Por Jesús García
El sueño mundialista de la selección femenina sub-17 de Venezuela llegó a su fin en tierras africanas tras una dolorosa derrota. El combinado nacional batalló con entrega en los cuartos de final del certamen global, pero un tanto en los compases finales sentenció la eliminación de la escuadra criolla en territorio marroquí.
Un duelo táctico de máxima tensión
Desde el pitazo inicial, el compromiso estuvo marcado por la precaución y el orden defensivo de ambas escuadras. Ninguno de los conjuntos regaló espacios en la medular, neutralizando los intentos ofensivos rivales y convirtiendo el cotejo en una auténtica batalla ajedrecística sobre el césped. La tensión crecía conforme avanzaba el cronómetro, reflejando lo mucho que se jugaban ambas naciones en esta instancia decisiva.
Con el transcurrir de los minutos, el desgaste físico comenzó a pasar factura y la concentración defensiva se tornó vital. Todo apuntaba a que la suerte del clasificado se definiría en la tanda de los penales, un escenario donde los nervios y la precisión juegan un rol fundamental. Sin embargo, una acción aislada dentro del área venezolana en la recta final alteró por completo el guion previsto por el cuerpo técnico nacional.
El golpe definitivo en la recta final
Cuando el reloj agonizaba y el cronometrador señalaba el minuto 89, la árbitra principal sancionó una falta penal que desató la alegría en el bando africano y el desconsuelo en el banquillo vinotinto. La responsabilidad de ejecutar la pena máxima recayó sobre Azeezat Oduntan, quien con absoluta serenidad sacó un disparo preciso que dejó sin opciones a la guardameta venezolana, enviando el esférico al fondo de las mallas para decretar el 1-0 definitivo.

Balance general de la participación criolla
Con este revés por la mínima diferencia, la representación nacional completa su travesía en la Copa del Mundo sub-17 con un registro total de dos victorias y tres derrotas a lo largo de los cinco compromisos disputados en el torneo. Más allá de la amargura lógica por quedar a un paso de las semifinales, el rendimiento colectivo dejó sensaciones altamente alentadoras para el futuro del balompié femenino en el país.
El grupo demostró estar a la altura de la exigencia internacional, compitiendo de tú a tú contra potencias de gran recorrido físico y táctico. La experiencia adquirida en este campeonato ecuménico representa un pilar fundamental en el proceso formativo de estas jóvenes futbolistas, quienes ya escriben páginas importantes en la historia deportiva de la nación y siembran bases sólidas para los próximos ciclos competitivos de la categoría.
