Por Erika Burgos
Hablar de Ruby Gardenia es hablar de disciplina, perseverancia y valentía. Detrás de uno de los personajes más emblemáticos de la lucha libre mexicana existe una historia de transformación personal, resistencia ante los prejuicios y una inquebrantable pasión por el deporte del pancracio que marcó su vida desde la infancia.
El pasado viernes 29 de mayo, se llevó a cabo un homenaje a Ruby Gardenia en el Auditorio Municipal de Tijuana por su trayectoria, su valentía y su contribución a la lucha libre mexicana, en donde también se destacó la inclusión, dignidad y respeto. Lugar donde aprovechamos para platicar con Fernando, la persona detrás del personaje.
Fernando es originario de Nayarit y está radicado en Tijuana desde muy joven, donde creció fascinado por la lucha libre. Era admirador de figuras como Fuerza Guerrera y pasaba horas viendo funciones, fotografías y soñando con algún día subir al cuadrilátero.
Sin embargo, también enfrentaba una realidad personal compleja como lo fueron el descubrimiento y aceptación de su homosexualidad en una sociedad profundamente marcada por el machismo y los prejuicios.
Durante su juventud vivió una etapa de contrastes, pues mientras disfrutaba la vida nocturna y el transformismo, también enfrentaba la presión familiar y social para ajustarse a las expectativas tradicionales. Decidido a buscar un nuevo rumbo, dejó atrás aquella vida y apostó por el deporte.
Fue así como un día llegó al gimnasio del Auditorio de Tijuana para preguntar cómo podía convertirse en luchador y, sin imaginarlo, ese mismo día comenzó a entrenar bajo la guía del finado Rey Misterio Sr., el maestro de infinidad de luchadores que hoy son íconos.





Camino en la lucha cuesta arriba
Desde el inicio tuvo que enfrentar burlas, discriminación y rechazo por parte de algunos compañeros que cuestionaban su presencia dentro de un entorno tradicionalmente masculino: “Yo no vine a ver hombres; vine a encontrar una familia y un sentido de pertenencia”, recuerda que eso pensaba aquellos primeros días.
Con esfuerzo y determinación logró ganarse el respeto dentro del gimnasio. Cuando comenzaron a construir su personaje, surgió la posibilidad de integrarse a la naciente categoría de luchadores exóticos. Entre flores y piedras preciosas como posibles nombres, nació Ruby Gardenia.
Su debut fue el inicio de una carrera ascendente y pronto comenzó a trabajar con diversos promotores y a conectar con el público gracias a un personaje carismático y auténtico. Un momento clave llegó cuando fue apadrinado por el legendario luchador exótico Pimpinela Escarlata, respaldo que fortaleció su presencia dentro del circuito profesional.
A pesar de las críticas por su estatura y complexión física, Ruby Gardenia continuó preparándose y perfeccionando su trabajo dentro del ring. Más adelante emigró a Monterrey, ciudad donde alcanzó una de las etapas más importantes de su carrera, aunque nuevamente tuvo que enfrentar el bullying, la discriminación y los prejuicios.
Paralelamente, Fernando construía una sólida formación académica como licenciado en Pedagogía y docente, una dualidad que le permitió comprender que Ruby Gardenia “más allá de un personaje era una herramienta para fortalecer mi autoestima, aceptar mi identidad y desafiar las barreras impuestas por la sociedad”.
“Ruby le permitió a Fernando aceptarse, y Fernando le permitió a Ruby evolucionar”, dijo, y destacó que “así fue como durante más de dos décadas Ruby Gardenia abrió camino para nuevas generaciones de luchadores exóticos”.



Una lucha de visibilización y respeto
Fernando apuntó que su aportación con Ruby Gardenía no se limitó al espectáculo, pues desde el cuadrilátero impulsó “una lucha silenciosa por la visibilización y el respeto”, demostrando que una persona podía ser homosexual, amanerada y, al mismo tiempo, un atleta profesional respetado.
Para él, “el ring se convirtió en un escenario de representación y resistencia”, y no necesitó de discursos políticos para transmitir su mensaje, ya que, en cada combate, cada presentación y cada aplauso fueron una forma de demostrar que el talento, la disciplina y el profesionalismo están por encima de cualquier orientación sexual.
Con el paso de los años logró algo que considera uno de sus mayores triunfos: “ser reconocido por mi trabajo y no únicamente por mi identidad”. Ruby Gardenia se ganó el respeto del público, de compañeros de profesión y de miles de aficionados dentro y fuera de México.
Sin embargo, también reconoce que muchas veces el reconocimiento internacional llegó antes que el local. Mientras en otros países era recibido como una figura admirada, en su propia tierra continuó enfrentando expresiones de machismo y resistencia al cambio.
Hoy, al mirar hacia el futuro y pensar en el retiro, Ruby Gardenia habla de legado y desea ser recordado “como una persona luchadora, disciplinada y constante; alguien que vivió distintas facetas de una misma vida sin renunciar a ninguna de ellas”.
Su mensaje final está dirigido especialmente a la comunidad LGBT+: “hay que abrir caminos en lugar de cerrarlos, apoyarnos mutuamente y evitar la exclusión entre quienes compartimos las mismas luchas; soy un luchador con un personaje, soy un deportista y mi mayor satisfacción es haberme ganado el respeto por mi trabajo y mi disciplina”.
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