Los aliados europeos de la OTAN comienzan a cubrir el abandono militar de Estados Unidos

Los ministros de Defensa de la Alianza Atlántica se reúnen este jueves en Bruselas para abordar el nuevo reparto de capacidades militares y el fortalecimiento de la industria militar europea ante los nuevos intereses de la Administración Trump
Rutte reivindica ahora la OTAN 3.0 con más responsabilidad europea para que EEUU se reoriente a Asia
Entre la sensación de abandono y la asunción de responsabilidades, Europa ya ha asumido que Estados Unidos tiene otros intereses en militares más allá de la defensa de sus aliados. Este jueves se reúnen los ministros de Defensa de la OTAN en Bruselas con la asunción de que los europeos tendrán que adoptar y pagar parte de la defensa que hasta ahora prestaba EEUU. Fuentes diplomáticas europeas señalan que los países miembros han hecho el reparto de cargas (burden shifting) que marca la nueva OTAN 3.0 planteada por Estados Unidos, que mantiene su compromiso de prestar su paraguas nuclear al continente europeo.
Florence Gaub, directora de la división de Investigación del Colegio de Defensa de la OTAN, y Jonathan Heist, coronel del Ejército de los EEUU en el Cuartel General Supremo de las Potencias Aliadas en Europa, describen en un artículo en la revista Foreign Affairs como la Alianza Atlántica siempre ha estado en crisis desde su creación y ha superado importantes desacuerdos entre los aliados en los últimos 80 años.
“El impacto de la invasión rusa de Ucrania y la presión de la administración Trump han obligado finalmente a un cambio en la distribución de las cargas. La declaración que más ha dañado la cohesión aliada —la puesta en duda por parte de Trump de si EEUU acudiría realmente en defensa de un aliado— ha provocado el aumento más significativo de la inversión europea en defensa en décadas. La OTAN ha vuelto, una vez más, a encontrar la forma de convertir la crisis en impulso”, señalan Gaub y Heist.
“Estado precario de reequilibrio militar”
Esta asunción de responsabilidades por parte de los aliados europeos no significa que las tensiones entre el bloque de la UE y EEUU se hayan diluido completamente. Por un lado, como explica Paul Taylor, analista para el European Policy Centre, “la OTAN ha emprendido el camino de la redistribución de cargas. Pero la transición podría descarrilarse en cualquier momento debido a la imprevisibilidad, la impaciencia estratégica y la actitud vindicativa del presidente Donald Trump. La Alianza se encuentra en un estado precario de reequilibrio militar simultáneo y destrucción política”.
En este estado de precaria estabilidad, Europa ya sabe que tiene que crear una industria armamentística que le ofrezca cobertura en Inteligencia y Vigilancia, Armamento antiaéreo y antimisiles y Ataques con precisión y en profundidad, que son los ámbitos militares que Estados Unidos va a dejar de ofrecer.
Fuentes diplomáticas de la UE resaltan que va a ser necesario un periodo de ajuste, pero que Europa tiene una industria con capacidad para reemplazar las capacidades militares que venía ofreciendo hasta ahora EEUU. En este tiempo, las mismas fuentes añaden que no va a haber un vacío de seguridad, ya habrá un proceso de sustitución gradual y ordenado, lo que no quiere decir que Estados Unidos deje de replegar tropas o cerrar bases. Además, recuerdan que la OTAN es una alianza de defensa colectiva y a EEUU es la primera que no le interesa que se produzcan determinadas situaciones.
Este proceso de cambio en el reparto de cargas no tendrá impacto presupuestario, según apuntan fuentes europeas, ya que solo se trata de una corrección de los objetivos acordados y definición de las capacidades militares. En este sentido, hay plena seguridad entre los aliados de la UE de que cada país va a poner a disposición del pilar europeo de la alianza atlántica para sustituir al armamento estadounidense, pese a que fracasos como el avión de combate FCAS, tras el abandono del proyecto por parte de Francia y Alemania, han elevado las dudas sobre la cooperación de la industria de defensa de distintos países europeos.
