El escenario político interno de Morena en el estado de Chihuahua transita por momentos de alta intensidad, asemejándose más a una producción dramática de la televisión que a un proceso ordinario de selección partidista de cara a la gubernatura. Los movimientos y declaraciones de diversos actores políticos han encendido las alertas sobre el rumbo que tomará la competencia electoral.
El papel de Javier Corral en la disputa interna
En el centro de esta turbulencia se encuentra la postura asumida por Javier Corral, quien ha fungido como un crítico severo frente a las aspiraciones de Cruz Pérez Cuéllar, alcalde con licencia. Las tensiones se han hecho evidentes tras los posicionamientos públicos del exmandatario estatal, quien ha manifestado su desaprobación hacia una eventual candidatura de Pérez Cuéllar y ha mostrado cercanía con el bloque político que respalda a Andrea Chávez.
No obstante, en los círculos de la grilla local circulan especulaciones que van mucho más allá de una simple diferencia de criterios partidistas. Diversas versiones apuntan a que la estrategia de fondo no solo buscaría frenar las aspiraciones del edil, sino allanar el terreno para la postulación de Chávez, con la expectativa de que, tras un posible triunfo y la consecuente pérdida de fuero de Pérez Cuéllar, se despliegue una siguiente fase de carácter legal e institucional. Sin embargo, analistas y observadores coinciden en que estas narrativas pertenecen, por ahora, al terreno de la especulación sin sustento documental.
La paradoja de esta situación radica en la posición del propio Corral, quien llegó al Senado bajo las siglas de Morena sin haberse afiliado formalmente al partido. A pesar de ello, su intervención en la definición de los liderazgos locales supera la influencia de militantes con trayectoria histórica dentro de la organización.
Contrastes en la esfera pública: prevención versus promoción
Más allá de las pugnas partidistas, la agenda pública en la capital del estado ha estado marcada por el debate en torno a las prioridades gubernamentales. Recientemente se puso sobre la mesa la estrategia municipal orientada a la mega campaña contra el suicidio, una iniciativa que ha recibido señalamientos debido a la modestia de sus soportes físicos, como lonas de 3 por 1 metros colocadas en diversos puentes de la ciudad, cuyos datos de contacto suelen pasar desapercibidos para la ciudadanía.
El llamado de atención sobre este fenómeno cobró notoriedad cuando voces externas, como la de Kike Torres durante su participación en la Iglesia Baluarte, visibilizaron nuevamente la gravedad de las estadísticas de suicidio en la capital, evidenciando que a menudo se requiere de una mirada foránea para dimensionar una problemática que afecta directamente a la comunidad.
La polémica por el tamaño de los espacios
El debate escaló al comparar los recursos destinados a la prevención con aquellos utilizados para la difusión de la gestión oficial. Mientras las advertencias y líneas de ayuda se limitan a formatos reducidos y de difícil lectura, la ciudad se encuentra saturada de anuncios monumentales, incluidos espectaculares de aproximadamente 12 por 7 metros dedicados a la promoción de la imagen del presidente municipal.
Esta desproporción ha generado cuestionamientos severos entre la opinión pública respecto a la asignación de recursos y la verdadera urgencia de las campañas institucionales. La discrepancia visual entre las acciones para inhibir tragedias humanas y la publicidad institucional refleja una polémica latente sobre el enfoque de las prioridades gubernamentales en la administración local.
