes reclamados por la justicia global, como Vladímir Putin o Benjamín Netanyahu, continúan desplazándose internacionalmente. Mientras tanto, gran parte de Europa mantiene relaciones económicas y militares con Israel a pesar de las advertencias emitidas por los tribunales sobre el riesgo de genocidio.
Durante una intervención reciente, el primer ministro canadiense Mark Carney señaló que el orden internacional basado en reglas operaba de manera parcial y selectiva. Sin embargo, para comunidades históricamente marginadas, como los pueblos indígenas o la población palestina, esta discriminación sistémica representa una realidad largamente sufrida y consolidada.
Un ataque frontal contra la necesidad del derecho internacional
El escenario actual muestra un cambio radical en la postura de diversas potencias, que ya no socavan la legalidad de forma sutil, sino de manera abierta. Expresiones como las de Donald Trump al afirmar que no necesita el derecho internacional, o las valoraciones de Ursula von der Leyen sobre el fin de dicho orden, demuestran un giro directo hacia la política de poder.
Ante esta coyuntura, el Comité del Premio Nobel de la Paz advirtió mediante un comunicado que “el sistema de derecho internacional está sometido a una enorme presión y sus instituciones están siendo atacadas. Estamos presenciando un giro hacia la política de poder en detrimento de los marcos jurídicos y del respeto global por el derecho y la justicia”. Defender la verdad se consolida, por tanto, como un pilar fundamental de resistencia.
