Una trayectoria marcada por el estudio del Holocausto
El historiador y profesor Omer Bartov, una de las voces académicas más respetadas a nivel global en el estudio de genocidios, ha analizado en profundidad la ofensiva militar israelí en la Franja. Nacido en Israel y establecido en Estados Unidos como docente de la Universidad de Brown, el especialista tardó meses en calificar públicamente los hechos como un genocidio.
A través de artículos en medios internacionales como The New York Times y su más reciente libro, titulado Israel, what went wrong?, el investigador expone cómo el Estado hebreo llegó a este extremo. Su postura pública generó un profundo impacto debido a su perfil y a su conocimiento directo sobre los horrores del nazismo en la Segunda Guerra Mundial.
La transición entre la limpieza étnica y el genocidio
El académico explica que sus primeras valoraciones advertían sobre intenciones genocidas en los discursos de mandos políticos y militares. Sin embargo, fue el análisis sostenido de las operaciones lo que disipó sus dudas iniciales sobre la naturaleza de la ofensiva en el enclave palestino.
Según el experto, el objetivo inicial del Ejecutivo israelí consistía en una expulsión masiva de la población local. “Lo que el Gobierno israelí quería hacer —y todavía quiere hacer— es llevar a cabo una limpieza étnica en Gaza, pero no pudo hacerlo porque las fronteras estaban cerradas”, señala el profesor sobre la imposibilidad de materializar dicho desplazamiento forzoso hacia el exterior.
Ante esta limitación territorial, el patrón operativo derivó en la destrucción sistemática del territorio para volverlo inhabitable. Para el especialista, este cambio de estrategia encaja de manera directa en los manuales históricos que documentan cómo las expulsiones frustradas terminan convirtiéndose en operaciones de exterminio masivo.
Implicaciones globales y complicidad institucional
El impacto de sus declaraciones radica en su condición de ciudadano israelí y exintegrante del ejército. A nivel personal, reconoce el coste social de romper un tabú arraigado entre sectores progresistas de su país, los cuales evitan emplear el término debido al peso emocional que evoca el Holocausto.
No obstante, el investigador sostiene una perspectiva contraria respecto a las lecciones históricas. “Precisamente por lo que vivieron los judíos durante el Holocausto, deberían ser más sensibles respecto a ಏನು cualquier persona puede hacer a los demás”, argumenta sobre la responsabilidad moral que debiera guiar a la sociedad israelí.
Asimismo, advierte sobre las peligrosas repercusiones internacionales que tendrá la falta de consecuencias para el Estado hebreo. “El futuro del genocidio es prometedor, tiene un gran futuro por delante. Y esto se debe, en parte, a que Israel se salió con la suya”, sentencia al alertar sobre el silencio cómplice de gran parte de la comunidad académica y las instituciones internacionales.
Un futuro incierto y la necesidad de presión externa
A tres años del inicio de la escalada desatada tras los ataques de Hamás, el panorama humanitario en la Franja es desolador, con decenas de miles de víctimas mortales y un territorio convertido en escombros. Para el historiador, la deriva autoritaria y la pérdida de valores democráticos afectan al conjunto de la sociedad israelí.
El autor del ensayo considera que un cambio político interno es improbable sin una intervención drástica desde el exterior. “Es necesario imponer sanciones severas a Israel para que los ciudadanos perciban en su vida cotidiana que están pagando un alto precio”, afirma al proponer medidas económicas contundentes para frenar la espiral de violencia.
Sobre el porvenir de los habitantes palestinos, advierte sobre escenarios distópicos vinculados a proyectos inmobiliarios que dejarían a la población local reducida a condiciones de servidumbre. “En Gaza el genocidio continúa, con menor intensidad, pero con una destrucción de la humanidad que no deja de ser persistente”, recalca sobre la ausencia de alternativas reales en el corto plazo.
El origen estructural del conflicto actual
Al reflexionar sobre las causas profundas de la crisis actual, el especialista se remonta a la fundación del Estado de Israel en 1948, un proceso gestado en un contexto de extrema violencia bélica donde no se asumió la injusticia infligida al pueblo palestino.
El investigador admite que el sionismo, al configurarse como un movimiento etnonacionalista excluyente en un territorio ya habitado, albergaba el germen de la confrontación colonial. “Nos encontramos en una situación en la que hay dos grupos de personas que habitan un mismo territorio y ambos tienen derecho a vivir en él”, concluye al abogar por el reconocimiento mutuo para superar la lógica de la opresión.
