La estrategia de Sony en el sector tecnológico vuelve a estar en el centro de la polémica tras trascender una importante transacción comercial con Meta. Informes recientes indican que la corporación japonesa transfirió 43 patentes centradas en realidad virtual, aumentada y mixta a la empresa dirigida por Mark Zuckerberg, un movimiento que alimenta las sospechas sobre una retirada progresiva de la compañía en el desarrollo de hardware para este ecosistema.
Un acuerdo global de gran envergadura
Lejos de tratarse de un hecho aislado, esta operación forma parte de un pacto mucho más amplio concretado previamente. Dicho entendimiento involucra la cesión de 419 patentes globales de realidad extendida, de las cuales 180 fueron registradas en Estados Unidos, mientras que el resto se divide entre Europa, Japón, Corea del Sur y China.
Para la compañía de Menlo Park, absorber este volumen de propiedad intelectual resulta completamente coherente con su hoja de ruta, donde los dispositivos de la familia Meta Quest y las gafas inteligentes ocupan un rol estratégico. Sin embargo, en el caso de la firma asiática, este desprendimiento tecnológico sugiere una pérdida de interés en un sector que la industria del entretenimiento digital comienza a catalogar como un nicho complejo y de baja rentabilidad comercial.
El complejo camino comercial del PlayStation VR2
La sombra de la duda sobre el futuro de la división de realidad virtual de PlayStation no surge únicamente de esta venta de patentes, sino también del flojo desempeño financiero de su hardware más reciente. A pesar del gran reconocimiento obtenido por el modelo original lanzado para PlayStation 4, el sucesor no logró cumplir con las expectativas del mercado.
El dispositivo llegó al mercado a principios de 2023 con la promesa de exprimir al máximo la potencia de la consola de actual generación. No obstante, su elevado coste inicial —que ascendía a 599,99 euros— y la escasez de títulos exclusivos que justificaran la inversión frenaron su adopción masiva. Entre sus escasas apuestas de gran presupuesto se encontraban propuestas como Horizon Call of the Mountain, cuyo paquete inicial se comercializaba por 649,99 euros, y Firewall Ultra, cuyo estudio desarrollador cerró sus puertas apenas cuatro meses después de su estreno.
Medidas desesperadas que no surtieron efecto
La fría acogida del dispositivo provocó que, en marzo de 2024, la compañía se viera obligada a frenar temporalmente su ritmo de fabricación para canalizar el stock acumulado en los almacenes. Meses más tarde, los responsables intentaron revitalizar el interés abriendo la compatibilidad del casco con ordenadores personales a través de Steam, una alternativa que tampoco logró disparar las cifras de distribución.
Ante este panorama, la compañía optó por aplicar un recorte en su valor de venta al público en febrero de 2025, situándolo en 449,99 euros, tarifa que mantiene vigente en la actualidad. Pese a que todavía no se ha emitido un comunicado oficial que confirme la cancelación definitiva de futuras generaciones de cascos de realidad virtual, la transferencia de activos intelectuales a su principal competidor deja entrever que la marca podría abandonar definitivamente este terreno tecnológico.
