No era vandalismo, era una chapuza: el desastre del estanque reflectante deja en evidencia las obsesiones de Trump

La fiscal general de Washington afirma que los daños del estanque son consecuencia de una reforma “defectuosa” y retira los cargos contra los “vándalos” a los que Trump culpó de haber estropeado la pintura y contaminado las aguas
OPINIÓN – Trump y la metáfora del estanque, por Guillermo Fesser
Donald Trump quiere cimentar su legado político con obras faraónicas y enmarcarlo con remates dorados en toda la capital. Sin embargo, esas aspiraciones de grandeza se han visto empañadas por la fallida reforma de la piscina reflectante del Lincoln Memorial de Washington. El estanque se ha convertido en una especie de charca triste y medio vacía que, paradójicamente, refleja las políticas erráticas de esta Administración. Un fiasco que el mandatario atribuyó al vandalismo de presuntos opositores a él, pero que ahora queda claro que se trató de un trabajo “chapucero”.
La decisión de remodelar el estanque reflectante nacía del capricho del presidente de equipararla con la que tiene en su mansión de Mar-a-Lago, en Florida. Trump quiso recubrir con una capa de pintura azul –“azul de la bandera estadounidense”– un elemento del patrimonio histórico de Estados Unidos para que luciera mejor de cara a la celebración del 250 aniversario del país el pasado 4 de julio. La pintura, que inicialmente debía costar unos dos millones de dólares, ha acabado costando más de 16 millones, a causa de los problemas que ha acarreado la obra.
Inmediatamente, Trump achacó esos problemas a supuestos “vándalos”, quienes eran los presuntos causantes de que a principios de junio el agua del estanque se infestara de algas: el episodio irritó al mandatario y se convirtió en una metáfora indeseada de su presidencia.
Para intentar eliminar las algas, se envió al Servicio de Parques Nacionales para matar las bacterias que alimentaban la planta. Los trabajadores federales acudieron y vertieron a mano litros de peróxido de hidrógeno, mientras agentes de la Guardia Nacional custodiaban el perímetro. Todavía se puede ver en las calles de la capital algún póster desteñido que refleja aquella competición: “Alga 1 – Trump 0”.
La Justicia retira las acusaciones
El alga, sin embargo, no fue el único elemento disruptor. Entre el agua verdosa empezaron a flotar trozos de la pintura azul con la que se había cubierto el fondo. David Carter Hearn, antiguo piragüista olímpico, fue arrestado por tocar uno de esos pedazos de pintura e imputado por “destruir una propiedad tasada en 1.000 dólares o más”. La acusación podía costarle hasta la cárcel al exdeportista, ya que se trataba de un delito grave.
Hearn había declarado que metió la mano en el estanque y tocado brevemente un trozo que aún estaba adherido al borde. Sus abogados calificaron lo sucedido de “indignante”.
Hearn fue el caso más sonado, pero no el único. Otras tres personas también fueron acusadas de delitos menores en relación con los daños supuestamente causados al estanque reflectante. Según los registros judiciales, se observó a los acusados despegar y arrancar trozos de pintura. Fue en ese momento cuando el presidente escribió en Truth Social que los daños habían sido provocados por unos “vándalos” que supuestamente habían hecho un corte de “170 metros con un cuchillo o cuchillas de afeitar”.
Trump escribió esa acusación el 23 de junio, a pesar de que ya existía un informe anterior del Servicio de Parques Nacionales que indicaba la existencia de desperfectos en el estanque. Según los documentos gubernamentales revelados por el periódico The New York Times, aunque los trabajadores federales encontraron dos cortes en secciones de espuma entre las juntas de dilatación de la piscina, estos no estaban directamente relacionados con el revestimiento de color azul ni con las algas.
Ahora, un mes después de que la Administración emprendiera acciones legales contra los curiosos que se acercaron al estanque y que se atrevieron a meter una mano en el agua, la fiscal general de Washington, Jeannie Pirro, ha retirado las acusaciones contra todos ellos.
El Gobierno ocultó las causas reales
El viernes pasado, Pirro solicitó la desestimación del cargo contra Hearn, porque el Departamento de Interior había informado incorrectamente al equipo sobre el origen de los daños de la piscina. La fiscal general y aliada de Trump aseguró que la pintura azul se había empezado a pelar a los dos días de finalizar las obras y que Interior ocultó la información a la Fiscalía, diciendo que “casi todos los daños” habían sido causados por vándalos.
Pirro afirmó que factores como la lluvia, el viento y las demoras en la obtención del sellador “provocaron un trabajo apresurado y chapucero”, que no se corrigió antes de que se volviera a llenar de agua a principios de junio. A raíz de la retirada de los cargos contra el atleta olímpico, las otras tres personas imputadas también solicitaron que se revisaran sus casos y, finalmente, esta semana se han desestimado las acusaciones.
La decisión de Pirro –que ha afirmado públicamente que el Gobierno emitió declaraciones falsas sobre los daños de la piscina– ha provocado la ira del republicano. El presidente escribió el viernes en Truth Social que discrepa “totalmente” con la decisión de la fiscal. “¿En qué estaba pensando? Para mí, fue un caso puro de vandalismo”, aseguró.
Este lunes, iba un paso más allá y cargaba contra Pirro, diciendo que se “ha plegado como un paraguas” en medio de la tormenta. Horas después de criticarla, el magnate se reunió con ella en la Casa Blanca en medio del runrún de una posible destitución.