Y ya no es solo cuestión de tener fábricas y tecnología, sino también de materias primas. El almirante francés y comandante supremo de Transformación de la OTAN, Pierre Vandier, explicó en una entrevista en Atlantic Council que “la gran cuestión que se plantea, tanto en Estados Unidos como en Europa, es si contamos con una industria adaptada a los nuevos tipos de conflictos que tendremos que librar. Hoy fabricamos armas extraordinariamente sofisticadas y de muy altas prestaciones, pero que fueron concebidas para un mundo estable, en el que la magnitud de los conflictos era relativamente limitada. Hoy nos enfrentamos a guerras prolongadas y de gran escala”.
“Ya no vivimos en los años ochenta, cuando gran parte de la industria se encontraba en nuestros propios territorios. También debemos reflexionar sobre cuáles son los sistemas de armas que garantizan nuestra soberanía. Esto nos lleva a la problemática que va desde la extracción de materias primas hasta la producción final. Si los sistemas que fabricas dependen en exceso de recursos o capacidades que controla tu adversario, difícilmente podrás sostener una guerra larga contra él”, apunta el comandante de la OTAN.
Tensiones por la preferencia europea
Otro de los aspectos que está provocando tensiones en los dos lados del Atlántico, es la campaña de acusaciones iniciada por Estados Unidos contra la UE por el criterio de preferencia europea en la adquisición y desarrollo de armamento. La Administración Trump está presionando por lo que entiende que es una discriminación de sus empresas, aunque como admiten en la UE el porcentaje de compra de armamento de EEUU es todavía altísimo y lo que se busca es que cada vez sea menor.
Otros actores como el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, aboga por crear una industria transatlántica, es decir, empresas conjuntas de EEUU y Europa, aunque es un planteamiento con menos seguidores en la UE. Frente a esta posición, países como España o Italia, que defienden la preferencia europea y la consolidación de instrumentos de base tecnológica e industrial para crear la Europa de la Defensa, también están buscando alianzas fuera de la UE para fortalecer la capacidad militar junto a países como Corea del Sur, Noruega o Turquía.
En la reunión de este jueves, previa a la gran cumbre de la OTAN que tendrá lugar en Ankara en julio, habrá menos tensión gracias al acuerdo de paz entre EEUU e Irán, que ha rebajado las tiranteces entre los aliados. El ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán fue sin previo aviso ni consulta y los países europeos, que entendieron que esta no era su guerra y se negaron a participar, pese a las peticiones de Trump invocando una interpretación bastante libre del artículo 5 (defensa mutua) de la Alianza Atlántica.
La nueva etapa de la OTAN debería conducir también a una renovada posición de la Unión Europea como actor geopolítico en la escena internacional, pese a que la imagen de la Alta Representante de Exteriores de la UE, Kaja Kallas, vive momentos de debilidad. La jefa de la diplomacia europea se enfrenta a constantes tensiones con la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, que quiere acaparar más poder, y al juego de exigencias y desplantes de algunos Estados miembros, que tratan de eliminar a un actor que puede contradecir sus intereses nacionales.
Sin embargo, como argumenta Galip Dalay, investigador de Chatham House, “la seguridad de Europa depende de la estabilidad de su vecindad más amplia. Los debates europeos en esta materia siguen siendo limitados, pues el foco geopolítico parece comenzar en Rusia y terminar en Ucrania. Es perfectamente comprensible que la amenaza rusa ocupe un lugar central, pero no solo la vecindad oriental de Europa está atravesando profundas transformaciones; también su vecindad meridional: la guerra de Gaza, el revisionismo regional de Israel, el cambio de régimen en Siria y la guerra emprendida por Estados Unidos e Israel contra Irán están redefiniendo la seguridad en el conjunto de Oriente Próximo y en la región mediterránea”.