Una ofensiva aérea sin precedentes
El uso masivo de aparatos no tripulados ha redefinido el conflicto armado en Colombia, consolidando al país como el epicentro sudamericano de esta tecnología bélica de bajo coste. Entre enero y mayo de 2026, los ataques criminales con estos dispositivos aumentaron un 146% en comparación con el año anterior, según datos respaldados por la Defensoría del Pueblo. Las mafias han encontrado en estas herramientas una alternativa económica y letal, dejando atrás los métodos tradicionales de asalto.
Los registros de la organización Armed Conflict Location & Event Data Project (ACLED) indican que, tras la pionera incursión de los cárteles en México, las estructuras criminales colombianas escalaron esta táctica hasta acaparar cerca del 87% de los incidentes con drones armados en toda América Latina entre 2025 y 2026.
Optimización de costes y talleres clandestinos
Gracias al ensamblaje local y al uso de tecnología de impresión 3D en zonas fronterizas con Venezuela, el Estado Mayor Central (EMC) —la principal disidencia de las FARC— ha abaratado drásticamente sus operaciones. Mientras que un aparato importado podía costar 9.600 euros, los prototipos fabricados en la selva se reducen a unos 1.600 euros por unidad.
Es un giro enorme que les permite ejecutar nuevas acciones contra la fuerza pública, labores de inteligencia o control territorial sin tener que enviar, como antes, a seis o siete guerrilleros; hoy mandan un dron
Esta transformación táctica ha provocado al menos 22 muertes de uniformados y más de 340 heridos desde 2023. Expertos como Elizabeth Dickinson, del International Crisis Group, advierten que los proyectiles lanzados desde el aire suelen ser imprecisos, afectando gravemente a infraestructuras civiles y desatando el pánico en comunidades rurales de departamentos como Cauca, Nariño o Norte de Santander.
Respuestas estatales y retos institucionales
Frente a la rápida evolución de las mafias, la respuesta institucional ha sido fragmentada y tardía. Analistas como Jorge Mantilla señalan una desconexión estructural en la estrategia de defensa: “Existe una obsesión con adquirir tecnología, armas y dispositivos de punta, sin incorporar esa innovación a una estrategia de seguridad amplia”. Los radares militares tradicionales resultan ineficaces para detectar pequeños aparatos comerciales, lo que deja a la población y a las bases militares en una situación de alta vulnerabilidad.
Mientras tanto, la ruta del conocimiento táctico continúa expandiéndose. Informes recientes apuntan a que combatientes colombianos desplazados a frentes internacionales en Europa han absorbido técnicas avanzadas de pilotaje y encriptación, un saber hacer que ya fluye de vuelta hacia las economías ilícitas de la región.
